*

Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Mundo medieval

El Corán

La doctrina de Mahoma está contenida en el Corán. Corán quiere decir relato. Se dice que cuando Mahoma predicaba, sus adeptos tomaban nota de lo que decía en hojas de palmera, en paletillas y omóplatos de carnero y en piedras lisas. Ocurrida la muerte de Mahoma, se reunieron y transcribieron aquellos fragmentos, que constituyen el Corán.

Para los musulmanes, el Corán no solamente es lo que la Torah para los judíos o el Evangelio para los cristianos, es decir, el libro de la ley de la historia religiosa, sino además el libro por excelencia, el que reemplaza a los demás libros y cuyo contexto es todo ciencia. Contiene tanto la ley civil como la ley religiosa. Aún hoy en todos los países musulmanes es el libro del juez y del sacerdote: se asemeja a un evangelio que fuera al mismo tiempo un código civil y penal.

La doctrina musulmana

La religión de Mahoma no se distingue por la originalidad; es una mezcla de las doctrinas judías y la cristiana.

Sólo Dios es Dios, dice el Corán. Dios, Alá, es el creador de todo ser y de todas las cosas, y el juez soberano. De antemano determina el destino de cada uno, y nada puede modificar su voluntad: esta es la doctrina del fatalismo. Alá está rodeado de ángeles, dóciles servidores suyos, y debajo de los cuales se agita Iblis, el apedreado, jefe de los demonios, ángel caído a quien perdió el orgullo.

Alá se comunica con los hombres por medio de profetas. Abraham, Moisés y Jesús son profetas que han revelado partes de la verdad religiosa. Mahoma es el último y el más grande de los profetas.

Después de muertos, los hombres son juzgados por Alá; resucitarán el día del juicio final, “cuando la Tierra tiemble con violenta sacudida y cuando las montañas vuelen cual copos de lana teñida”. Los perversos y los impíos serán arrojados a la Gehena (el infierno): el fuego será su morada y allí beberán agua hirviendo. Los creyentes irán al Paraíso. “Allí habitarán el jardín de las delicias, donde reposarán en divanes adornados de oro y pedrería. Tendrán a medida del deseo las frutas que les gustan y la carne de aves rarísimas. Los más favorecidos de Alá verán su rostro día y noche, felicidad que excederá a todos los placeres de los sentidos, tanto como el mar a una gota de rocío”.

Para merecer el paraíso es preciso creer en el dogma del Dios único y cumplir las prácticas del culto.

Los musulmanes deben ser humanos y justos entre ellos, porque todos son hermanos. Está prometido el Paraíso a todos los que mueren combatiendo por la fe.