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La participación de los hongos en la medicina ha sido muy importante. Esta se inició a partir de 1928, cuando el médico inglés Alexander Fleming observó que en una placa donde había cultivado una colonia de estafilococos (un tipo de bacteria) había surgido moho. Pero lo más interesante que vio fue que las bacterias no se reproducían en los alrededores del moho, lo cual llevó a concluir al científico que este último liberaba alguna sustancia dañina para las bacterias.

Claro que tuvieron que pasar diez años para purificar la sustancia, denominada penicilina, al ser producida por el deuteromiceto Penicillium notatum, y luego poder usarla para tratar las infecciones bacterianas. Actualmente, la penicilina sigue siendo el antibiótico más ampliamente utilizado y el más eficaz.

Otro hongo, el Penicillium griseofulvicum, produce el antibiótico griseofulvina, empleado para detener la reproducción fungal. La ciclosporina, el fármaco que se usa para impedir que el organismo de los pacientes que reciben trasplantes de órganos los rechace, proviene de dos cepas de deuteromicetos.

Ha habido casos de hongos que han provocado terribles consecuencias para la vida humana, pero, a la vez, también han servido para aliviar serios problemas de salud. Es la situación del ascomiceto Claviceps purpurea que infecta las flores del centeno, planta parecida al trigo, y otros cereales. Este hongo produce una estructura llamada cornezuelo en el lugar en que normalmente se formaría una semilla en la espiga.

Cuando el ganado consume este grano, o cuando se hace pan con harina de centeno contaminada con el cornezuelo, las personas pueden ser afectadas por sus toxinas, que son muy potentes. Se producen espasmos nerviosos, convulsiones, delirio e, incluso, gangrena.

Este fenómeno, llamado también ergotismo (ergot es el nombre en inglés del cornezuelo de centeno), fue conocido como fuego de San Antonio en la Edad Media, época en que ocurría frecuentemente. En el año 994, una epidemia de fuego de San Antonio causó más de 40 mil muertos. En 1722, la caballería del zar Pedro el Grande fue derrotada por el ergotismo poco antes de la batalla para la conquista de Turquía. Este solo es un ejemplo, de los varios que hay, en que un hongo ha cambiado el curso de la historia humana.

Sin embargo, alguno de los compuestos del cornezuelo se usan en la actualidad como remedio para inducir el trabajo de parto, para detener el sangrado uterino, para tratar la hipertensión arterial y para aliviar un tipo de migraña (intenso dolor de cabeza).

También es posible utilizar hongos como agentes de control biológico, para combatir plagas de insectos, previniendo desastres agrícolas, y así no usar insecticidas químicos que pueden ser riesgosos para la salud humana.

Otros hongos se cultivan comercialmente para producir ácido cítrico (componente del jugo de limón o de la naranja) y otras sustancias. Asimismo, algunos tipos de hongos se están manipulando genéticamente para hacerlos producir distintas substancias; por ejemplo, hormonas.

Plantas infectadas

Muchas enfermedades vegetales graves, incluyendo aquellas que se esparcen con rapidez y que provocan la pérdida total de los cultivos, con la consiguiente ruina económica, son causadas por hongos. Al parecer, todas las plantas son susceptibles de sufrir infecciones por hongos o micóticas. El daño puede ser localizado en algunos tejidos o estructuras del vegetal, o puede ser sistémico (diseminado), afectando a toda la planta.

Las infecciones micóticas pueden ocasionar atrofia de ciertas partes de los vegetales o de estos completos; pueden producir masas como verrugas o pueden matar a la planta.

La forma de infectarse de los vegetales son variadas: puede ser porque las hifas entran por estomas (poros) de la hoja o el tallo o a través de heridas del cuerpo de la planta.

La forma de actuar del hongo es producir una enzima llamada cutinasa, que disuelve la cutícula (una cubierta cerosa en la superficie de hojas y tallos) y así invadir fácilmente el vegetal. A medida que el micelio fungal crece, puede permanecer entre las células de la planta o puede penetrar en ellas. Los hongos parásitos a menudo producen ramas hifales especiales llamadas haustorios, que entran en las células del huésped y se nutren de su citoplasma.

Ciertas enfermedades importantes causadas por ascomicetos son: podredumbre del castaño, del olmo holandés, parda (que ataca cerezos, durazneros, ciruelos y albaricoques) y roña del manzano.

Entre los basidiomicetos patógenos para las plantas se incluyen unas 700 especies de royas y seis mil de añublos que agreden los diferentes cultivos de cereales, como: trigo, avena y maíz.

Algunos de estos parásitos, como la roya de los tallos de trigo y la podredumbre ampollosa del pino blanco, tienen complejos ciclos de vida en los que participan dos o más plantas distintas y durante los cuales se producen varios tipos de esporas.

Pie de atleta

Si bien la piel y las membranas mucosas de los animales sanos son una formidable barrera contra la penetración de los hongos, igual algunos de éstos ocasionan enfermedades en el ser humano y otros animales. Unos provocan infecciones superficiales que atacan sólo a la piel, cabello o las uñas. Otros producen infecciones sistémicas que abarcan tejidos más profundos y órganos internos, y pueden expandirse a muchas áreas del cuerpo.

La tiña y el pie de atleta (cuando aparecen hongos en los pies) son ejemplos de enfermedades micóticas superficiales, y son causadas por deuteromicetos.

La candidiasis (que suele considerarse una infección por levadura), ocasionada por otro deuteromiceto, es una infección de las membranas mucosas de la boca o la vagina, y es una de las micosis más comunes.

La histoplasmosis es una grave infección sistémica del hombre, originada por un hongo que esporula abundantemente en el suelo que contiene excremento de ave; una persona que respire las esporas puede desarrollar después la infección.

La mayor parte de los hongos patógenos son oportunistas, ya que sólo infectan cuando las capacidades de defensa del organismo están disminuidas. Es el caso de las personas que sufren de SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirido), donde el sistema inmunológico funciona muy mal, por lo que pueden desarrollar infecciones micóticas que se diseminan por distintas partes del cuerpo.


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