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A medida que el hombre evoluciona -es decir, pasa de ser un cazador recolector y se establece en comunidades agrícolas-, la ciencia comienza a tomar un papel importante en estas sociedades, como herramienta útil para la resolución de problemas prácticos relativos a medición del tiempo, conteo de producción y construcción de edificaciones, etc. Tales son los inicios de la astronomía y las matemáticas.

La historia nos dice que la cuna de las civilizaciones humanas se encuentra en las regiones de Mesopotamia, China, India y Egipto, allá por el año 3000 a.C. Desde esta fecha ya existen vestigios de un quehacer astronómico. El calendario egipcio (que tiene 365 días), por ejemplo, data del 2700 a.C., aproximadamente; mientras que en el ámbito de las matemáticas, sabemos por medio de tablas que han llegado hasta nuestra época que los egipcios y otros pueblos podían resolver problemas aritméticos y geométricos ya en el siglo XVII a.C. Más adelante encontramos a los griegos, quienes fueron los primeros en considerar a la naturaleza como objeto de estudio e intentaron dar respuestas a sus cuestionamientos por medio de teorías que explicaban el funcionamiento del mundo. La ciencia griega abarcó gran cantidad de tópicos del conocimiento humano, y, de alguna forma, sentó las bases del pensamiento científico actual.

Ahora bien, no sólo en el Viejo Mundo el hombre se preocupó por la ciencia; en América también existieron culturas que se interesaron por el quehacer científico. Entre ellas, una de las más importantes fue la maya, que se ubicó en Centroamérica y México. Uno de los logros más importantes de esta cultura fue el calendario, el cual está entre los más precisos conocidos. De hecho, es más preciso que el que utilizamos nosotros. Nuestro calendario, el calendario gregoriano, acumula un error de 1 día cada 3.333 años, mientras que el calendario maya acumula 1 día cada 5.000 años.

La ciencia de hoy

En la actualidad, la ciencia es muy distinta a la ciencia antigua y el conocimiento científico ha alcanzado un grado jamás imaginado. Todos estos desarrollos han cambiado profundamente nuestra calidad de vida y la forma en que entendemos el mundo. Sin embargo, los móviles siguen siendo los mismos; el desarrollo científico todavía va de la mano de los adelantos tecnológicos y de la curiosidad humana. Más aún, ésta se encuentra en todos y cada uno de nosotros; se manifiesta cuando, por ejemplo, desarmamos un auto para saber «qué tiene dentro». Los sentidos y nuestra mente son las grandes herramientas que nos permiten explorar la naturaleza.


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