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Hernán Cortés

La primera expedición conquistadora en América fue la de Hernán Cortés, quien llegó al valle de México en 1519. Este territorio estaba habitado, principalmente, por el pueblo indígena conocido como azteca.

Hernán Cortés nació en Medellín (Badajoz), España, en 1485. Sus padres fueron el hidalgo Martín Cortés y Catalina Pizarro.

Desde su infancia, Cortés se apasionó por los relatos épicos de la guerra que llevaban los capitanes españoles contra los árabes. Pero su padre quería que Hernán estudiara las Ciencias y las Letras. Por ello, a los 14 años, dejó la casa familiar para ingresar a la Universidad de Salamanca a estudiar leyes.

Pero los estudios en Salamanca no eran de su gusto, por lo que decidió, sin consultar a sus padres, dejarlos y regresar a Medellín. Después de un tiempo, se fue a Sevilla, justo en el momento en que Nicolás de Ovando preparaba una expedición hacia el Nuevo Mundo. Estaba listo para partir cuando una sombría historia de amor lo retuvo en Sevilla. Pensó entonces partir para Nápoles; pero en el 1504, supo de una nueva expedición a América encabezada por Diego Velásquez de Cuéllar. Así es que con tan solo veinte años viajó a La Española (Santo Domingo), para ocupar el cargo de escribano de la villa de Azúa.

Sus primeros pasos en América

Ya en América, Cortés fue estrechando su relación con el gobernador Diego Velásquez, hasta el punto de participar como secretario en la expedición a Cuba llevada a cabo en 1511, donde fue nombrado alcalde de la ciudad de Santiago de Baracoa. Esta relación propició que, después de las dos primeras expediciones (capitaneadas por Francisco Hernández de Córdoba y Juan de Grijalva) a lo que hoy es México, Velásquez confiara a Cortés la organización de una tercera expedición.

Así fue como, el 18 de febrero de 1519, Cortés zarpó desde Baracoa llevando once navíos, más de 500 soldados, cerca de 100 marineros, 16 caballos, 14 cañones, 32 ballestas y 13 escopetas.

La Conquista de México

A los pocos días de emprender el viaje, Cortés llegó a la isla de Cozumel. Luego, junto a su comitiva costearon los litorales de la península de Yucatán hasta el río de Tabasco. Después llegaron a la región conocida como Chalchicueyecán, en donde fundó, en 1519, la ciudad de Villa Rica de la Veracruz.

Ahí, Cortés decidió a romper toda relación de obediencia con Velásquez. Creó el cabildo de Villa Rica, el cual, a su vez, lo nombró capitán general y justicia mayor.

Tras saquear Cholula, llegó a la capital azteca, Tenochtitlán (1519), en donde fue recibido solemnemente por el emperador Moctezuma, quien lo colmó de valiosos presentes. Sin embargo, a los pocos días, Cortés, preocupado por la idea de que su vida y la de sus hombres dependiera tan solo de la voluntad del emperador, decidió llevar a cabo una audaz maniobra y hacer prisionero a Moctezuma, para intentar que este mediara para calmar a su pueblo, sin lograr otra cosa que la muerte del emperador.

Sus últimos años

De vuelta en España, salió absuelto de todas las acusaciones e incluso fue nombrado marqués del Valle de Oaxaca. Sin embargo, entre 1530 y 1540 viajó de nuevo a México, para regresar a España en ese año y participar en la expedición a Argel. Tras su fracaso se instaló en las cercanías de Sevilla, donde organizó una tertulia literaria y humanística, falleciendo en Castilleja de la Cuesta, el 2 de diciembre de 1547, siendo sus restos llevados más tarde a México por disposición testamentaria.

La noche triste

Después de la muerte de Moctezuma, Cortés se vio obligado a abandonar Tenochtitlán en la llamada “Noche Triste” (30 de junio de 1520). Para ello, dejó en la ciudad a su lugarteniente Pedro de Alvarado, a fin de hacer frente a las tropas de Pánfilo de Narváez, enviadas por el gobernador Velásquez para castigar su rebeldía y devolverle a Cuba. Sin embargo, logró ganar ese enfrentamiento.

Luego, refugiado en Tlaxcala, siguió luchando contra los aztecas, a los que derrotó en la batalla de Otumba, para finalmente adueñarse de Tenochtitlán (1521).