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Graham Bell, Alexander

Durante mucho tiempo, Bell fue considerado el inventor del teléfono. Sin embargo, él no fue el primero en crear este aparato, sino solamente el primero en patentarlo.

Alexander Graham Bell nació el 3 de marzo de 1847 en Edimburgo y estudió en las universidades de Edimburgo y Londres. Emigró a Canadá en 1870 y llegó a Estados Unidos en 1871. Aquí comenzó dando clases a sordomudos y divulgando el sistema denominado “lenguaje visible”. Este sistema, que fue desarrollado por su padre, el educador escocés Alexander Melville Bell, demuestra cómo se utilizan los labios, la lengua y la garganta en la articulación del sonido.

En 1872 Bell fundó una escuela para sordomudos en Boston, Massachusetts, que posteriormente se integró en la Universidad de Boston, donde Bell fue nombrado profesor de fisiología vocal. En 1882 adoptó la nacionalidad estadounidense.

Desde los 18 años había trabajado sobre la idea de la transmisión del habla. En 1874, mientras trabajaba en un telégrafo múltiple, desarrolló las ideas básicas de lo que sería el teléfono.

Decidió probar sus experimentos, con éxito, el 10 de marzo de 1876. Fue en la Exposición del Centenario en Filadelfia (Pensilvania), en 1876, donde definitivamente se lanzó su invento a todo el mundo y le llevó a organizar en 1877 la Compañía de Teléfonos Bell.

En 1880 Francia concedió a Bell el premio Volta, dotado con 50.000 francos, por su invento. Con este dinero, fundó el Laboratorio Volta en la ciudad de Washington, donde el mismo año, él y sus socios inventaron el fotófono, que transmite sonidos por rayos de luz.

Otros inventos suyos son: el audiómetro -utilizado para medir la agudeza de oído- la balanza de inducción -utilizada para localizar objetos metálicos en el cuerpo humano- y el primer cilindro de cera para grabar, introducido en 1886. El cilindro, junto con el disco de cera grasa, sentó las bases del gramófono moderno.

Bell fue uno de los cofundadores de la National Geographic y ejerció como presidente desde 1896 hasta 1904. También en 1883 fundó la revista Science.

Interés por la aeronáutica

Después de 1895, el interés de Bell se dirigió fundamentalmente a la aeronáutica. Muchos de sus inventos en este campo los probó en su residencia de verano en la isla de Cape Breton en Canadá. Sus estudios comenzaron con la construcción de grandes cometas o papalotes y en 1907 concibió una capaz de transportar a una persona. Con un grupo de socios, entre ellos el inventor y aviador estadounidense Glenn Hammond Curtiss, Bell desarrolló el alerón, una sección móvil de un ala de avión que controla el balanceo.

También desarrollaron el dispositivo de aterrizaje de tres ruedas, lo que permitió por primera vez el despegue y el aterrizaje en un campo de aviación. Al aplicar los principios aeronáuticos a la propulsión náutica, este grupo comenzó a trabajar en el patín aerodeslizador, que se desliza sobre el agua a gran velocidad. Su hydrodrome con su tamaño definitivo, desarrollado en 1917, alcanzó velocidades superiores a los 113 km/h y durante muchos años fue el barco más rápido del mundo.

Los continuados estudios de Bell sobre las causas y la herencia de la sordera condujeron a experimentos en eugenesia, incluida la cría de ganado, y le llevaron a escribir su libro Duración de la vida y condiciones relacionadas con la longevidad (1918).

Murió el 2 de agosto de 1922, en Baddeck, donde el gobierno canadiense conserva un museo que contiene muchos de sus inventos originales.

El primero en patentar el teléfono

Como habrás leído en este artículo, durante mucho tiempo, Bell fue considerado el inventor del teléfono. Sin embargo, él no fue el primero en crear este aparato, sino solamente el primero en patentarlo. Así, el 11 de junio de 2002, el Congreso de Estados Unidos aprobó la resolución 269 por la que reconoció que el inventor del teléfono había sido el italiano Antonio Meucci y no Alexander Graham Bell.

Según este punto de vista, se sostiene que Graham Bell y Meucci crearon el dispositivo de manera totalmente separada (se piensa también que hubo un indirecto cruce de información entre los dos investigadores).

En la resolución, el Congreso reconoció que el teletrófono Meucci (así lo bautizó él) se mostró públicamente en Nueva York en 1860, 16 años antes de que Bell lo patentara. El veredicto estadounidense también asegura que “La vida y logros de Antonio Meucci deben ser reconocidos, así como su trabajo en la invención del teléfono”. Entonces habrá que comenzar a cambiar los libros de historia.

El otro punto de vista, es la  versión,sostenida por la comunidad italiana en Estados Unidos y representados por el Museo Garibaldi-Meucci y que también encontró eco en el Gobierno Italiano, exhibe a Meucci como único inventor del dispositivo argumentando, además de la comparación de fechas entre las investigaciones de ambos creativos.

¿Pero cómo habría sucedido?

Bell, que hasta ahora era aclamado como uno de los principales inventores de la historia, se habría limitado a robar la idea cuando el italiano acudió inocentemente a la compañía en la que él trabajaba, la Western Union con los papeles del invento para solicitar financiamiento. Más tarde Meucci intentó negociar con la compañía, pero su escaso dominio del inglés, sus pocos recursos económicos (no pudo pagar los pocos dólares que costaba la patente) y el nulo apoyo recibido por las autoridades competentes le impidieron reclamar lo que era suyo. Meucci murió en la miseria y sin reconocimiento alguno.