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Juan Esteban Montero Rodríguez

Amplios sectores políticos y gremiales le solicitaron a Montero que postulara a la presidencia de la República. Pese a reiteradas negativas, finalmente el 17 de agosto se vio obligado a aceptar, ocasión en que dijo su siempre recordada frase: “Si es así señores, si en realidad cuento con la cooperación sincera de todos sus representados, me someto”.

Nació en Santiago el 12 de febrero de 1879. Su padre, Benjamín, provenía de una antigua familia de Curicó, y su madre, Eugenia, también pertenecía a una familia tradicional. Cursó su educación básica en una escuela pública y posteriormente ingresó al Colegio San Ignacio. Ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Chile y egresó como licenciado el 16 de septiembre de 1901. De reconocido prestigio profesional y académico, dictaba las cátedras de Derecho Civil y Derecho Romano en la universidad que lo había formado. Militaba en el Partido Radical y combinaba perfectamente su profesión con su militancia. En 1920 fue muy afamada su defensa, ante un Consejo de Guerra, del general Guillermo Armstrong, acusado, junto a otros oficiales de las Fuerzas Armadas, de participar en una conspiración. Cinco años más tarde el Presidente Arturo Alessandri lo nombró para integrar la Comisión Consultiva que estudiaría la convocatoria y organización de una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución Política. Esta comisión analizó el proyecto presentado por el gobierno para ser plebiscitado y que posteriormente se convirtió en la nueva Carta Fundamental de 1925.

Ministro del Interior de Ibáñez

En 1931 para enfrentar la situación de inestabilidad política que sufría el país? se le pidió a Carlos Ibáñez que formara un gabinete que ofreciera plenas garantías a todos los sectores. Este fue denominado ?de salvación nacional?. Entre sus integrantes estaba Montero como ministro del Interior, quien en una conferencia de prensa anunció que iba ?a restablecer la libertad de prensa y el régimen constitucional y se favorecería el retorno de los deportados?. El anuncio de tales medidas le mereció el apoyo de muchos sectores. No obstante, las manifestaciones de descontento social se agravaron. Ante un clima de agitación, el 26 de julio, Ibáñez optó por entregar el mando.

A la cabeza de un gobierno transitorio

Tras la renuncia de Ibáñez, le correspondió asumir como Vicepresidente de la República al presidente del Senado, Pedro Opaso, quien de inmediato organizó un nuevo gabinete presidido por Montero. Más tarde, Opaso renunció a la vicepresidencia y entregó el mando, el 27 de julio, al recién nombrado ministro del Interior. Fue así como Juan Esteban Montero asumió la conducción del país con el cargo de Vicepresidente, frente a grandes expectativas por parte de la ciudadanía, que vio así el regreso a la normalidad jurídica y el comienzo de soluciones a la crisis económica. Montero reforzó esta idea, declarando que el nuevo gobierno se sujetaría a los principios constitucionales. El prestigio personal de Juan Esteban Montero, la confianza en su capacidad, ponderación y rectitud, hacían que se aunaran voluntades en torno a él, sobrepasando diferencias y odiosidades que separaban al país. Fue un gobierno esencialmente transitorio, ya que, conforme a la decisión de Congreso Nacional en que se señaló que Ibáñez había hecho abandono del territorio nacional sin autorización constitucional correspondiente, se debía proceder a la elección de un nuevo Mandatario. Amplios sectores políticos y gremiales le solicitaron a Montero que postulara a la presidencia de la República. Pese a reiteradas negativas, finalmente el 17 de agosto se vio obligado a aceptar, ocasión en que dijo su siempre recordada frase: ?Si es así señores, si en realidad cuento con la cooperación sincera de todos sus representados, me someto?. Proclamado candidato el 19 de agosto, envió al Congreso su renuncia a la vicepresidencia, la que, en una inusual manifestación de confianza, le fue rechazada. Sin embargo, mantuvo la idea de la incompatibilidad del ejercicio del poder con su calidad de candidato y optó por conferir la vicepresidencia al ministro del Interior, Manuel Trucco.

Presidente de la República electo

El 4 de octubre (1931) se realizaron las elecciones, y tal como se suponía, Juan Esteban Montero triunfó por amplia mayoría, con más del 60 por ciento de la votación. Reasumió la vicepresidencia el 15 de noviembre, y estuvo en ese cargo hasta el 4 de diciembre, fecha en que juró como Presidente de la República en el Congreso Nacional.

Los efectos de la crisis mundial

El nuevo gobierno se vio enfrentado a buscar solución a la grave situación económica que enfrentaba el país: alta tasa de cesantía, el encarecimiento de la vida, y la paralización de las salitreras eran temas de difícil solución, sobre todo en un tiempo de crisis mundial. Para mitigar el hambre de los cesantes y sus familias, se contó con la cooperación de instituciones de beneficencia, y de otras familias e instituciones que en las puertas de sus casas ofrecían comida a los más necesitados. Los empleados públicos tuvieron gestos de generosidad, donando un día de sueldo para los desocupados. También la ciudadanía concurrió al Banco Central a donar sus joyas y objetos de valor a beneficio fiscal.

El gobierno pide ayuda a la ciudadanía

El gobierno, por su parte, organizó un Comité de Ayuda al Cesante, que estableció varias casas de socorro con el fin de evitar la mendicidad en las calles. Tan grave era el problema social, que el 10 de octubre de 1932 el ministro de Bienestar Social, Santiago Wilson, manifestó al país que la miseria y la desocupación afectaban a cerca de 130 mil personas, a las cuales el gobierno, pese a sus buenas intenciones, no podía asistir satisfactoriamente. Wilson solicitó la ayuda a la ciudadanía.Una de las entidades que más rápidamente acogió el llamado fue la Federación de Estudiantes de Chile, que acordó entregar para los cesantes los fondos que produjera la Fiesta de la Primavera, próxima a celebrarse.

Medidas económicas

En abril de 1932, durante la presidencia de Montero, se creó la Comisión de Control de Cambios Internacionales, que tuvo como tarea ajustar las importaciones a las letras de cambio disponibles, a fin de evitar la disminución de las reservas de oro del Banco Central. Simultáneamente, se ordenó suspender la emisión de los billetes del mismo banco. Otro artículo dispuso que el banco fijara, día a día, el tipo de cambio, sobre la base del promedio de las últimas transacciones efectuadas.

Rumores de motín en el Norte Chico

A mediados de diciembre de 1931, las preocupaciones de carácter económico fueron desplazadas por las noticias de un movimiento subversivo de inspiración comunista en el Norte Chico. En Vallenar y Copiapó circulaban los rumores de que se estaba fraguando un amotinamiento, y que los propósitos revolucionarios apuntaban a apoderarse del Regimiento Esmeralda y de la Comisaría de Carabineros durante la noche de Navidad. También se comentaba que sería un primer paso en una escalada revolucionaria. Las autoridades de la zona no atribuyeron mayor importancia al asunto, precisamente por lo anunciado que era. Sin embargo, el publicitado complot se llevó a cabo a las 2 de la mañana del 25 de diciembre.

Desarrollo y fin de un complot anunciado

A esa hora, militantes comunistas llegaron a las puertas del referido regimiento y asaltaron la guardia. El teniente con los soldados que estaban de guardia se refugiaron en la enfermería, desde donde abrieron fuego contra los asaltantes. El ruido de metrallas alertó a los carabineros, quienes acudieron rápidamente. Luego de media hora de enfrentamiento, los revolucionarios, que habían sufrido varias bajas, resolvieron escapar hacia los cerros. Conocida esta situación por las autoridades, decidieron actuar de manera enérgica. Un pelotón de carabineros avanzó hacia la sede del Partido Comunista en Vallenar, disparando hacia su interior, desde donde se respondió. Pero, frente a la dificultad de tomar el local, este fue dinamitado y todos sus ocupantes murieron. Luego se allanaron los domicilios de algunos comunistas conocidos, quienes fueron fusilados en el acto. Tras investigarse los sucesos, se estableció la muerte de 21 personas en Vallenar, nueve en el asalto al regimiento, tres carabineros, dos soldados y un civil que no tenía relación con los hechos.

Críticas y oposición

Los problemas económicos concentraban la mayor preocupación de los chilenos. Sin embargo, los problemas políticos no eran cosa pequeña. En este plano, el prestigio del gobierno de Juan Esteban Montero se fue debilitando. Las críticas desde diferentes sectores eran cada vez más frecuentes. Incluso, hubo un intento de subversión por parte de grupos adictos a Ibáñez o seguidores de Alessandri. El ambiente de oposición se acentuaba y esta, en general, preconizaba políticas progresistas y de tendencias socialistas. Alessandristas, ibañistas y socialistas sostenían reuniones en las que se planeaba la caída del gobierno.

Conspiración

En tal ambiente de confusión, se comenzó a fraguar el golpe definitivo, bajo el liderazgo del periodista y ex diplomático Carlos Dávila, del comodoro del aire Marmaduque Grove, y del abogado Eugenio Matte Hurtado. El gobierno, que se había enterado de estos propósitos, anunció un programa de acción inspirado en ideas progresistas, produciendo el malestar de los conservadores y liberales, quienes restaron su apoyo a Montero. Por otra parte, esto tampoco sirvió para disuadir a los conspiradores. La noche del 2 de junio de 1932 se reunieron en San Bernardo varios militares, entre ellos Marmaduque Grove, quien acababa de ser reincorporado a las filas por el Presidente después de haber sido desterrado por Ibáñez. En la reunión también participaron varios civiles. Tras conocer los hechos, el gobierno llamó a retiro a Grove, siendo reemplazado en su cargo de director de la Escuela de Aviación por el coronel Ramón Vergara.

Destituido por el golpe del 4 de junio de 1932

La situación que afectó a Grove estaba prevista por los sublevados, que habían acordado que si alguno de ellos era exonerado, se declararían en rebeldía. Grove se atrincheró en la Escuela de Aviación e hizo arrestar a su reemplazante. Carente de apoyo militar ?ya que las Fuerzas Armadas en su mayor parte participaron en el golpe y el resto era neutral? y falto también de apoyo político, Montero hizo saber al mando sublevado que no opondría resistencia al golpe. El 4 de junio, el gobierno constitucional fue derrocado y sustituido por una Junta de Gobierno, presidida por el general Arturo Puga e integrada por Carlos Dávila, Eugenio Matte y el coronel Marmaduque Grove en la cartera de Defensa. Montero retornó a su vida profesional. Falleció en Santiago el 25 de febrero de 1948, quedando su viuda, Graciela Fehrman, con cuatro hijos.