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Ciencias Naturales, Organismos, ambiente y sus interacciones

2° Básico

Ecosistemas

Es un sistema complejo pero dinámico formado por seres vivos y el conjunto de factores no vivos que forman el ambiente, como la temperatura, el clima, el suelo y el agua.


Los diferentes organismos dependen unos de otros, así como del medioambiente en el que viven. El conjunto de seres vivos forma poblaciones, las que junto con el medio físico en que se asientan, constituyen lo que se conoce como ecosistema.

Un ecosistema puede ser tan grande como el océano o tan pequeño como un acuario. Pero no importando su tamaño, éste está conformado por dos tipos de factores, los bióticos y los abióticos (biotopo).

Bióticos

Conocidos también como biocenosis, son todos los organismos que comparten un ambiente, desde los protistas (organismos que presentan una estructura unicelular) hasta los animales mamíferos. Estos individuos deben tener un comportamiento y características fisiológicas específicos, que les permitan subsistir y reproducirse en un ambiente definido. La condición de compartir un lugar provoca una competencia entre las especies, ya que deben estar constantemente luchando por el alimento o el espacio.

Abióticos

Son los factores inertes ligados al entorno físico y algunos de ellos son:

Luz: es un componente fundamental, porque constituye el suministro principal de energía de todos los organismos. Por ejemplo, las plantas para su mantención convierten la energía luminosa en energía química, gracias al proceso denominado fotosíntesis.

Calor: el que deriva de la radiación solar es útil para los organismos ectotérmicos (individuos que no están adaptados para regular su temperatura corporal), como los peces, anfibios y los reptiles. También es necesario para las plantas, ya que usan también cierta cantidad de calor para realizar la fotosíntesis.

Otro elemento relacionado con el calor, peromás bien con una acción equilibrante, corresponde a los océanos. Estos juegan un papel importante en la estabilidad del clima terrestre, porque si no existiesen, el planeta estaría excesivamente caliente durante el día y congelado por la noche. Asimismo, las diferencias de temperaturas entre las diferentes masas de aguas oceánicas (en conjunto con vientos y la rotación de la Tierra) generan las corrientes marítimas, las cuales permiten que ciertas zonas atmosféricas frías se calienten y las más tibias se enfríen.

Atmósfera terrestre: es fundamental para que los seres vivos puedan subsistir y está formada por cinco capas sobrepuestas, que se diferencian por su altitud, temperatura y composición, y son: la exosfera, termosfera, mesosfera, estratosfera y troposfera.

Elementos químicos: todos los organismos vivos están constituidos por materia y esta, a su vez, está conformada por 25 de los 92 elementos químicos conocidos. De estos 25, el carbono, el oxígeno, el hidrógeno y el nitrógeno están presentes en el 96% de las moléculas de la vida. Las moléculas que contienen carbono se denominan compuestos orgánicos, como el bióxido de carbono, y las que no lo tienen se llaman compuestos inorgánicos, por ejemplo, el agua.

Agua: es un recurso fundamental para la vida, porque todos los organismos, en mayor o menor cantidad, necesitan ingerirla o absorberla para mantenerse vivos. También, es importante porque forma parte de varios procesos químicos orgánicos y actúa como un elemento termorregulador del clima.

Suelo: es la porción de la corteza terrestre donde se desarrolla la vida. El suelo consta de cuatro componentes: minerales (materia inorgánica), materia orgánica, agua y aire. La materia orgánica del suelo representa la acumulación de las plantas destruidas y de los residuos de los animales. El humus es considerado el producto final de la descomposición de la materia orgánica.

Relaciones ecológicas de los organismos

Para hablar sobre las relaciones entre individuos se debe distinguir el lugar en que estos viven y lo que cada uno hace como parte de su ecosistema. Para ello, se deben conocer los conceptos de hábitat y nicho ecológico.

El hábitat es el lugar donde habitan los seres vivos, es decir, su área física (tierra, aire y agua). El sitio puede ser grande, como el océano, o pequeño, como la parte inferior de un leño podrido. En un hábitat particular pueden vivir varios animales o plantas.

El nicho ecológico es, en cambio, el papel que cumple un organismo en el ecosistema. Comprende todos los factores bióticos y abióticos, es decir, el lugar donde un ser vivo habita, lo que absorbe o de qué se alimenta, cómo actúa y cómo ser relaciona con los otros organismos.

Una sola especie puede instalarse en distintos nichos, en función de algunos componentes, como el alimento disponible y el número de competidores que haya en el lugar. También, sucede que algunos animales en las distintas fases de su ciclo vital, ocupan seguidamente nichos diferentes, por ejemplo: un renacuajo es un consumidor primario, que un consumidor primario, que se alimenta de plantas, pero siendo rana adulta es un consumidor secundario y digiere insectos y otros animales.

Cambios naturales que afectan los ecosistemas

El mundo natural está siempre en estado de transformación. El clima es uno de los factores más influyentes a corto y mediano plazo. También está la temperatura y las lluvias.

Los cambios de cualquiera de ellos pueden tener consecuencias, las cuales pueden ser a largo o corto plazo. Un ejemplo de las consecuencias duraderas es el que hoy se ve como resultado de las glaciaciones (prolongados períodos de enfriamiento global) que han afectado profundamente a los ecosistemas de todo el mundo. A corto plazo, pueden producirse alteraciones climáticas como las que provoca la corriente de El Niño (corriente de agua cálida que recorre periódicamente el Pacífico).

Además, existen ciertos episodios puntuales que afectan con fuerza a los ecosistemas: incendios, inundaciones y desplazamientos de tierras. Sin embargo, en algunos casos, estos impactos son necesarios para que ciertos ecosistemas puedan mantenerse.

Sobreexplotación

En el último tiempo, el hombre ha capturado un número excesivo de animales o plantas provocando grandes cambios ecológicos. El ejemplo más claro que existe en la actualidad es la sobrepesca en los mares de todo el mundo. El agotamiento de la mayor parte de las poblaciones de peces causa cambios importantes, aunque sus repercusiones a largo plazo todavía no se dimensionan.

Datos Icarito

¿Cuándo comenzó a utilizarse el concepto ecosistema?
Fue propuesto por Arthur Tansley (ecólogo inglés) en el año 1935.

¿Qué significa suelo?
Deriva del latín solum y significa tierra o parcela.

¿Dónde se realiza la mayor parte de la fotosíntesis del planeta?
Alrededor de dos tercios de la fotosíntesis se produce en el mar (microalgas).

Compuestos persistentes

El hombre y muchas de las actividades que este realiza originan desechos y sustancias incapaces de ser degradadas. Metales pesados, compuestos derivados del petróleo y plaguicidas, entre otros, son compuestos que persisten en la naturaleza, independiente de la acción de organismos descomponedores.

Debido a la dificultad para eliminarlos o transformarlos en sustancias con vida útil, se acumulan y, en muchos casos, comienzan a afectar la salud de la comunidad donde se encuentran. Así, se ha comprobado que algunos constituyentes de detergentes industriales y otros derivados del plástico han afectado el comportamiento reproductivo de aves y producen cáncer tanto en animales como humanos.

Tipos de ecosistemas

Ecosistemas terrestres

Son aquellas zonas o regiones donde los organismos (animales, plantas, etc.) viven y se desarrollan en el suelo y en el aire que circunda un determinado espacio terrestre. En estos lugares se supone que los seres vivos que habitan el ecosistema encuentran todo lo que necesitan para poder subsistir.

Dependiendo de los factores abióticos de cada ecosistema, existen distintos tipos de hábitat terrestres: desiertos, praderas y bosques.
Los ecosistemas terrestres forman parte de otros ecosistemas más grandes, llamados biomas o regiones ecológicas. Estas zonas están delimitadas por latitud, clima, temperatura y el nivel de precipitaciones. En los próximos números se tratarán en profundidad las regiones ecológicas.

Ecosistemas acuáticos

Están formados por plantas y animales que viven en el agua. Estos ecosistemas, se diferencia en relación a la región geográfica donde existen (antártica, subantártica, tropical y subtropical) y respecto de su cercanía con la tierra (ecosistemas costeros, oceánicos y estuarinos).
Los ecosistemas acuáticos (al igual que los terrestres) pueden variar ampliamente de tamaño yendo desde un océano hasta un charco de agua. Asimismo, existen ecosistemas acuáticos de agua salada y dulce.

Los organismos bentónicos (que en su conjunto se denominan bentos) habitan el fondo del mar, ya sea desplazándose por este, adheridos al sustrato o inmersos en la arena o lodo marino. Por ejemplo las algas, esponjas y estrellas de mar.

Los organismos pelágicos viven libremente en el agua y se dividen, a su vez, en dos grupos: el plancton y el necton. Se llama plancton a los diminutos seres que no tienen órganos natatorios activos y se desplazan a la deriva en las aguas superficiales. Al plancton vegetal se le conoce como fitoplancton y al animal, como zooplancton.

Necton son los organismos capaces de nadar y desplazarse libremente por el agua (peces, mamíferos acuáticos, etc.).
En el ecosistema de agua dulce (ríos, lagos, lagunas, etc.) se establecen relaciones similares a las marinas, ya que existe plancton y necton.

En el caso de los ríos, se sabe que se producen diferencias a lo largo de su curso (alto, medio y bajo), ya que cada tramo presenta caudales, temperaturas y profundidades distintas. Sin embargo, también se ha determinado la existencia de dos comunidades superpuestas, las del fondo y la de las aguas libres. Aunque estas pueden cambiar a lo largo del curso del río.

Variedad de ecosistemas

Los ecosistemas terrestres, como el acuático presentan una serie de paisajes que poseen características propias.

Algunas de ellas son:

Desierto: es una región cuyas principales características son la escasez de precipitaciones y las altas temperaturas. Sin embargo, a pesar de estas condiciones extremas, viven en los desiertos, numerosas plantas y animales.
Así, las plantas poseen largas raíces (ayudan a retener el agua) y además pierden poca agua (transpiración), debido a que transforman sus hojas en espinas y realizan la fotosíntesis a través de los tallos.
En caso de los animales, tenemos algunas aves que pueden volar a distancia en busca de agua y algunos animales terrestres que han adaptado su fisonomía para aprovechar al máximo las escasas disponibilidades de agua.

Humedal: es una zona de tierras planas que posee aguas subterráneas de poca profundidad y que ascienden a la superficie en períodos determinados, formando lagunas y pantanos, hasta donde llegan a vivir cientos de especies. Existen cinco clases de humedales: marinos, estuarinos, lacustres, ribereños y palustres.

Manglar: es una agrupación de árboles semisumergidos que han sido inundados con agua, con altos niveles de salinidad y por ello se desarrollan y sobreviven en terrenos costeros. Los árboles crecen sobre largas raíces, que a modo de zancos elevan los troncos por encima del nivel de las aguas. Para reproducirse, apuran conservan las semillas en las ramas hasta que están a punto de desarrollarse. Cuando baja la marea caen siendo capaces, en pocas horas, de enraizar y comenzar a crecer antes de quedar de nuevo bajo el agua.

Arrecife de coral: es uno de los ecosistemas acuáticos más ricos del planeta, producto de la gran cantidad de especies que habitan en ellos (peces, caracoles, corales y algas). La estructura arrecifal está constituida por grandes colonias de corales, acumulaciones de sedimentos y arenas calcáreas. Se encuentran principalmente en las regiones tropicales y existen dos tipos de coral: el duro y el suave.

Ecosistemas en peligro

La destrucción de los hábitats es la mayor amenaza actual para la biodiversidad. Según estudios de la organización mundial sin fines de lucro Conservation International, creada en 1987, casi un cuarto de los sistemas biogeográficos de la Tierra han sido completamente transformados por el ser humano, mientras que el 24% lo ha sido parcialmente.

La destrucción de los ecosistemas se ha producido por variados factores, entre los que destacan el desarrollo agrícola, industrial, urbano y la contaminación, acciones en las que el hombre es el principal protagonista y que han provocado graves consecuencias en los componentes de los sistemas, tanto bióticos (vegetales y animales) como abióticos (suelo, cuerpos de agua, etc.).

Un fenómeno que, de continuar, propiciará la extinción de muchas especies y que derivará en que las futuras generaciones desconozcan uno de los tesoros más invaluables con los que contamos hasta hoy: la naturaleza.

Áreas Silvestres Prioritarias

Conservation International reconoce como Áreas Silvestres Prioritarias a aquellas zonas con más de 10.000 km2 de extensión y con un mínimo de 70% de su vegetación intacta. Son catalogadas como las últimas regiones vírgenes del mundo, que, afortunadamente, poseen una densidad poblacional baja, lo que disminuye los perjuicios causados por las actividades humanas.

De las 37 zonas del planeta que integran esta lista destacan el Amazonas, los bosques del Congo en África central, los desiertos del norte de México, el suroeste de Estados Unidos y la isla de Nueva Guinea, ubicada en el océano Pacífico.

Todas ellas son clasificadas como sectores de alta biodiversidad, ya que cuentan con más de 1.500 especies de plantas endémicas.

La más extensa es el bosque boreal, que forma un anillo de casi 16 millones de km2 rodeando el círculo ártico, mientras que la región más pequeña es el Sundarbands (sector ubicado en la frontera de India y Bangladesh), pues, a pesar de ser la zona de manglares más extensa del mundo, su superficie solo alcanza los 10.000 km2.

Si bien estas áreas silvestres aún conservan gran parte de sus especies nativas, están bajo la amenaza latente del aumento poblacional, lo que acarrea problemas como la contaminación, expansión agrícola y el uso desmedido de los recursos naturales no renovables.

Áreas Marinas Claves

Las Áreas Marinas Claves son los sectores específicos donde se ubican los ecosistemas marinos más importantes.
Estos últimos se caracterizan por albergar una gran cantidad de organismos animales y vegetales, así como también un alto número de especies endémicas en peligro de extinción.

Bajo estos parámetros, y basándose en un mapa de distribución geográfica de las especies marinas, se identificaron diez áreas fundamentales a nivel global:

– Filipinas
– Golfo de Guinea (en el suroeste Atlántico de África)
– Islas de la Sonda
– Sudáfrica oriental
– Islas Mascareñas (archipiélago ubicado al suroeste del océano Índico)
– Océano Índico norte
– Sur de Japón, Taiwán y China
– Archipiélago de Cabo Verde (situado en el océano Atlántico, frente a las costas de Senegal)
– Caribe occidental
– Mar Rojo (entre África y Medio Oriente) y Golfo de Adén (en el océano Índico, entre Yemen y Somalia).

Si bien estas áreas representan menos del 1% del total de los océanos del mundo, albergan más de 30% de las especies marinas de todo el planeta. Incluso, ocho de ellas están contiguas a las zonas más críticas en cuanto a la conservación de la biodiversidad, por lo que constituyen sectores sumamente frágiles.

Entre las principales amenazas que alteran estas vitales zonas ecológicas se encuentran la deforestación y el desarrollo urbano, que, si bien son problemas que afectan principalmente a la tierra firme, generan grandes volúmenes de sedimentos y agentes contaminantes que son depositados en el mar. A estos factores se suman la pesca indiscriminada y, en los últimos años, las alteraciones ambientales producto del calentamiento global, lo que termina por destruir los ecosistemas marinos.

Supervivencia en peligro

Los arrecifes de coral constituyen uno de los ecosistemas más diversos y, a la vez, más amenazados del planeta. En ellos habita una variedad extraordinaria de plantas y animales marinos, que conforman una verdadera comunidad orgánica. Si bien se pueden formar en cualquier mar, para que exista un arrecife deben producirse ciertas condiciones que faciliten la asociación de varias colonias y su salida sobre la superficie marina.

Entre las principales amenazas que atentan contra estos ecosistemas están el calentamiento global (que provoca un aumento
en la temperatura de las aguas), la pesca indiscriminada y la contaminación. Todos ellos factores que alteran el equilibrio ecológico del ecosistema, haciéndolo vulnerable y colocando en riesgo a las especies que lo conforman.

Uno de los más afectados es la Gran Barrera coralina australiana, el más grande de los arrecifes del mundo y una de las áreas más ricas en cuanto a biodiversidad animal. Abarca una superficie de casi 350.000 km2 (con una extensión similar a la de Italia), se encuentra frente a la costa nororiental de Australia, en el estado de Queensland. Alberga cerca de 300 especies de corales, 1.500 de peces, 4.000 de moluscos, 400 de esponjas, centenares de anémonas, gusanos marinos y crustáceos, entre otras variedades marinas, y es el lugar elegido por las ballenas jorobadas para dar a luz a sus crías.

La mayor amenaza que debe enfrentar este delicado ecosistema, que incluso puede ser visto desde el espacio, es el recalentamiento de sus aguas. Cuando la temperatura se incrementa por sobre lo normal, los corales comienzan a expulsar a una de las algas que lo componen, denominada zooxantela, lo que provoca su debilitamiento y posterior muerte.

Afortunadamente, las amenazas humanas directas, como la pesca indiscriminada y la contaminación, han sido controladas últimamente. Incluso, en un esfuerzo por preservar este ecosistema, la Gran Barrera coralina australiana se convirtió, a partir de junio de 2004, en la mayor área marina protegida del mundo, gracias a los esfuerzos de organizaciones ecologistas y del gobierno australiano.

 

Procesos ecosistemas: dinámica vital

Debemos imaginarnos todo ecosistema como una permanente fábrica, en la que sus componentes están, directa o indirectamente, en permanente acción e interacción.

Para facilitar este funcionamiento, la vida orgánica y el equilibrio sistémico, existe una serie de procesos energéticos, químicos y físicos, que involucran tanto a los factores bióticos como abióticos. Un conjunto de fenómenos que revelan la dinámica vida de los ecosistemas, las jerarquías que en él se constituyen y el papel exacto que cada individuo cumple en estos importantes sistemas naturales.

A continuación, te mostramos algunos de los principales procesos ecosistémicos.

Descomposición orgánica

Todo organismo vivo posee la capacidad de descomponerse en sustancias más simples hasta casi desaparecer. Decimos casi, porque en la naturaleza nada se desecha totalmente, todo se transforma.

La descomposición o biodegradación corresponde a la desintegración de sustancias orgánicas complejas en otras más pequeñas, ya sean de origen animal, microbiano o vegetal. Comprende dos procesos: la fragmentación de la materia descompuesta en partículas de menor tamaño y el catabolismo de los compuestos orgánicos (obtención de energía a partir de compuestos orgánicos complejos).

La biodegradación es considerado uno de los procesos más importantes que ocurren a nivel ecosistémico. De hecho, la supervivencia y mantención de un ecosistema, tanto acuático como terrestre, depende de la existencia de seres productores y otros degradadores.

La materia orgánica en descomposición, por lo general, comprende hojas, ramas de diversos tamaños, flores, frutos, insectos y animales muertos, fluidos vegetales, líquidos y desechos orgánicos. Todos ellos caen directamente al suelo, componen lo que se denomina mantillo y, finalmente, se transforman en una sustancia orgánica amorfa denominada humus.

La biodegradación es catalogada como el resultado del trabajo de una comunidad de macroorganismos, principalmente invertebrados, y además, como un proceso biogeoquímico, que integra actividades enzimáticas.

Fijación de energía

En todo ecosistema existen importantes procesos a través de los que se fija la energía y se conduce hacia los diferentes organismos que lo componen.

Un continuo viaje que comienza con el aprovechamiento de una de las principales fuentes energéticas del planeta, el Sol, y que incluso integra la descomposición orgánica.

La captación y transformación de la energía solar en materia (principalmente, carbohidratos) es trabajo de los vegetales a través de la fotosíntesis (en plantas terrestres y acuáticas). Este último es un proceso vital para el desarrollo de la vida en nuestro planeta y corresponde a un intercambio bioquímico, que permite fijar la energía radiante del Sol, convirtiéndola en energía disponible para otros seres vivos.

El proceso anterior, que se denomina productividad primaria, es el verdadero motor de todo ecosistema y de los procesos de captación de energía posteriores.

Meteorización

Uno de los fenómenos más importantes, que moldea y transforma la superficie de todo ecosistema es la denominada meteorización. Corresponde a la desintegración y descomposición de las rocas alojadas en la superficie terrestre, producto de la acción de agentes biológicos, químicos y/o factores físicos.

Cuando hablamos de meteorización física, nos referimos a la desintegración o ruptura del material rocoso, sin que este vea afectada su composición mineral. Ya sea por la acción de la temperatura, el hielo, la sal o por cambios de presión, una enorme roca puede dividirse en fragmentos menores e incluso, convertirse en un grano de arena.

La meteorización química implica cambios más complejos, que involucran a los compuestos primarios que forman las rocas. Por lo general, la acción de algunos procesos atmosféricos, así como también la del oxígeno y del dióxido de carbono, modifican de forma irreversible la composición química de la roca.

Por último, existe una meteorización biológica, en la que participan directamente organismos vivos que habitan en el ecosistema. El crecimiento de algunos vegetales en la roca puede producir la fragmentación de ésta, así como también la acumulación de desechos orgánicos (heces y orina) sobre la superficie rocosa influye directamente en su composición.

Gestión de los ecosistemas

No es sorprendente que, durante la última década, las evaluaciones en torno al impacto de las actividades humanas en el medioambiente sean alarmantes. Si bien muchas sociedades han alcanzado altos grados de tecnologización, higiene y alfabetización, entre otros indicadores, la gran mayoría posee una deuda difícil de saldar: el mal manejo y abuso de los recursos naturales.

A continuación, te mostramos algunos indicadores que revelan la sostenida intervención y deterioro de los ecosistemas y sus recursos, conjuntamente con el uso no sustentable de ellos.

– La expansión agrícola, para satisfacer la demanda creciente de alimentos, ha ocasionado un impacto adverso de grandes proporciones sobre los bosques, las praderas y los humedales. La degradación del suelo afecta, por lo menos, a dos mil millones de hectáreas en todo el mundo y a alrededor de dos tercios de las tierras agrícolas del mundo.

– El agua potable es cada vez más escasa en muchos países debido a las actividades agrícolas, que consumen el 70% del agua potable que se usa en el mundo. Sin embargo, solo el 30% del suministro de agua es utilizado realmente por las plantas y los cultivos. Lamentablemente, la cantidad restante es desperdiciada.

– Más de 16.000 especies animales y vegetales (según los informes de la UICN- Unión Mundial para la Naturaleza) se consideran amenazadas y casi 800 se han extinguido debido a la pérdida de su hábitat. Otras 5.000 especies se encuentran potencialmente amenazadas.

– Alrededor del 27% de los arrecifes coralinos del mundo se ha perdido, debido a la intervención directa o indirecta del hombre y a los efectos del cambio climático. Se estima que otro 32% de los arrecifes podría ser prácticamente devastado en los próximos 30 años si no se adoptan las acciones apropiadas.

Explosión demográfica y sustentabilidad

Desde hace unos 150 años, la población humana ha experimentado un crecimiento acelerado. Los progresos científicos y tecnológicos, como la aparición de vacunas para enfermedades consideradas antes mortales, o la potabilización del agua, han beneficiado la permanencia del hombre y la proyección, cada vez mayor, de su esperanza de vida. Las cifras señalan que la población mundial alcanzó los 6 mil millones de habitantes en el año 2000, y que para 2025 aumentará a 8 mil millones.

Sin embargo, el incremento de la población humana, inevitablemente, acarrea considerables problemas medioambientales. Mayores niveles de contaminación y de desechos, utilización indiscriminada de recursos y fuentes energéticas, práctica desmesurada de captura de especies son solo algunas de las actividades que ejercen una fuerte presión sobre la naturaleza.

También el aumento de la población mundial produce un reparto desigual de la riqueza. Así, mientras que en los países industrializados se consume casi el 80% de los recursos, más de la mitad de la humanidad tiene que sobrevivir en condiciones precarias y cerca de un tercio vive en una situación de pobreza absoluta.

Ante estas cifras, resulta poco probable que una nación con problemas de desigualdad y pobreza integre el concepto de desarrollo sostenible a sus tareas prioritarias. Sin embargo, a partir de pequeñas comunidades es posible generar algunos cambios que beneficien tanto el crecimiento de una nación como el cuidado de su entorno. Medidas tales como incentivar económicamente a los campesinos que habitan ecosistemas frágiles a llevar a cabo un uso adecuado de los recursos
con que cuentan, o, bien, implementar planes habitacionales que descongestionen la concentración urbana pueden ayudar a descomprimir la presión ejercida por el hombre en la naturaleza.

También el manejo y reutilización de los residuos residenciales, la modificación de las pautas de consumo por vía legal (como la fijación de impuestos a los combustibles fósiles) y la utilización de nuevas fuentes energéticas facilitan el equilibrio entre la población y el entorno.

Crisis hídrica: necesidad de un uso eficiente

A pesar de que nuestro planeta está conformado en casi 75% por agua, para el hombre este vital elemento constituye un recurso escaso. El agua de mares y océanos no puede ser utilizada para el consumo (debido a su alto contenido salino), por lo que las fuentes aprovechables solo se reducen a las de carácter dulce, alojadas en ríos, lagunas y en enormes bloques de hielo, como los ubicados en los casquetes polares o en zonas como Campo de Hielo Sur, en el extremo austral de nuestro país.

Si a esto le sumamos que la mayoría de los ríos y cursos de agua del planeta están intervenidos y contaminados y que, además, otros se están agotando, percibiremos que las fuentes hídricas con que el hombre cuenta se reducen a una mínima cantidad. Esto no sólo coloca en serio riesgo el mantenimiento de la vida, sino que altera la dinámica de los ecosistemas y detiene el crecimiento económico y social de los países.

Tan solo como ejemplo, podemos afirmar que una comunidad sin agua potable es altamente vulnerable a contraer enfermedades, sobre todo infecciosas. Es lo que ocurre en África, el continente con mayores problemas de abastecimiento y saneamiento de agua, donde día a día mueren niños y adultos por falta del vital elemento (para bebida e higiene).

Por ello, el agua es considerada un elemento fundamental en el desarrollo sustentable de cada región. Su utilización y manejo razonable facilitan la reducción de la pobreza y el crecimiento económico de los países (el acceso a servicios sanitarios y de agua potable son un indicador de desarrollo), así como también el mantenimiento de la integridad ecosistémica.

Según estadísticas de Naciones Unidas, se estima que en los próximos 20 años la utilización del agua dulce por parte del hombre aumentará en casi 40%. Se necesitará, incluso, más de 17% extra de agua para la producción de alimentos destinados a la población. Por lo mismo, las predicciones no son alentadoras, ya que a futuro se espera una gran escasez del vital recurso. Para 2025, el número de personas que enfrentará la falta de agua llegará a los 3.500 millones.

Dentro de las medidas para su uso sustentable destacan:

– En las regiones en que escasea el agua deben preferirse los cultivos que necesitan poca agua o los cultivos de alto valor en comparación con el agua utilizada.Donde resulte apropiado y rentable, es preferible importar aquellos bienes cuya producción necesite mucha agua desde las regiones en que esta abunda.

– Proteger la calidad del agua potable, intensificar el tratamiento de las aguas residuales y promover políticas medioambientales que consideren al agua como un recurso elemental y escaso que hay que preservar.

– Educar a la población para que use de manera eficiente el agua. Sencillas tareas como cerrar la llave mientras nos lavamos los dientes facilitan el aprovechamiento del vital recurso.

Depuración y tratamiento de aguas

Para utilizar y consumir el agua sin inconvenientes, esta debe ser potable. Para ello, debe ser sometida a una serie de procesos físicos y químicos, eliminando las sustancias contaminantes que pudiese contener y desinfectándola para destruir los organismos patógenos.

Para beberla, además, debe cumplir con una serie de requisitos de calidad física, química y biológica. Desde el punto de vista físico el agua debe ser traslúcida, con una turbiedad y color mínimo, mientras que su calidad química se mide al no contener o poseer en baja cantidad elementos tales como amoníaco, hierro, magnesio, plomo y zinc, entre otros.

En el caso del tratamiento de aguas residuales, que proceden de diferentes actividades humanas, el proceso consiste básicamente en la eliminación de los contaminantes disueltos en el agua (tales como nitratos, pesticidas, metales pesados y detergentes, entre otros), mediante decantación, oxidación de la materia orgánica y uso de sustancias químicas.
Si bien a través de estos procesos se logra una efectiva reutilización del vital recurso, es poco probable que se consiga una depuración total, por lo que las aguas tratadas son usadas, generalmente, en labores agrícolas (regadío).

Recursos forestales

Los bosques naturales se están convirtiendo cada vez más rápido en tierras agrícolas o para otro tipo de explotación. La tasa de deforestación mundial durante la década de los 90 se estima en 14.600 millones de hectáreas por año, lo que representa una pérdida aproximada del 4% de los bosques del mundo sólo durante los últimos diez años.

Esta situación no sólo se relaciona directamente con la pérdida de la diversidad vegetal del planeta, sino que también impacta en otros ámbitos. Recordemos que los árboles cumplen importantes tareas, como disminuir la erosión de los suelos, suministrar oxígeno al medioambiente (se estima que, en un año, un árbol exhala el oxígeno suficiente para una familia de cuatro persona) y provee de hábitat y resguardo a especies nativas, entre otras acciones.

Es reconocido que en la mayoría de los países sudamericanos existe un uso inadecuado de los recursos forestales y madereros. Desde el siglo XIX, la explotación de ellos se ha regido por patrones bastante similares a los de la minería, centrándose en la extracción de especies de valor comercial y olvidando el fuerte impacto que esta acción acarrea en los diferentes ecosistemas. La vegetación que no sirve para labores comerciales se talaba y se quemaba, pues desde el punto de vista económico carecía de valor, originando fuertes alteraciones en el entorno natural y en el uso que se le da al suelo. Es así como muchos terrenos que originalmente albergaron importantes formaciones boscosas se transformaron en el sitio ideal para desarrollar tareas agrícolas y/o ganaderas.

Afortunadamente, desde fines del siglo XX se ha instalado con mayor fuerza en la sociedad y desde los gobiernos la preocupación por hacer sostenible la extracción maderera y el uso de los recursos en los ecosistemas forestales, tanto templados como tropicales. Si bien es considerado improbable reducir el agotamiento que hasta hoy hemos hecho (se estima que para compensar la pérdida de árboles de la última década tendríamos que plantar 1,3 millones de km2 de árboles, una superficie cercana a la de Perú), es posible disminuir el impacto en la naturaleza.

Una de las medidas más difundidas es la reforestación de las zonas intervenidas. Esto permite repoblar zonas que en el pasado estaban cubiertas de bosques, con especies que pueden ser autóctonas o con otras introducidas que, incluso, pueden tener uso económico. Esta última situación es la ocurrida en nuestro país durante la década de los 80, cuando comenzó con fuerza la introducción de eucaliptos y pinos y su explotación comercial para sustentar industrias como la de la celulosa. Con apoyo del Banco Mundial comenzó un aumento de las zonas reforestadas, lo que no sólo ayudó a la economía de nuestro país, sino que también permitió la conservación de los bosques originales restantes y facilitó la conservación de los hábitats y el resguardo de la biodiversidad.

Agricultura orgánica

Si bien la agricultura es vista como una actividad en la que se remueve la cobertura vegetal natural y que inevitablemente altera un hábitat específico, en los últimos años se ha desarrollado una técnica menos dañina para el medioambiente, que incorpora elementos naturales para hacer de una extensión de cultivo, una zona de desarrollo económico sustentable.

Esta modalidad es reconocida como agricultura orgánica y, según la FAO, corresponde a un sistema global de gestión de la producción, que fomenta y realza la salud de los ecosistemas, inclusive la diversidad biológica, los ciclos biológicos y la actividad biológica del suelo, empleando métodos agronómicos, biológicos y mecánicos, en contraposición a la utilización de materiales sintéticos.

De esta manera, además de velar por una producción rentable se pone énfasis en la conservación y mantenimiento de las propiedades y fertilidad del suelo, la exclusión de sustancias tóxicas en el proceso agrícola y la constante búsqueda de nuevas alternativas de producción que ocasionen el mínimo impacto al medioambiente, mediante la utilización de abono natural, sistemas de riego especiales, el mantenimiento de algunas especies vegetales naturales que favorecen el crecimiento de los cultivos, el control de plagas de manera natural (introduciendo a los depredadores naturales de las plagas), entre otras medidas.

En nuestro país, se estima que existen, aproximadamente, más de tres mil hectáreas de cultivo consideradas orgánicas, las que se distribuyen entre la Región de Coquimbo y Región de los Lagos. Esta incipiente industria comenzó a desarrollarse en la década de los 70 e inicialmente estaba destinada al autoconsumo y a mejorar el abastecimiento de algunas localidades rurales. Ya en los 80 se crearon organismos que fomentaban esta modalidad de agricultura, exportándose por primera vez, en 1993, una partida de kiwis cultivados orgánicamente.

Actualmente, los cultivos con mayor superficie corresponden a rosa mosqueta, frambuesas, plantas medicinales y espárragos. Lamentablemente, y pese a que su valor comercial se ha incrementado en los últimos años, los cultivos orgánicos no poseen una gran difusión en nuestro país. La falta de fomento desde algunas instituciones y la escasa información, tanto de agricultores como de consumidores (estos últimos, incluso, llegan a confundir este tipo de cultivos con productos transgénicos), han dificultado una proyección más amplia del negocio orgánico.

Manejo productivo de la vida silvestre

El impacto de las actividades humanas en la conservación de las especies silvestres también es un tema involucrado en las políticas orientadas hacia el desarrollo sustentable. Si bien el crecimiento de las sociedades se basa en la extracción de los recursos naturales, ya sea como fuente de materias primas o de alimentos, entre otros usos, esta actividad debe realizarse de manera tal que propicie su utilización en forma permanente (no agotando las especies).

Por ello es útil el reconocimiento de las especies (vegetales y animales) más críticas en términos de supervivencia, sus principales amenazas, las medidas de conservación que se pueden implementar, las zonas de resguardo, etc.

El uso de estos organismos debe comenzar a partir del análisis a fondo que se realice, para que las futuras generaciones los aprovechen de igual manera.

En este contexto podemos señalar el caso de la pesca sostenible, que es una modalidad que intenta arrojar las mismas ganancias económicas conservando la integridad de los recursos y el entorno natural. Considerando la actividad pesquera como una de las explotaciones de especies más abusivas y difundidas, la implementación de algunas medidas resulta necesaria para conservar y manejar adecuadamente la vida marina.

Para ello, se evalúa el estado de las poblaciones y otros aspectos biológicos de las especies que se extraen (como los ciclos reproductivos), definiendo a partir de ellos los límites de explotación y la conservación de los recursos (considerando su regeneración natural). Además, se utilizan las tecnologías de menor impacto ambiental.

Educación ambiental

Ninguno de los puntos anteriores tiene relevancia si la sociedad no toma conciencia del real valor de los recursos naturales y de lo significativo que es el aporte, ya sea con pequeñas iniciativas, de todos y cada uno de los que vivimos en el planeta.

Es por ello que la educación ambiental adquiere gran relevancia en tiempos en los que ciertas especies están al borde de la extinción, algunos recursos (como el agua o ciertos combustibles fósiles) escasean y los ecosistemas se encuentran altamente degradados. Muchos postulan que el concepto surge gracias a la crisis ambiental que afecta hace décadas a nuestro planeta; sin embargo, su utilización y masificación se sitúa a fines de los 60, cuando se genera una conciencia ecológica por parte de la población.

En 1970, la Comisión de Educación de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) definió la educación ambiental como el proceso que consiste en reconocer, valorar y aclarar conceptos con objeto de fomentar destrezas y actitudes necesarias para comprender y apreciar las interacciones entre el hombre, su cultura y su medio biofísico. La educación ambiental entraña también la participación activa a la hora de tomar decisiones y en la propia elaboración de un código de comportamiento con respecto a cuestiones relacionadas con la calidad del medioambiente.

El concepto involucra tanto a los niños como a quienes toman decisiones políticas relacionadas con el medioambiente y el aprovechamiento de los recursos.

Se trata de un proceso de toma de conciencia y entendimiento de la buena gestión que todos debemos hacer del entorno natural y del camino a seguir para alcanzar el crecimiento pleno de la sociedad a partir de la protección, preservación y conservación de los sistemas naturales de nuestro planeta.

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