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Ossa Vega, José Santos

Aventurero y empresario. Desde muy temprana edad comenzó a buscar todas las posibilidades de negocios. En 1840 se trasladó a Copiapó a trabajar con su tío abuelo Ignacio de Ossa Mercado, quien lo inició en las artes mineralógicas.
En abril de 1860, estando de exploración al sur de Cobija, descubrió salitre, pero conservó el secreto.

Nació en el puerto de Huasco, el 1 de noviembre de 1827, en el seno de la familia de Nicolás Ossa y Antonia Vega. Huérfano a temprana edad, se educó en forma autodidacta. Vivió de allegado en varios hogares de familias vinculadas a la fundición y compra de minerales.

A los 12 años trabajó para la familia Walker, de Vallenar, donde adquirió sus primeros conocimientos de Química, Mineralogía, Contabilidad, Inglés, y su afición por la lectura. En su fundición conoció a Agustín Edwards Ossandón con quien lo uniría tiempo después la fortuna y la amistad.

Ossa siempre estuvo impulsado por un espíritu aventurero y empresarial, que lo llevó desde muy temprano a buscar todas las posibilidades de negocios. En 1840 se trasladó a Copiapó a trabajar con su tío abuelo Ignacio de Ossa Mercado, quien lo inició en las artes mineralógicas.

En 1843, a los 16 años, comenzó su vida aventurera, explorando la costa de la provincia de Copiapó, viviendo de la pesca. Posteriormente se dedicó a diversas actividades, de las cuales la principal fue la de empresario minero. Gracias a esta y con mucho esfuerzo de por medio, se hizo millonario.

Contrajo matrimonio en 1846 con Melchora Ruiz, con quien tuvo dos hijos: Filomena y Alfredo. Enviudó en 1855, cuando la terrible fiebre amarilla asoló el Norte. En 1861 contrajo nuevamente matrimonio con Delia Borne Riquelme en Chillán y con ella tuvo otros tres hijos: Carolina, Sergio y Manuel.

Sus inicios en los negocios

En Copiapó (1843), en compañía de indígenas changos, Ossa cosechaba un alga de nombre orchilla en las islas del litoral y la vendía a las industrias tintoreras de la región con buenas utilidades. Con los indígenas supo de las fantásticas historias de las riquezas del desierto.

Conoció a Diego Dublé de Almeyda, a quien admiró como el arquetipo del aventurero. Juntos emprendieron una expedición al desierto en busca de oro. Fracasaron, y Ossa perdió sus ahorros, pero ganó en conocimiento del territorio de la Cordillera de la Costa. Llegó hasta Iquique donde trabajó como cocinero en una salitrera.

De vuelta al Sur, se instaló en el puerto boliviano de Cobija a finales de 1845, en la época en que este comenzó a tener un auge económico, con una población de casi 900 personas. Allí se transformó en un hombre de negocios reconocido en la región.

Explotación del guano

El aumento de la demanda europea del guano, llevó a Ossa a buscar este recurso, que encontró cerca de Mejillones. Obtuvo el permiso del gobierno de Bolivia para explotarlo en 1849, pero no logró los resultados económicos esperados.

Viajó a Valparaíso en marzo de 1850 y formó una sociedad limitada con Rodolfo Guyer y Pedro Macrefert, quienes pusieron el capital para los gastos de explotación del guano.

La muerte de su esposa en 1855, lo afectó profundamente, desintegrando momentáneamente a su familia. Trasladó a sus hijos a Freirina.

Reinstalado en Cobija inició una febril actividad de exploraciones al desierto en distintas direcciones, y benefició minerales. Además, con una máquina se dedicó a destilar agua de mar para el consumo del puerto. En abril de 1860, estando de exploración al sur de Cobija, descubrió salitre, pero conservó el secreto.

Los dos primeros años de explotación de los depósitos de guano en Paquica le permitieron formar una poderosa fortuna.

¿Cómo era él?

Con su fortuna, Ossa pudo volver a Freirina a reunirse con su familia y comenzó a planificar sus nuevos proyectos comerciales. Dejó a sus hijos en el Colegio Inglés de Valparaíso y viajó a Chillán en 1861, desde donde expandió sus negocios entre Arica y Tomé. Se vinculó al negocio banquero, maderero y de pertrechos mineros.

José Santos Ossa era de estatura mediana, corpulento, de cabello negro y abundante barba. Acostumbraba a vestir de negro, casi invariablemente de levita; el cuello de la camisa recto, cerrado por la corbata de seda, angosta, con nudo de rosa.

Una tragedia familiar

La crisis económica de 1861 le hizo perder sus propiedades y sus activos. Regresó a Cobija a comenzar todo nuevamente. Fue nombrado cónsul honorario de Chile en territorio boliviano, y sus hijos volvieron de Europa, donde los había enviado a estudiar.

Viajó a La Paz a hablar con el Presidente boliviano Mariano Melgarejo sobre las condiciones que necesitaba para explotar el salitre que había encontrado.

En 1863 inició nuevas exploraciones al desierto en busca de yacimientos de plata, para reunir capital, pero sufrió una nueva tragedia: el 10 de diciembre de 1865 se quemaron su casa y sus bodegas de trabajo, donde tenía las maquinarias y maderas.

Viajó entonces a Valparaíso para encargar maderas para rehacer su casa y una nueva máquina para destilar agua, ya que había perdido la suya en el incendio. Regresó a Cobija y continuó embarcando cobre para la firma Edwards, recibiendo la ayuda de amigos para pagar sus deudas.

Volver a empezar

Con su bien guardado secreto sobre los depósitos de salitre, a mediados del año 1866 Ossa realizó una expedición a la región antofagastina. Tras innumerables peligros y privaciones, descubrió los salares de la zona de Aguas Blancas. El gobierno boliviano le entregó dos terrenos en concesión: uno para explotar el Salar El Carmen y otro en la caleta La Chimba.

En 1875, con 48 años, realizó su última gran aventura: explorar las Islas Desventuradas, que probablemente contenían guano. Luego viajó a las islas San Félix y San Ambrosio, donde había tan mal tiempo, que contrajo una pulmonía que se agravó en el viaje de regreso, falleciendo en alta mar el 5 de agosto de 1878. Sus restos fueron enterrados en la Recoleta Franciscana de Santiago el 13 de agosto de 1878.