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Osorio, Mariano

Militar español y Gobernador de la corona española en Chile. Tras desconocer el Tratado de Lircay, el Virrey Fernando de Abascal lo envió al mando de una expedición militar que logró derrotar a las fuerzas de Carrera y O’Higgins en Rancagua, reinstaurando la Monarquía en Chile. 

Mariano Osorio nació en Sevilla, España, en 1777 y murió en Cuba en 1819. Siendo joven, inició su desempeño militar sirviendo en el arma de artillería. Su carrera se vio impulsada por la invasión francesa a España (1808) y fue trasladado a Lima en 1812, como Comandante General de Artillería y Profesor de Matemática de la Escuela Militar.

Esto último contrasta con la opinión de algunos historiadores, que han señalado que Osorio era solamente un militar que obedecía ordenes y que no poseía mayor cultura.

Mariano Osorio desembarcó en el puerto de Talcahuano el 13 de agosto de 1814 como nuevo jefe de las fuerzas realistas, junto a 5 mil soldados bien armados y entrenados, para reemplazar al Brigadier español Gabino Gainza y a su vez, detener el movimiento independentista de los patriotas.

Tras la campaña que terminó con su triunfo en Rancagua, ocupó la Gobernación de Chile entre 1814 y 1816. Retornó al mando de otra fuerza militar a inicios de 1818 y fue finalmente derrotado en Maipú el 5 de abril. Luego de su derrota, se dirigió hacia Talcahuano y posteriormente a Callao. En la capital virreinal, se le hicieron cargos militares de los que fue absuelto. Sin embargo, abandonó el Perú con destino a España. Mariano Osorio era casado con Joaquina de la Pezuela, hija del Virrey del Perú.

Restablece la Monarquía

Tras desconocer el Tratado de Lircay, el Virrey Fernando de Abascal lo envió al mando de una expedición militar que logró derrotar a las fuerzas de Carrera y O’Higgins en Rancagua, reinstaurando la Monarquía en Chile.

Mariano Osorio asumió como gobernador del país entre 1814 y 1816. Adoptó una serie de medidas cuya finalidad era restablecer el normal funcionamiento de las instituciones políticas monárquicas y enjuiciar a los culpados de alterar el orden político.

Osorio rehabilitó el presidio de Juan Fernández y confinó en él a los más implicados en el proceso revolucionario que aún estaban en Chile, y -una vez que se restableció la Real Audiencia- ordenó que se iniciaran los correspondientes procesos judiciales, respecto de los cuales siempre trató que fuesen justos e imparciales. Asimismo, tomó una serie de medidas militares que tendían a establecer la seguridad del territorio ante un posible ataque por parte de las fuerzas revolucionarias trasandinas.

Entre otras determinaciones, ordenó la clausura del Instituto y la Biblioteca Nacional y autorizó la circulación de un nuevo periódico llamado Viva el Rey, cuyo editor fue Fray José María de la Torre. A pesar de las divisiones que la guerra había generado y del posible peligro de su reactivación, Osorio solicitó -a través de diputados que partieron a España- el indulto real para los detenidos. Esto finalmente se logró en 1816, pero que fue aplicado por su sucesor solo de manera parcial.

Su personalidad

Algunos autores lo acusan de haber dejado actuar libremente a los miembros del Regimiento de Talavera de la Reina, los que, según otros, se habrían convertido en una fuerza que actuaba autónomamente con el beneplácito del Gobernador. El hecho más sanguinario en el que tuvieron participación fue la matanza de varios presos detenidos en la cárcel de Santiago, ante lo cual Osorio no adoptó ninguna determinación.

El Gobernador se hizo conocido por las apostillas con que acostumbraba resolver un sinnúmero de peticiones. Por ejemplo, ante una solicitud cursada por Raimundo Sessé -militar español que sirvió como ayudante de Carrera en 1813 y que participó en varios encuentros militares, incluyendo la Batalla de Rancagua- en la que apelaba del fallo dado en su contra por el Tribunal de Vindicación, Osorio se limitó a responder: “Se encarga al interesado que no revuelva lo que está tapado”.

En otro caso, el de Juan Martínez Luco y Aragón, quien ante el cobro de un empréstito forzoso aducía que por antiguos privilegios de su casa estaba exento de contribuciones, le contestó: “Como Luco y Aragón, libre de contribución. Como vecino y pudiente, pagará al día siguiente”.

Chile: un nuevo escenario

En 1816, Osorio partió a Lima, al ser reemplazado como Gobernador por Casimiro Marcó del Pont. Regresó al país nuevamente al mando de fuerzas realistas en 1818, tras la Batalla de Chacabuco, que el año anterior había vuelto a los revolucionarios al poder.

La situación era compleja, no solo porque en Chile se había producido otro triunfo revolucionario, sino también porque el comercio entre este territorio y el Perú -del cual ambos obtenían pingues beneficios- una vez más se había dificultado.

Por otro lado, la situación financiera del Virreinato era mucho más compleja que en 1814. El constante esfuerzo bélico había agotado los recursos.

Por ello, es posible decir que la fuerza militar que Osorio comandaba en esta segunda oportunidad había sido organizada con muchas dificultades. Constaba de 3.606 hombres y estaba equipada con 3.420 fusiles, 472 carabinas, 10 piezas de artillería, con los implementos respectivos, medio millón de cartuchos de fusil, 6.000 cartuchos de tercerola, 2.000 de pistola, 26.000 piedras de chispa, 472 quintales de pólvora, 200 resmas de papel para cartuchos, fuegos artificiales, herramientas de carpintería y armería y otros artículos. Su costo total fue de 1.002.258 pesos, cifra bastante cuantiosa en aquella época.

El país volvió a la guerra. Osorio obtuvo una importante victoria en Cancha Rayada (19 de marzo de 1818), donde sorprendió al ejército chileno y casi lo aniquila. En esta batalla, Bernardo O’Higgins resultó herido en un brazo. Siguiendo su avance hacia la capital, Osorio fue detenido en los llanos de Maipú el 5 de abril del mismo año.