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Pizarro, Francisco

Conquistador del Perú. En 1531, Pizarro inició la conquista del imperio inca, viéndose favorecido por la guerra civil entablada entre los sucesores del inca, los hermanos Atahualpa y Huáscar. Así comenzaría a desaparecer otra importante cultura americana.

Francisco Pizarro González nació el 16 de marzo de 1478, en la ciudad de Trujillo, Cáceres, España. Fue hijo natural del alférez del ejército de los Reyes Católicos Gonzalo Pizarro y de la campesina Francisca González Mateos. Su infancia fue pobre y difícil. No acudió a la escuela; solo se dedicó a cuidar cerdos, por lo que no aprendió a leer ni escribir.

En su juventud tomó parte, junto con su padre, en las campañas italianas de Gonzalo Fernández de Córdoba (1498-1501), conocido como El Gran Capitán. Luego viajó a América (1502) en la expedición de Nicolás de Ovando. De ahí, participó en la expedición de Alonso de Ojeda, que exploró América Central (1510), y más tarde en la de Vasco Núñez de Balboa, que culminó en el descubrimiento del Océano Pacífico (1513). De 1519 a 1523, fue encomendero y alcalde de Panamá.

En 1524 se asoció con Diego de Almagro y el clérigo Hernando de Luque, repartiéndose las responsabilidades de la expedición para la conquista de un rico imperio indígena, que por las noticias que manejaban se encontraba hacia el sur. Siendo este territorio, el Imperio Inca. La empresa se realizó entre 1524 y 1533.

En noviembre de 1524 Pizarro salió desde Panamá en busca del Perú . Tiempo después lo siguió su socio Almagro. Esta primera expedición exploró el actual territorio de Colombia, para posteriormente retornar a Panamá (septiembre de 1525). La segunda etapa se inició a principios de 1526. Los primeros lugares en ser reconocidos fueron las inmediaciones del río San Juan, donde la escasez de provisiones obligó a Almagro regresar a Panamá en busca de auxilios. Una vez reiniciado el viaje (enero de 1527), los expedicionarios llegaron hasta el actual territorio ecuatoriano, donde fueron atacados por los indígenas, debiendo refugiarse en la Isla del gallo. Nuevamente, Almagro debió partir hacia Panamá en busca de refuerzos.

Mientras tanto, Pizarro debió hacer frente al descontento que cundía entre sus hombres. En la Isla del Gallo la situación era difícil y muchos hablaban de abandonar la empresa. Pizarro, entonces, reunió a sus hombres. Trazando una línea en el suelo diciendo que hacia el sur se encontraba la riqueza del Perú y hacia el norte de Panamá, a lo que agregó que quien quisiese seguir adelante cruzara la línea junto a él. De alrededor de 80 hombres con que contaba, sólo 13 pasaron sobre la línea y han sido conocidos como los Trece de la Fama.

En enero de 1528, el piloto Bartolomé Ruiz recogió a Pizarro y a sus hombres; partieron hacia el sur y exploraron la región de Tumbes, situada al sur de Guayaquil y retornaron a Panamá

Tras esta experiencia, Pizarro decidió partir a España. El objetivo de su viaje era tratar con la Corona la conquista de lo que ya se sabía eran tierras muy ricas.

Entre 1524 y 1528, Pizarro y sus socios hicieron dos intentonas de conquista, pero en ambas fracasaron, por lo que Pizarro se dirigió a España en 1529 a pedirle al emperador Carlos V el apoyo necesario para la Conquista. Para ello, el rey dispuso la redacción de un convenio, la Capitulación de Toledo(17 de agosto de 1529), en la que se le asignó la gobernación del territorio denominado Nueva Castilla, y a Almagro se le concedió el título de adelantado.

Así fue como a fines de enero de 1531, Pizarro emprendió el tercer viaje con 180 hombres y tres navíos, con los que llegó a Tumbes. Luego, siguió a Tangarara, donde fundó la primera población española, a la que llamó San Miguel de Piura (1532), y continuó hasta Cajamarca, a fin de encontrarse con Atahualpa, hijo de Huayna Cápac (inca soberano del territorio de Quito), que estaba en guerra civil con su hermano Huáscar (inca soberano de Cuzco). Pizarro envió emisarios al inca Atahualpa, invitándole a una entrevista.

El día convenido, Atahualpa llegó a la ciudad, haciendo su ingreso a ella rodeado de sus sirvientes y de importantes dignatarios del Imperio Inca. El padre Valverde se aproximó hacia él y tras leerle el requerimiento – documento donde se explicaban las razones por las que los indígenas debían reconocer la autoridad del Rey y la supremacía de la iglesia católica – le acercó una Biblia para que jurara fidelidad. Atahualpa examinó el libro y luego, sin mayor interés, lo arrojó al suelo. Este gesto fue interpretado como un rechazo e inmediatamente se dieron las órdenes de acción respectivas. Atahualpa había ofrecido comprar su libertad, lo que fue aceptado por los españoles. Paulatinamente fueron llegando grandes cantidades de oro con las que el Emperador pagaría su rescate. Sin embargo, al poco tiempo los conquistadores descubrieron que Atahualpa había ordenado, estando prisionero, la muerte de su medio hermano Huáscar, con quien recientemente había tenido una disputa militar por el gobierno del Imperio. Atahualpa fue juzgado y condenado a muerte. Tras muchas tratativas, aceptó ser bautizado y entonces fue ejecutado. El rescate pagado quedó en manos de los conquistadores, originando enormes fortunas.

A continuación, Pizarro se alió con la nobleza del Cuzco, lo cual le permitió completar la conquista de Perú.

Tras nombrar inca a un hermano de Atahualpa, Manco Cápac II, Pizarro marchó al Cuzco, capital del Imperio Inca, ocupándola en noviembre 1533. Su hermano Hernando fue nombrado regidor de esta ciudad. Como capital de los territorios conquistados, Pizarro fundó Lima con el nombre de Ciudad de los Reyes (6 de enero de 1535).

Por orden suya, su hermano Juan se trasladó a España para comunicar al rey la conquista del Perú, llevarle el fabuloso tesoro obtenido y exponer las peticiones de su hermano y de Almagro. Juan consiguió para su hermano el título de marqués, así como la ampliación de su gobernación, de 200 a 270 leguas.

El Cuzco fue objeto de disputa entre Pizarro y Almagro, pues cada uno consideraba que era de su gobernación. El más importante enfrentamiento fue después de la infructuosa expedición a Chile de Almagro. Este trató de ocupar de nuevo el Cuzco, el cual, defendido por su regidor Hernando Pizarro, estaba resistiendo desde hace un tiempo el largo cerco por parte de los incas sublevados al mando de Manco Cápac II. Este levantó el bloqueo, lo que aprovechó Almagro para encarcelar a Hernando y a Gonzalo Pizarro.

Sin embargo, gracias a la mediación de fray Francisco de Bobadilla, Almagro puso en libertad a los hermanos, y Pizarro reclamó la posesión del Cuzco, avisándole a Almagro que dejase la ciudad. Esto llevó a una lucha armada. Hernando venció a Almagro en la batalla de las Salinas (abril de 1538), lo hizo prisionero y lo ejecutó sin esperar a la llegada de Francisco, quien regresaba al Cuzco con el hijo de Almagro como rehén.

Pedro de Valdivia, uno de los militares que sirvió bajo las órdenes de Pizarro en Las Salinas, decidió tomar la empresa que Almagro había abandonado.

Las noticias que el adelantado y sus hombres habían llevado hacia el Perú acerca de Chile no eran alentadoras. Sólo se habían encontrado algunas comunidades indígenas y no el oro que, según los naturales del Perú, era abundante.

Sin embargo, Valdivia insistió en que Pizarro, quien había sido autorizado por la Corona para traspasar aquella empresa a quien se interesara en ella, lo facultara para emprenderla.

El insistente Valdivia logró, en abril de 1539, que Pizarro lo nombrase como su teniente de Gobernador en Chile, autorizándolo entonces a reiniciar la conquista del territorio.

Tras la Batalla de las Salinas, el poder de Pizarro se asentó firmemente. Sin embargo, ya en mayo de 1541 un drama empezaba a anunciarse: curiosamente, en Santiago del Nuevo Extremo circulaban, por boca de los indígenas, rumores sobre la muerte de Pizarro a manos de Diego de Almagro el Mozo, hecho que no se había producido. También en el Perú existían algunos indicios de una conjura, pero Pizarro no les dio mayor importancia.

El domingo 26 de junio de 1541 los almagristas se presentaron en la Plaza de Armas de Lima e ingresaron en su casa, ultimando con armas blancas a cuantos se cruzaban en su camino. Pizarro se enfrentó armado a sus victimarios. Recibió una estocada, pero continuó luchando hasta que fue alcanzado en la garganta y luego golpeado con un objeto contundente en la cabeza. Actualmente sus restos se encuentran en la Catedral de Lima.

La muerte de Pizarro en 1541 se relaciona directamente con sus disputas con Diego de Almagro, uno de los descubridores de Chile. De hecho, falleció como consecuencia de una revuelta que en su contra dirigió Diego de Almagro el Mozo, hijo natural del adelantado, quien buscaba vengar la muerte de su padre.

Entrevista con Atahualpa

El día convenido, Atahualpa llegó al Cuzco a la entrevista con Pizarro. El sacerdote Vicente Valverde se aproximó hacia él y tras leerle el Requerimiento -documento donde se explican las razones por las que los indígenas debían reconocer la autoridad del rey y la Iglesia católica-, le acercó la Biblia para que jurara fidelidad. Pero Atahualpa la arrojó al suelo. Por este hecho, fue apresado y condenado. Aunque ofreció comprar su libertad, Pizarro supo que, estando preso, había mandado matar a su hermano Huáscar, razón que se invocó para ejecutarlo el 29 de agosto de 1533.