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Urmeneta García, José Tomás

Empresario chileno.En 1853 inició una diversificación de sus inversiones, levantando lo que se calificaría como un “imperio” con las utilidades de las minas de Tamaya. Hasta 1860 se había expandido a la minería de la plata, del cobre en Tamaya, del oro y del carbón. Asimismo, había establecido sus propias empresas: la Sociedad Chilena de Fundiciones y la Sociedad de Gas de Santiago. Además, invirtió -entre otras- en sociedades anónimas como Ferrocarril del Sur; la Compañía Chilena de Seguros; y el Banco Nacional de Chile.

Nació en Santiago el 8 de octubre de 1808. Fue el primogénito del matrimonio conformado por Tomás Ignacio Urmeneta Guerra y Manuela García-Abello Pizarro, que tuvo un total de 7 hijos.

En 1823, después de sus primeros años de estudios básicos, José Tomás fue enviado a un colegio mercantil en Rhode Island, Estados Unidos, graduándose en Leyes y Artes en la Universidad de Brown. En 1827 regresó a Chile con 19 años y una sólida educación inglesa y de Economía moderna. El joven Manuel se unió a la sociedad comercial organizada por Francisco Javier Urmeneta García con Manuel Hipólito Riesco y José María Sánchez, pero la empresa no prosperó. Se trasladó entonces a Londres, de donde volvió en 1831.

El 7 de junio de 1832 se casó con Carmen Quiroga y Darrigrande, con la cual tuvo tres hijas: Manuela, Carmen y Amalia.

Se incorporó a la minería del cobre a comienzos de la década 1830 y gracias a esta actividad se hizo millonario. En la década de 1870, llegó a convertirse en un exitoso empresario, caracterizado por la diversidad de sus inversiones. No dudó en hipotecar su fortuna para conseguir sus proyectos: en la modernización minera, en el área financiera, en la industrial y en la de bienes raíces urbanos y rurales.

También fue parlamentario -diputado por Ovalle (1846-1849), diputado por Elqui (1852-1855) y senador (1855-1864)- y candidato a la Presidencia de la República.

Murió el 20 de octubre de 1878.

Se inicia en la actividad minera

En Inglaterra, Urmeneta se desempeñó como agregado a la Legación chilena, impregnándose de las transformaciones económicas y sociales de la Revolución Industrial, y de las virtudes burguesas de la época: espíritu de empresa, racionalidad económica y moralidad. Tras regresar a Chile (1831), acudió a su hermana Josefa, casada con Mariano Ariztía, minero de gran fortuna de las minas Arqueros y Tamaya en la provincia de Coquimbo. Cuando tenía 23 años, su cuñado lo nombró administrador de las haciendas Sotaqui y Guallillinga. Junto a su familia, se estableció en esa región y se dedicó a la minería.

Exitoso empresario

Su espíritu empresarial y sus relaciones políticas con mineros de buena fortuna, le permitieron a Urmeneta optar a créditos para incorporar nuevas tecnologías, y convertirse en un par de décadas en uno de los hombres más ricos del país.

En octubre de 1833, a los 25 años, denunció la mina que denominó Las Mollacas, veta secundaria del mineral de Tamaya, donde encontró un rico filón de cobre de alta ley. Esto le permitió continuar trabajándola por 8 años. Denunció nuevas minas abandonadas, destacándose en 1834 El Durazno o El Pique, a la cual incorporó tecnologías modernas.

Una nueva etapa

Debido a problemas financieros -producto de dos inviernos lluviosos seguidos que inundaron los piques, lo que paralizó la extracción-, Urmeneta terminó la década de los años cuarenta casi en bancarrota. Acudió a su cuñado Mariano Ariztía para un préstamo e inició una nueva etapa que rindió sus frutos en octubre de 1852, cuando encontró una rica veta de cobre en el frontón Campino, uno de los piques de Tamaya con buena ley. Hasta 1855, logró avanzar los anteriores socavones, llegando a contar con 360 trabajadores en 1857. Sus hallazgos fueron favorecidos por el alza de la demanda internacional por el cobre, producto de la guerra de Crimea.

Diversifica sus inversiones

En 1853 inició una diversificación de sus inversiones, levantando lo que se calificaría como un “imperio” con las utilidades de las minas de Tamaya. Hasta 1860 se había expandido a la minería de la plata, del cobre en Tamaya, del oro y del carbón.

Asimismo, había establecido sus propias empresas: la Sociedad Chilena de Fundiciones y la Sociedad de Gas de Santiago.

Además, invirtió -entre otras- como socio capitalista en Molinos San Cristóbal; Fábrica de Tejas y Ladrillos; bienes raíces rurales y urbanos; en préstamos a comerciantes; en acciones en el Banco Bezanilla Mac Clure y Cía.; en sociedades anónimas como Ferrocarril del Sur; la Compañía Chilena de Seguros; y el Banco Nacional de Chile.

Vida en Santiago

Urmeneta se instaló definitivamente en Santiago a finales de 1855. Su éxito lo relacionó con otros empresarios como Matías Cousiño y Domingo Matte; también se contactó con políticos, llegando a ser elegido consejero de Estado en 1853.

Fue electo senador por el período 1855-1864, integrándose a la Comisión de Hacienda del Congreso y como miembro del consejo administrativo de la Caja de Crédito Hipotecario, creada en 1855. Además, participó en actividades filantrópicas al igual que su esposa.

Intenso trabajo

En 1857, gracias a la diversificación de sus inversiones, Urmeneta logró resistir la crisis del descenso del precio internacional del cobre. Una vez superada esta, en 1860 inició la compra de las principales minas de Tamaya y sus alrededores, asociadas a las fundiciones de Guayacán. De esta manera contribuyó a que Chile llegara a ser el primer productor de cobre a nivel mundial entre los años 1861-1870. Este último año Tamaya llegó a contar con 39 minas, 480 labores de beneficio, 258 en broceo, con una ley del 17 por ciento, 3 minas con máquinas a vapor para sacar el agua y 17 bombas manuales. Nueve minas tenían máquinas a vapor para extraer el mineral, mientras que otras 23 minas seguían ocupando apires; empleando un total de 7.150 trabajadores, cifra que aumentaba con los que vivían en las dos placillas de Tamaya.

Problemas económicos

A finales de la década de 1850, la Sociedad Chilena de Fundiciones quebró por deuda con la casa comercial Gibbs. Esta firma, de propiedad inglesa de Anthony Gibbs y Sons de Londres, llegó a tener la consignación oficial de las exportaciones del cobre producido en Chile, y a través de sus intermediarios Ossa y Escobar y A. Edwards, habilitó con préstamos y tecnología a Urmeneta. En febrero de 1859, Urmeneta y Errázuriz y Cía se reorganizó para liquidar la empresa de fundiciones, pactando la deuda con Gibbs. A pesar de haber podido pagar sus compromisos inmediatos, las crisis sucesivas no le permitieron independizarse de la firma inglesa.

Continúa prosperando

En la década de 1860 Urmeneta siguió modernizando Tamaya para aumentar la producción ante la baja del precio internacional del cobre, pudiendo salvar los costos y obtener algunas utilidades relativas en años de buenos precios. Inició la construcción de un ferrocarril entre Tamaya y la fundición de Tongoy, que estuvo listo en 1867. En la década de 1870 el mineral aumentó su producción por la demanda de la guerra franco-prusiana y los demás países europeos. En este mismo período, el empresario invirtió con éxito en la hacienda Limache, en ganado, y en una viña de cepa francesa. En 1872 creó, junto a la Municipalidad de Santiago, la Compañía de Construcciones de Santiago.

Candidato a Presidente

En el ámbito político, fue progresista en materias económicas y de las libertades ciudadanas, siendo partidario del gobierno de Manuel Montt por las reformas económicas que hizo en su administración.

Se convirtió en opositor del gobierno de José Joaquín Pérez, llegando a ser proclamado candidato presidencial en enero 1871 por una convención en que participaron radicales, liberales y nacionales.

Compitió en las elecciones del 25 de junio contra el candidato oficial Federico Errázuriz Zañartu y perdió por 226 votos contra 58, en medio de denuncias de fraude electoral.

Muere en su hacienda de Limache

En abril de 1873 viajó a Europa a visitar a su hija en Londres, donde compró artículos y muebles para su mansión santiaguina. Volvió en octubre del mismo año y continuó atendiendo sus negocios desde la hacienda de Limache, donde vivió hasta su muerte. En su testamento, el que había hecho tres años antes, dejó donaciones a sirvientes y familiares.