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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Identidad y diversidad cultural

4° Básico

Antiguos pobladores de Chile

Para los tiempos más antiguos, donde grupos de cazadores cazaban animales extinguidos (que en el presente ya no existen), se usa el nombre de Paleoindio, que los caracterizaba hasta el 9000 a.C. aproximadamente.

Luego, otros grupos de cazadores y recolectores dominaron por miles de años el territorio, tanto del norte como del centro-sur, entre el 9000 a.C. y el 1500 a.C. Este gran período se llama Arcaico. Dentro de estos tiempos de cazadores, también se incluyen las actividades de los pescadores y recolectores de moluscos y de los domesticadores de animales.

La aparición de la agricultura, la formación de aldeas, el comercio entre aldeas de diversos productos -alfarería, tejidos, materias primas, minerales- corresponden a lo que se conoce como período Agro-alfarero. En algunas zonas está subdividido en Temprano, Medio y Tardío, que en conjunto abarcan desde el 1500 a.C. al 1470 d.C. Durante el período Tardío se produjo la dominación del Tahuantinsuyo, como se denominaba al imperio Inca, cuya influencia llegó hasta la actual VI Región.

La llegada de los españoles en 1536 dio inicio al período Hispánico.

El Paleoindio en Chile

Los comienzos del paleoindio no se conocen (30000 / 20000 a.C.), pero se calcula que terminó hacia el 9000 a.C. Sin embargo, en algunos lugares se cazó fauna del Pleistoceno , conocida como mega fauna, hasta aproximadamente el 7000 a. C.

Durante este período había cazadores y recolectores que pertenecían a la especie Sapiens (el Homo sapiens sapiens es la especie humana actual, surgió hace cien mil años) y tenían un bagaje cultural y tecnológico (habían perfeccionado las técnicas de fabricación de herramientas) propio del Paleolítico Superior.

Estos primeros habitantes de América, que estaban en Chile hacia el 10600 a.C. -como demostró el descubrimiento de Monte Verde-, vinieron de Asia, cruzaron el estrecho de Bering, y siguiendo la fauna iniciaron la conquista de estos nuevos territorios. En el territorio chileno hay por lo menos cuatro yacimientos paleoindios desde la IV Región (Coquimbo) hasta la XII Región (Magallanes).

Los yacimientos o sitios arqueológicos pertenecientes a este período cultural son:

– Quereo (IV Región)

– Tagua-Tagua (VI Región)

– Monte Verde (X Región)

– Cueva Fell (XII Región)

Todos estos sitios fueron ocupados por antiguos pobladores, pertenecen al período Pleistoceno, que terminó hacia el 10000 / 9000 a.C.

El campamento más antiguo

Desde fines de la década del setenta se ha investigado un yacimiento paleoindio conocido con el nombre de Monte Verde. Está en el sur, muy cerca del aeropuerto de la ciudad de Puerto Montt, en las márgenes del estero Chinchihuapi, en un ambiente de bosques húmedos.

Muy probablemente se trata de una ocupación humana situada en el 10620 a.C., lo que lo convierte en el campamento más antiguo de Chile.

Estaba organizado como una economía mixta, ya que la caza del mastodonte y paleocamélidos -camélidos prehistóricos- era tan importante como la recolección de una gran cantidad de vegetales, frutos e incluso de moluscos de agua dulce.

Estos cazadores y recolectores paleoindios constituyeron un emplazamiento semisedentario, con viviendas rectangulares hechas de madera, arena y grava (piedrecillas) compacta. Cerca de estas se encontraron fogones colectivos y braseros.

Los artefactos son de madera, de hueso y también de piedra. Hay algunos artefactos líticos (de piedra) que parecen haber sido usados como boleadoras y otros como mano de molienda (mortero). Algunos trozos de madera pueden haber sido mangos de artefactos, morteros, e incluso especie de puntas.

El trabajo de cuero también está comprobado. Restos de este se han encontrado junto a los troncos de las habitaciones.

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El período Arcaico

Ya en el período geológico actual, que como mencionamos se denomina Holoceno, se produjo el período cultural conocido como Arcaico, durante el cual los hombres prehistóricos eran pescadores, recolectores y cazadores de fauna y flora, que ya era como la actual.

Este período se inició alrededor del 8000 a.C., al término de las glaciaciones, cuando el clima comenzó a cambiar en el territorio que hoy conocemos con el nombre de Chile, y la flora y la fauna se adaptaron a este gran cambio.

Los diferentes grupos humanos que existían en el norte vivían en las zonas altas de la Cordillera de los Andes, quebradas que bajaban al mar y las planicies costeras del océano Pacífico.

Más al sur tampoco había relación entre los distintos grupos. Vivían semiaislados, solo alrededor de una familia extensa (padres, hijos, abuelos, hermanos, tíos, primos, etc). Algunos practicaban la pesca y la recolección de moluscos; otros cazaban conejos, coipos, zorros, camélidos (guanacos), aves, entre otros.

Con el paso de los milenios, estos cazadores fueron aumentando. Perfeccionaron cada vez más sus herramientas, lo que les permitió dominar mejor su entorno natural.

Los arqueólogos dividen el período Arcaico en Temprano (8000 – 6000 a.C.), Medio (6000 – 4000 a.C.) y Tardío (4000 – 1500 a.C.), de acuerdo con la tecnología de los instrumentos que tenían los cazadores y a sus actividades sociales y económicas.

Hacia el Arcaico Medio, algunos de estos grupos de cazadores recolectaban plantas silvestres (aparece el mortero) y, en general, diversifican su alimentación y sus actividades.

Otro aspecto muy interesante es que en el Arcaico Tardío estos habitantes de aleros –cuevas pequeñas– y cuevas comenzaron a pintar las paredes (arte rupestre). Es el caso de Guañure, que data del 2430 a.C., y Puxuma, hacia el 2290 a.C. –ambas en la zona cordillerana de la I Región–, donde se hallaron escenas de caza, en las que aparece descrita la fauna del período. Más al sur, cerca de los ríos Loa y Salado (II Región), hay hermosas pinturas rupestres, en las que los camélidos dominan las escenas. Es muy probable que ellas pertenezcan al período Arcaico más antiguo.

A finales del Arcaico, la multiplicación de nuevas técnicas de tejidos, nuevas formas de organización (aldeas) anuncian poco a poco un nuevo período cultural: el Agro-alfarero (o Neolítico).

Por último, pero no por eso menos importante, en el período Arcaico se desarrolló en la costa del norte de Chile una forma de vida espiritual, económica y social que se conoce como Tradición Chinchorro o Fase cultural Chinchorro. Estos antiguos pescadores y habitantes de la costa (6000 – 2000 a.C.) preparaban a sus muertos (momificándolos), para conservar sus cuerpos por mucho tiempo.

Las comunidades aldeanas

Como hemos relatado, los primeros habitantes que ocuparon los territorios de Chile fueron cazadores, recolectores y pescadores, y por muchos milenios deambularon por diversos paisajes haciendo uso de sus conocimientos para subsistir. Como se explicó con la descripción de los períodos Paleoindio (correspondiente al Paleolítico europeo) y Arcaico (de desarrollo similar al Mesolítico europeo), que se diferencian por la sofisticación de sus instrumentos (armas y herramientas) y las características de la fauna y la flora (mega fauna o fauna actual).

Posteriormente volvieron a producirse cambios culturales y sociales muy importantes, debiendo los arqueólogos nominar a estos nuevos tiempos según las características que presentan los restos de los sitios estudiados. El nuevo período se ha denominado Neolítico (usando una expresión clásica de la prehistoria del Viejo Mundo), de las comunidades aldeanas o Agro-alfarero (1500 a.C.-1470 d.C.) . Este período cultural se caracteriza por la producción de alimentos (agricultura), el poblamiento habitacional aglutinado (aldeas), la presencia de tiestos alfareros, el uso de otras técnicas (diferentes tipos de textiles), y el comercio de productos.

Este gran período se divide en tres fases o sub-períodos: Temprano, Medio y Tardío. Las fechas que limitan estas fases no son exactas, ya que el desarrollo cultural de los pueblos tuvo ritmos distintos, pero nos aproximan a una cronología verosímil (próxima a la verdad).

La producción de alimentos, centrada en el maíz, zapallo, papa, poroto, quinoa, entre otros, permitió el crecimiento de la población. Esta se fue extendiendo, de norte a sur, por los valles y quebradas que tenían buenas tierras para el cultivo.

Los especialistas que estudian la prehistoria de Chile han nominado algunos de estos desarrollos sociales y económicos con términos específicos. Por ejemplo, en Arica se habla de la cultura Arica, en San Pedro de Atacama se conoce la cultura atacameña o San Pedro, en La Serena están las culturas El Molle y Diaguita, en Chile central El Bato, Llolleo y Aconcagua, y al sur del río Bío-Bío las culturas Pitrén y El Vergel.

Se habla de -culturas- porque cuando los aldeanos ocupaban un territorio determinado no solo lo explotaban, sino que con sus instrumentos, herramientas, tecnologías, todo su acervo o costumbres culturales (casa, corrales, vestimentas, adornos, utensilios de comida y bebida, cerámicas), más todas sus creencias y tradiciones, organizaron un estilo de vida propio.

Las culturas citadas son estudiadas según los restos que se conservan a través del tiempo en esas regiones.

Culturas nortinas

Las culturas más antiguas agro-alfareras o neolíticas en el norte de Chile constituyen el período Temprano (1500 a.C. – 300 o 200 a.C.). En Arica, algunos estudiosos hablan de la fase Alto-Ramírez como el aglutinador de los comienzos de la vida aldeana agrícola. Otros mencionan la fase El Morro, la fase Azapa como ejemplos de este período temprano.

En San Pedro de Atacama los arqueólogos han organizado una cultura que tiene tres fases: temprana, media y tardía, que floreció desde el 500 a.C., aproximadamente, hasta la llegada de los españoles (1540 d. C.)

En general en el norte de Chile, especialmente en la I y II Región, la influencia de la gran civilización Tiahuanaco (Bolivia) ha sido fundamental para confeccionar cronologías y períodos culturales. La difusión de los objetos Tiahuanaco y de sus ideas está bien fechada entre el 500 d.C. y el 1000 d.C. Esto significa que influenció tanto el período Medio de las culturas de Arica como de la cultura atacameña.

Más al sur, la cultura El Molle, que se extendió desde Copiapó (III Región) hasta el río Choapa (IV Región), es un buen ejemplo de una cultura temprana. Situada entre el 200 a.C. y el 700 d.C. cubre la parte final del Temprano y parte del período Medio, si usamos las fechas de Arica y San Pedro de Atacama.

No debe extrañar que las fechas que hemos dado para las fases agro-alfareras varíen según la culturas y las zonas ocupadas por cada una de ellas. No son fechas exactas, ni tampoco el desarrollo cultural tan uniforme como algunos creen. Por ejemplo, si fuéramos rigurosos, El Molle debería terminar a comienzos de la era cristiana, siguiendo las fechas de Arica; pero no ocurre así. El Molle, con sus artefactos tempranos continúa en el tiempo, y cuando desaparece (700 d.C), termina también el período Temprano.

En la IV Región, la cultura llamada Las Animas (800 – 1200 d.C.) caracterizaría el período Medio, y la cultura Diaguita (1000-1536 d.C.) ejemplificaría al período Tardío.

En Chile central

En la zona central hemos mencionado dos culturas, El Bato y Llolleo, que caracterizaron al período Temprano, coincidiendo sus fechas con las de la cultura Molle (200 a.C. y el 700 d.C.). Surgieron a fines del último milenio anterior a la era cristiana, hasta el 700/800 d.C.

No formaron pueblos; sus habitaciones no estaban aglutinadas. Sus tiestos alfareros y otros artefactos, como pipas y tembetás (adornos labiales de cerámica o piedra), pueden relacionarse no solo con El Molle, sino también con la cultura Pitrén, al sur del río Bío-Bío (300 d.C.)

Estos agricultores de Chile central vivían entre los valles de los ríos Choapa (IV Región) y Cachapoal (VI Región), aunque manifestaciones de la cultura Llolleo han sido encontradas desde el río Illapel (también la IV Región, pero más al norte) al sur.

Además de los productos que cultivaban, complementaban su alimentación con la caza, recolección y pesca.

Hacia el 800/900 d.C. y hasta la llegada de la cultura inca se desarrolló la cultura Aconcagua, que le dio cierta homogeneidad cultural a los territorios situados entre los ríos Aconcagua (V Región) y Cachapoal (VI Región).

Entre otras características culturales se pueden mencionar los cementerios de túmulos (sobre los cuerpos enterrados construían monolitos de piedras), su alfarería denominada “Aconcagua Salmón” con el conocido motivo del trinacrio (figuras geométricas de color negro sobre un fondo de color anaranjado o salmón) y su economía agrícola.

Más al sur

Al sur del río Bío-Bío se han identificado dos culturas: Pitrén (300 -800 d.C.), que se desarrolló entre el río Biobío (VIII Región) y el lago Llanquihue (X Región) y El Vergel (1000 – 1500 d.C.), que se concentró entre los ríos Itata (VIII Región) y Toltén (IX Región).

En el caso de Pitrén, sus relaciones con las culturas de Chile central, llamadas formativas, son muy claras.

El Vergel, a su vez, representa una tradición cultural “Tardía” que fue contemporánea de la llegada de los españoles. Son conocidas sus urnas funerarias, su patrón de población dispersa -no formaban aldeas- y su economía principalmente agrícola.

Dentro de su tiempo se puede citar un estilo de cerámica llamada “Valdivia”, que ha sido considerado por algunos arqueólogos como prehispano, y por otros como hispano.

En relación al extremo sur de Chile, debemos afirmar que no hay desarrollo agro-alfarero y, por lo tanto, durante todos los siglos y milenios que hemos caracterizado en el norte, centro y sur de Chile, en el extremo sur solo hubo grupos de pescadores, cazadores y recolectores. En uno de los sitios paleoindios, la Cueva Fell, en la XII Región, se encontraron instrumentos de puntas característicos, los llamados “cola de pescado” (por su forma).

En estas regiones extremas tanto los cazadores como los pescadores, hasta aproximadamente el séptimo milenio antes de la era Cristiana, se alimentaban de fauna y flora que ya no existe en el presente.

El despliegue Inca

Hacia el año 1470 d.C., las tropas del Tahuantinsuyo (Imperio Inca) habían penetrado en el futuro territorio chileno, desde Arica, por los tambos de Chungará, de Mollepampa y el valle de Lluta, hasta los del valle de los ríos Cachapoal-Rapel.

Hacia 1490, su dominio administrativo y económico era manifiesto. En el norte grande había construcciones incas, caminos y todo tipo de estructura habitacional, además de los tambos y tambillos junto a los caminos.

San Pedro de Atacama (tambo de Catarpe), así como el norte chico (Viña del Cerro, valle del Copiapó) y las regiones centrales, fueron dominadas por alrededor de 70 años (hasta la llegada de los españoles).

Restos incásicos se reconocen en todas estas provincias, siendo muy conocidos los hallados en el cerro El Plomo, en el cementerio La Reina, en el cerro Chena (todos en la Región Metropolitana) y en el cerro de La Compañía en el valle del Cachapoal (en la VI Región).

No hay que olvidar que cuando llegaron a Chile, al comienzo los españoles fueron guiados por los incas. Aprovecharon el conocimiento que estos tenían de la minería de estos nuevos territorios para explotar sus yacimientos (Marga-Marga).

Entre sus artefactos más conocidos se encuentran su cerámica, sus tejidos, sus estructuras monumentales, sus cementerios, entre otros.

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