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Ciencias Naturales, Estructura y función de los seres vivos

5° Básico

Las etapas de la vida del ser humano

Nacer, crecer, madurar, envejecer y morir. Todo ser humano atraviesa esas etapas en un proceso de continuos cambios físicos, sicológicos e intelectuales.  En una evolución irreversible y permanente de cambios, nuestro cuerpo presenta fases de crecimiento, maduración y degeneración de los distintos órganos y tejidos.

  1. Las etapas de la vida del ser humano
  2. Neonato
  3. Infancia
  4. Adolescencia
  5. Adultez
  6. Vejez

Corresponde a la etapa que va desde el nacimiento hasta los 28 días de vida. Durante este corto período, los recién nacidos son seres muy vulnerables, que necesitan protección y cuidados constantes.

Deben sortear uno de los primeros desafíos vitales: acostumbrarse al abrupto cambio que significó abandonar el vientre materno y regirse por las condiciones que ofrece el medio externo.

En promedio, los neonatos miden cerca de 50 centímetros y pesan entre 2,5 y 4 kilos. Si bien un recién nacido ya cuenta con todos los órganos necesarios para sobrevivir, todavía debe ajustar sus sistemas a su nueva forma de vida.

Tareas que antes eran suplidas por la madre (a través de la placenta), como respirar, nutrirse y eliminar desechos, y que ahora deben ser realizadas de forma independiente por el bebé.

Aprender a respirar aire es una de las primeras grandes tareas. Inmediatamente después del parto, los pulmones del recién nacido se llenan del vital oxígeno, el cual llegará a cada una de las células del organismo.

Asimismo, su sistema circulatorio comienza a trabajar de manera autónoma, adaptando y cerrando algunos conductos, tales como el foramen oval, el conducto arterioso, que conecta la aorta con la arteria pulmonar, y los vasos umbilicales. Se produce un notable aumento del flujo sanguíneo pulmonar y un incremento de la presión de la cámara izquierda del corazón.

Los riñones, todavía inmaduros, comienzan paulatinamente a cumplir su tarea excretora y el sistema digestivo adapta sus mecanismos para una correcta absorción de sustancias. El único y vital alimento será hasta ahora la leche materna, que no solo contiene importantes nutrientes, sino también anticuerpos.

Sus ojos poseen una coloración no muy definida, hasta alrededor de la segunda semana después del nacimiento. Esto se debe a que estos importantes órganos no han sido expuestos a la luz, por lo que todavía no alcanzan el color definitivo. Poco a poco, comienzan a abrirlos y a explorar con ellos el mundo que los rodea.

Es posible que su nariz o las orejas se encuentren aplastadas, producto de la estrechez de los últimos meses en el vientre materno. De igual manera, su cabeza puede estar ligeramente alargada o deformada, debido a su difícil paso por el canal del parto.

Capacidad craneana

Para facilitar su paso por el canal del parto y permitir un normal desarrollo del cerebro, el cráneo del recién nacido no está completamente osificado ni cerrado. Como un rompecabezas que poco a poco junta sus piezas, el cráneo del lactante está conformado por huesos (un frontal, un occipital, dos parietales y dos temporales) y cuatro espacios blandos cubiertos por membranas fibrosas, a las cuales se les denomina fontanelas o suturas craneales. De estas últimas existen cuatro:

Fontanela anterior, bregmática o frontal, que se encuentra en la parte superior de la cabeza del recién nacido, posee forma de rombo y corresponde a la unión de las suturas frontal, sagital y coronaria.

Fontanela anterolateral o esfenoidal, de forma irregular y situada a ambos lados de la confluencia del hueso frontal, el parietal, el temporal y la porción superior del esfenoides.

– Fontanela mastoidea, ubicada a ambos lados del cráneo, donde se encuentran el hueso parietal, el temporal y el occipital.

– Fontanela posterior, de forma triangular, en el espacio ubicado entre el hueso parietal y occipital.

Las fontanelas son estructuras normales dentro del desarrollo de un recién nacido y, por lo general, desaparecen entre los 12 y 18 meses, periodo en el que finalmente todos los huesos del cráneo logran unirse para toda la vida. Médicamente, la presencia de las fontanelas ayuda a evaluar la presión intracerebral; si las fontanelas están abultadas, indican un incremento de la presión del cerebro.

 

Infancia

A partir de los dos años y hasta la llegada de la adolescencia, el individuo vive un periodo de aprendizaje y desarrollo. La infancia o niñez es una etapa importante de desarrollo, en la que se adquieren numerosas habilidades, como hablar, leer y comprender ideas.

En comparación con otros mamíferos, los seres humanos vivimos una infancia bastante prolongada, que dura, incluso, más de diez años. Esto posibilita que incorporemos suficientes conocimientos para que, desde la etapa siguiente y hasta el final de la vida, nos desarrollemos como personas independientes.

Durante este periodo los niños se vuelven más precisos en sus movimientos, aprendiendo a saltar, correr o andar en bicicleta.

Pueden coordinar variados movimientos y su motricidad fina es cada vez mayor. También logran controlar la eliminación de desechos, mediante el manejo de los músculos de la vejiga y de aquellos implicados en la defecación.

Peso y estatura

Durante la infancia, niños y niñas sufren importantes cambios en cuanto a su peso y altura. Entre los tres y cinco años, crecen a un ritmo de seis a ocho centímetros por año. Posteriormente y hasta la pubertad, alcanzan hasta seis centímetros de desarrollo por año. Ya a los nueve años, los niños han adquirido tres cuartas partes de su estatura definitiva.

Todo este importante incremento de estatura, que necesariamente va ligado a un aumento de peso, porque el tamaño del cuerpo es más grande, está controlado por la acción hormonal.

Así, desde el hipotálamo se activa una sustancia específica que estimula la producción de la hormona del crecimiento o somatotropina (STH). Esta es secretada desde el lóbulo anterior de la hipófisis (glándula situada en la base del cerebro) hacia el torrente sanguíneo que la lleva hasta el hígado y los riñones, en donde se convierte en la sustancia activa que estimula el crecimiento de los huesos y músculos y su completa osificación.

Razonamiento y aprendizaje

Gracias al desarrollo neuronal y al progresivo crecimiento del cerebro, a partir de la infancia, el niño es capaz de desarrollar actividades intelectuales más complejas.

Durante esta etapa, es de vital importancia la incorporación del lenguaje y el desarrollo del habla. Desde los dos años, niños y niñas sustituyen sus primeros balbuceos por agrupaciones de palabras que transmiten un sentido mayor.

Aproximadamente a los cuatro años, son capaces de participar en conversaciones.

De ahí en adelante y de acuerdo con la estimulación de cada niño, adquieren una mayor comprensión de las palabras y el correcto orden de estas, para entregar un sentido coherente.

Es en este periodo en el que los niños ingresan al colegio, adquiriendo además contacto con otros niños de su misma edad, con los que genera importantes vínculos.

Adolescencia

Todo proceso de transición es complejo. Pero sin lugar a dudas, la adolescencia es uno de los más difíciles, por la enorme cantidad de transformaciones físicas y sicológicas que deben vivir los jóvenes y que los dejarán preparados para la adultez.

La adolescencia es uno de los períodos más complejos del ciclo vital. No sólo por la cantidad de cambios físicos y hormonales que acarrea, sino también porque a nivel sicológico es una etapa de numerosos cuestionamientos. Es el paso desde la infancia a la edad adulta, donde emerge la figura del “yo”. Un adolescente crítico, que enjuicia su entorno, su cuerpo, sus amistades y las autoridades.

Todo individuo, durante esta etapa, se vuelve más complejo. Los órganos sexuales se vuelven funcionales (producen hormonas y están listos para la reproducción), son más notorias las diferencias entre hombres y mujeres y existe un desarrollo emocional y personal clave.

Es necesario diferenciar que la adolescencia corresponde a una etapa de transición que implica cambios tanto a nivel anatómico como sicológico. En ella ocurre un importante proceso, la pubertad, periodo exacto en que las características físicas y sexuales maduran, debido a diversos cambios hormonales.

Acción detonante

Todos los cambios que caracterizan a la pubertad están comandados por la información contenida en nuestros cromosomas. Por un mecanismo de activación aún desconocido, a cierta edad se desencadenan modificaciones considerables que dan inicio a la pubertad.

De lo que sí se tiene certeza es del rol determinante del hipotálamo y la hipófisis en toda esta etapa del crecimiento. Ambas estructuras trabajan de manera coordinada activando el trabajo hormonal, causante de casi la mayoría de los cambios físicos que se activan a esta edad.

El hipotálamo se encarga de secretar un tipo de sustancias denominadas factores de liberación. Su labor es actuar directamente sobre la hipófisis, haciendo que esta glándula elabore y vierta en la circulación sanguínea un verdadero “cóctel hormonal”. Uno de sus principales componentes es la somatotropina (STH), que influye en el ritmo de crecimiento de casi todos los tejidos del organismo y en el aumento del peso corporal (crecimiento de la masa muscular).

Considerable también es el efecto de las gonadotropinas, hormonas que, como su nombre lo indica, estimulan a las gónadas (ovarios y testículos) para que realicen su función endocrina, liberando las hormonas sexuales femeninas (progesterona y estrógeno) y masculinas (testosterona, androsterona y androstendiona).

Los andrógenos y los estrógenos se encargan directamente del crecimiento y maduración de los órganos sexuales masculinos y femeninos, del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios y de la aparición de la libido (fuerza motriz del instinto sexual).

Talla corporal

Comúnmente se denomina “estirón” al considerable incremento de la talla corporal que ocurre durante la pubertad. Por lo general, tanto niños como niñas aumentan su estatura en varios centímetros, fenómeno que ocurre a la par de la nueva configuración que adoptan tanto el esqueleto, la masa muscular y el tejido graso.

Cada sexo tiene diferentes disposiciones anatómicas, que durante la pubertad toman forma definitiva. Por ejemplo, las caderas de las mujeres se tornan más anchas y acumulan mayor cantidad de grasa, mientras que la espalda de los hombres aumenta de tamaño. La nueva redistribución también influye en el peso corporal.

En cuanto a la altura, la de las niñas se eleva con anterioridad a los niños. Pero corresponde a un proceso de menor duración, por lo que, generalmente, ellas alcanzan antes su estatura adulta y ellos siguen creciendo. A los ocho años, ambos sexos poseen una estatura similar; ya a los 14, las niñas, por lo general, son más altas. A los 16 años, ellas poseen una estatura definitiva, mientras los niños, que ya son más altos, continúan desarrollándose hasta los 18, e incluso, 20 años.

Cambios físicos

Si bien ya hablamos de la verdadera maquinaria hormonal que se activa una vez llegada la pubertad, no debemos olvidar que muchos de estos cambios se plasman físicamente.

En los varones, una de las primeras transformaciones ocurre a nivel de los genitales. Esto se manifiesta, por ejemplo, en el paulatino aumento del tamaño de los testículos, la aparición de arrugas en el escroto y de una importante cantidad de vello púbico. Casi dos años después de esta primera etapa de cambios, se incrementa, tanto en longitud como en diámetro, el principal órgano reproductor masculino externo: el pene.

En una segunda etapa, aumenta el vello axilar y facial. Este último se engrosa y convierte tanto en barba como en bigote.
La voz se vuelve más grave y existe un desarrollo importante a nivel muscular y del esqueleto; se ensanchan sus espaldas y adquieren el típico aspecto de una silueta masculina.

En las mujeres, el primer signo del inicio de la pubertad es el desarrollo del pezón, entre los ocho y diez años. Progresivamente, las areolas aumentan de tamaño y se desarrollan por completo las mamas. Aparece el vello púbico, el que con el paso de los años adopta una disposición casi triangular; de igual forma, crece vello en las axilas, se ensanchan las caderas y los muslos y se depositan importantes cantidades de grasa en las nalgas.

En cuanto a la maduración de los órganos sexuales femeninos, los que internamente aumentan de tamaño, el indicador más claro de que esta etapa está completa es la llegada de la primera menstruación o menarquia. Con esto se inicia la etapa fértil de cada mujer, estando fisiológicamente preparada para concebir.

Etapa de cuestionamientos

La adolescencia es definida como una etapa difícil, en la que los individuos se vuelven más complejos e independientes. Es un periodo en el que se define parte de su personalidad y, por lo tanto, se deben realizar opciones en cuanto a la sexualidad, el futuro y las relaciones tanto con el entorno como con los grupos sociales que los rodean.

Al ser un tiempo de transición entre niños y adultos, en que se toma por primera vez conciencia del yo y de las posibilidades de la voluntad independiente, se vuelve una época de estrés, ansiedad y depresión. Los adolescentes muchas veces se rebelan contra lo establecido y desconocen figuras de autoridad, como los padres o personas mayores.

El ámbito sexual es un tema que adquiere gran relevancia. Si bien durante gran parte de la pubertad la relación entre niños y niñas es compleja, ya que buscan amistades y generan lazos más fuertes entre personas de su mismo sexo, al final de esta etapa el impulso sexual aumenta y las relaciones entre ambos sexos se rigen por la atracción y el amor. Además, es posible que en esta etapa se produzca la iniciación sexual.

Factores deliberación

Son sustancias secretadas por el hipotálamo durante la pubertad que activan la hipófisis, la que produce y lanza al torrente sanguíneo hormonas como la somatotropina, que estimula el crecimiento de los tejidos del cuerpo, y gonadotropinas, que actúan sobre las gónadas para que elaboren hormonas sexuales femeninas y masculinas.

Algunos cambios

Al llegar la pubertad, se producen varios cambios físicos en el cuerpo. Algunos de ellos son: En los hombres: aumenta el tamaño de los testículos, aparecen arrugas en el escroto y surge el vello púbico. También se incrementan la longitud y el diámetro del pene. En las mujeres: se desarrollan los pezones y las mamas, surge el vello púbico, se ensanchan las caderas y los muslos, y en las nalgas se depositan mayores cantidades de grasa.

Adolescentes cansados

Científicos de la Universidad Tecnológica de Swinburne (Australia) descubrieron recientemente que la causa de que muchos adolescentes parezcan siempre cansados se debe a que tienen el reloj del sueño atrasado, para hacerlos más aptos a la vida nocturna. Por sus deberes escolares, muchos deben despertarse dos horas y media antes de lo que su ritmo natural les demanda.

Adultez

Desde los 18 hasta los 65 años se desarrolla una de las etapas más estables a nivel orgánico: la adultez.

Durante esta etapa, considerando el estilo de vida de cada persona, se presenta un bienestar físico general. Las capacidades y las destrezas físicas alcanzan la plenitud: hay gran agudeza visual, auditiva y se ha completado el desarrollo cerebral.

El bienestar corporal permite dedicarse a decisiones trascendentales durante este período. El futuro laboral, la independencia económica y la vida en pareja son algunos de los temas más recurrentes. Es un periodo en el que muchas parejas optan por ser padres, mientras otras recurren a determinados métodos anticonceptivos para prevenir embarazos.

A pesar de que en los primeros años de este periodo no es evidente, poco a poco las células de todo el organismo comienzan a envejecer, iniciándose un paulatino proceso de degeneración celular.

Cambio en los tejidos

El tejido de sostén que conecta o une la mayoría de las partes del cuerpo, salvo al sistema nervioso, recibe el nombre de tejido conjuntivo (también se conoce como conectivo o intersticial).

Está compuesto, principalmente, por colágeno y elastina, forma la mayor parte de tendones y ligamentos y otorga un importante soporte tanto para los huesos como para los músculos.

Con el paso del tiempo, el tejido conjuntivo pierde una cantidad considerable de células, ya que estas no poseen la misma capacidad de regeneración. Incluso, las fibras de colágeno se espesan, volviéndose rígidas.

Ambos fenómenos explican que, desde los 40 años en adelante, las arterias se endurezcan, músculos y las articulaciones pierdan flexibilidad y, de manera más notoria, la piel se arrugue.

Nuevas transformaciones

Muchos denominan “mediana edad o adultez media” a la etapa que comprende entre los 40 a 65 años. Corresponde nuevamente a una etapa de transición, en la que el cuerpo comienza a sufrir los primeros signos verificables del envejecimiento. La piel suele estar más arrugada y ha perdido su elasticidad, el cabello poco a poco pierde su color y se vuelve canoso o comienza a caerse e incluso, se reduce la destreza visual y auditiva.

Durante esta etapa ocurre el climaterio, periodo caracterizado por numerosos cambios fisiológicos y hormonales. El climaterio femenino se denomina menopausia, mientras que el masculino se conoce como andropausia.

La menopausia es el fin del periodo fértil femenino. Ocurre entre los 45 y 54 años y comienza con el cese definitivo de los períodos menstruales.

Los ovarios dejan de producir óvulos, así como también cesan en su tarea hormonal. Ya no producen ni estrógeno ni progesterona, por lo que las mujeres pueden sufrir bochornos, pérdida del deseo sexual, estrechamiento y sequedad vaginal, osteoporosis y enrojecimiento de la piel, entre otros trastornos.

En tanto, la andropausia no posee un límite muy bien definido. Si bien existe un importante descenso de la principal hormona sexual masculina (testosterona), los hombres no pierden su capacidad reproductiva, pudiendo se padres incluso hasta los 70 años de edad. A pesar de esto, sí existe una reducción de la capacidad sexual (es posible que durante esta etapa se presenten problemas de impotencia), del tamaño de los órganos sexuales, en la capacidad y fuerza de la eyaculación y un incipiente deterioro óseo.

Estilos de vida

En la etapa adulta, todo ser humano puede optar por diferentes estilos de vida. Esto influirá claramente en el desarrollo y bienestar del organismo, ya que mientras más saludable y mayores cuidados se tengan, mejor calidad de vida se obtendrá, así como también mejores condiciones para enfrentar el período de la vida que le sigue, la vejez.

Entre los cuidados recomendados para esta etapa están el ejercicio físico regular, una dieta equilibrada y evitar el consumo o exceso de sustancias nocivas, como cigarrillos, alcohol y drogas.

Vejez

Corresponde al lapso que va desde los 65 años en adelante, hasta que la persona fallece. No existe una fecha límite, ya que cada organismo es diferente, ha tenido diversas condiciones de vida, el medio ambiente que lo rodea no es el mismo, e incluso, las enfermedades que lo afectan varían. Sin embargo, registros mundiales señalan que las personas más longevas han alcanzado los 120 años, pero que el promedio, en Chile, es de 77 años.

Este período final implica un deterioro de todas las actividades orgánicas. Resulta imposible combatir el paso del tiempo, el que dejará importantes huellas en todos los sistemas corporales, incluso en aquellas personas con una excelente calidad de vida. Entre los sistemas que sufren un mayor deterioro durante la vejez destacan el excretor (el funcionamiento de los riñones) y el respiratorio, así como también se ve disminuida la capacidad de funcionamiento del hígado y el corazón.

También en esta etapa los intestinos se encogen y el proceso de degradación y absorción de nutrientes, desde los alimentos, se vuelve cada vez más difícil.

Asimismo, los conductos arteriales presentan, generalmente, importantes depósitos de colesterol en sus paredes (ateromas) que, poco a poco, las van obstruyendo. Esto obstaculiza una buena circulación, existiendo el riesgo de accidentes cardiovasculares (trombosis, infartos, problemas de presión arterial, entre otros).

Además, a medida que envejecemos, el cerebro se deteriora. Las neuronas comienzan a morir, por lo que es posible detectar una disminución en la capacidad de reacción y en el desarrollo intelectual del adulto mayor.

Visiblemente, con el paso de los años, muchas personas pierden talla y estatura. Esto se debe al acortamiento de la columna vertebral (producido, fundamentalmente, por la disminución del grosor de los discos intervertebrales), a la inclinación de los hombros y a la continua pérdida de masa muscular.

Envejecimiento celular

Todas las células que constituyen al ser humano envejecen (algunas primero, otras después). Y este proceso llamado envejecimiento es irreversible, e incluso puede acelerarse por la acción de factores externos, como el consumo de tabaco, drogas o una vida sedentaria.
La ciencia posee la certeza de este proceso degenerativo. Sin embargo, aun no ha podido dilucidar el mecanismo que lo detona y el que produce la muerte celular. Así, esta revelación sería la clave para detener el envejecimiento y quizás conseguir el milagro de la “eterna juventud”. Entre las teorías que se manejan destacan:

– Programación genética: la ciencia postula que todas las células están programadas para envejecer. Desde su origen, poseerían una “fecha de vencimiento”, por lo que el envejecimiento sería un proceso natural.

– Acción de los radicales libres: a lo largo de la vida nuestro cuerpo produce radicales libres, sustancias muy oxidantes que deterioran de manera irreversible a todas las células.

– Acortamiento de los telomeros: los extremos de los cromosomas, llamados telomeros, se van reduciendo cada vez que la célula se divide.
Una vez que llega a su límite de acortamiento, la célula también pierde su capacidad de renovarse y se deteriora.

– Acción inmune: el sistema inmunitario podría debilitar y atacar a algunas moléculas propias del organismo, deteriorando todas las células.

Deterioro sensorial

Por lo general, el envejecimiento afecta la estimulación y la respuesta de nuestros sentidos. Muchas veces, los ancianos pierden la sensibilidad para degustar algunas comidas, producto del deterioro del gusto y el olfato. Asimismo, asoman importantes problemas de audición.

Los sonidos pueden sentirse distorsionados, de modo que se hace dificultosa la comunicación. Usualmente, la mala recepción de algunos sonidos se debe a la degeneración de la cóclea y a la exposición, durante años, a sonidos fuertes, que aceleran el deterioro.
A nivel visual, también son recurrentes los trastornos que alteran la normal visualización del entorno.

Existe una serie de cambios estructurales que afecta la eficiencia ocular a la hora de enfocar algunos objetos cercanos. Incluso, la visión puede ser anormal, producto de la degeneración de la mácula (zona central de la retina) o por una catarata.

Esta última enfermedad es característica de la vejez y corresponde a la pérdida de la transparencia del cristalino, estructura biconvexa del ojo que se encuentra entre el iris y el cuerpo vítreo, producto del cambio gradual de las fibras de proteínas que lo componen.

Tejidos más rígidos

Con los años, el tejido conectivo (formado por colágeno y elastina), que une la mayoría de las partes de nuestro cuerpo, pierde muchas células, mientras que el colágeno se endurece. Por ello, las arterias se tornan rígidas, los músculos y las articulaciones pierden flexibilidad y la piel se arruga.

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