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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Mundo medieval

8° Básico

La Edad Media

El Imperio Romano de Occidente se fraccionó y tres elementos culturales de raíces muy diferentes -como son el cristianismo, el legado clásico greco-romano y la cultura germánica- empezaron a dar forma a una nueva Europa.

 

Paulatinamente, la vida urbana fue desapareciendo y nuevos propietarios, de origen germánico, fueron apareciendo por todas partes. Los pueblos se mezclaron, al igual que sus culturas, tanto así que los invasores comenzaron a adoptar el cristianismo como religión.

Todo esto implicó que las antiguas autoridades fueran perdiendo su fuerza y que sus funciones elementales, como la mantención del orden y la administración de justicia, tuvieran que ser asumidas por la Iglesia, institución que ejerció el poder temporal.

En forma paralela, la religión cristiana se expandió gracias a la acción misionera. Surgieron nuevas órdenes monásticas, y los monasterios se convirtieron no sólo en lugar de residencia de los monjes, sino en centros de difusión cultural y de desarrollo de la agricultura y otras labores.

A fines del siglo IV de nuestra era, el Imperio Romano se extendía en los contornos europeo, asiático y africano del Mar Mediterráneo. Pero este gran imperio solo era romano en el nombre: en realidad, era mitad romano, mitad griego.

El latín era la lengua más extendida en el oeste; el griego en el este. Cada región tenía sus capitales distintas: Tréveris y Milán para Occidente, Salónica y Constantinopla para Oriente. Desde la muerte de Teodosio (395) hubo también dos emperadores romanos, uno en Oriente y otro en Occidente; pero aunque la autoridad imperial estaba dividida, en teoría la unidad del imperio subsistió.

El Imperio Romano en Europa se hallaba rodeado desde el mar del Norte hasta el mar Negro por pueblos bárbaros. Para impedir las incursiones de estas hordas, los romanos habían fortificado las fronteras, las atrincheraron y establecieron campos militares en los que estaban de guarnición numerosas legiones.

Estas medidas de defensa fueron eficaces hasta fines del siglo IV; pero a partir de 378, y durante todo el siglo V, los bárbaros comenzaron a forzar la frontera hasta que penetraron en el imperio. Estuvieron casi un siglo recorriéndolo en todas direcciones, devastando las provincias y buscando sitio en donde fijarse: este es el período de las invasiones.

Las invasiones son uno de los hechos más importantes de la historia. No sólo paralizaron el desarrollo de la civilización romana, sino que la pusieron en grave peligro durante algún tiempo. Ellas provocaron la dislocación y el desmembramiento del imperio, y, destruyendo su unidad, prepararon la Europa Moderna.

Durante el siglo IV, los romanos intentaron contener la amenaza bárbara estableciendo una serie de pactos con algunos pueblos fronterizos de origen germano (lombardos, francos, alamanes, vándalos, visigodos y ostrogodos, entre otros), a los que se otorgaba la condición de federados y una cantidad de dinero anual a cambio de su ayuda militar contra otras tribus invasoras.

Sin embargo, a finales de esta centuria la llegada de los hunos, pueblo nómada y pastor originario de la estepa asiática, provocó la avalancha masiva de los germanos y el desmoronamiento definitivo de las fronteras del Imperio, que ya no se hallaba en condiciones de defender su integridad.

¿Sabiás que?

Los estudiosos suelen dividir la Edad Media en tres períodos: Temprana Edad Media (siglos V a VII), Alta Edad Media (siglos VIII a XII) y Baja Edad Media (siglos XIII y XIV).