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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Mundo moderno

Segundo Ciclo

Absolutismo Ilustrado

Bajo la influencia del pensamiento ilustrado se modificaron las ideas tradicionales sobre la religión, el Estado, la sociedad y la economía.

La Ilustración se originó en Inglaterra, alcanzó su máximo desarrollo en Francia y se extendió luego sobre los demás países europeos y el Nuevo Mundo. Su máximo representante fue Voltaire, elogiado como uno de los más grandes intelectuales. Este autor cultivó todos los géneros literarios, divulgó el conocimiento científico, escribió varias obras históricas, entre ellas El siglo de Luis XIV, Ensayo sobre las Costumbres y el Espíritu de los Pueblos.

Voltaire, también dirigió una campaña implacable contra la iglesia, el clero y los dogmas.

Bajo la influencia del pensamiento ilustrado se modificaron las ideas tradicionales sobre la religión, el Estado, la sociedad y la economía. La obra más importante de la Ilustración fue la Enciclopedia, publicada por Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert.

En esta época muchos hombres vieron en la historia el símbolo del progreso, el que debía hacer desaparecer las diferencias y barreras sociales. Así, el mérito y no el nacimiento debían decidir sobre la posición del individuo en la sociedad.

La crítica a la religión provocó el surgimiento de tendencias como el deísmo, que creía en la existencia de Dios, pero consideraba que su intervención sólo se limitaba a la creación; el ateísmo, que negaba la existencia de Dios, y el materialismo, que afirmaba que lo único existente era la materia. Todas estas corrientes se opusieron a la Iglesia y criticaron violentamente al clero, proclamando la libertad de pensamiento. Fue así como muchos hombres ilustrados adhirieron a la francmasonería, asociación hermética que propugnaba la fraternidad universal, y cuya primera logia se fundó en Inglaterra en 1717.

Los ideales de tolerancia y fraternidad dieron origen a cambios importantes en las relaciones sociales y las prácticas judiciales. Se suprimió la tortura y se puso fin a la persecución de brujas. Asimismo, grupos como los judíos pudieron ser reconocidos sin tener que renunciar a su religión.

Durante la Ilustración se desarrollaron corrientes de pensamiento como el racionalismo y el empirismo, destacando figuras como René Descartes, que hizo de la razón la única fuente del saber. Famosa es su frase “Pienso; luego, existo”, que alude al conocimiento de la realidad mediante los conceptos que la razón crea.

En Inglaterra nació una filosofía práctica representada por Francis Bacon, quien señaló que la ciencia y la filosofía debían basarse en la observación de la naturaleza y la experiencia. Compartió las ideas empiristas John Locke, intelectual para el que el alma humana era una hoja en blanco (él se refiere a una tabla rasa) que se va llenando con las experiencias que proporcionan los sentidos. Todo esto quedaba comprobado con la teorías esbozadas por Copérnico, Galileo y Kepler.

Las ciencias exactas también deslumbraron por sus progresos, y hombres como Benjamín Franklin y Luigi Galvani asombraron al mundo con sus inventos.

La mayoría de los intelectuales, como, por ejemplo, los historiadores, abandonaron las explicaciones providenciales en su disciplina, y empezaron a apoyarse en los hechos geográficos, económicos y sociales para aclarar los sucesos del pasado.

Los pensadores ilustrados criticaron con gran vehemencia los sistemas políticos y sociales existentes, desarrollando nuevas concepciones sobre los derechos de los individuos y del Estado. La idea de que los hombres eran libres e iguales hizo que consideraran insostenible la esclavitud y la servidumbre.

John Locke sostuvo que el poder político no podía estar concentrado en una sola persona, sino que debía ser dividido, y que el pueblo estaba en su derecho de levantarse en legítima revolución contra el gobernante que violaba sus leyes. Carlos de Secondat, barón de Montesquieu, escribió la célebre obra El Espíritu de las Leyes, que introdujo la división de los poderes en ejecutivo, legislativo y judicial como figuras independientes.

Juan Jacobo Rousseau afirmaba que el hombre era bueno por naturaleza, pero que la sociedad, injusta y corrupta, lo había pervertido. Por lo tanto, había que volver a la naturaleza y educar a cada persona conforme a su naturaleza y personalidad. En su obra El Contrato Social, señala que el poder político debía ser ejercido por el pueblo, que era el único y verdadero soberano.

En el plano económico, la Ilustración sostenía que el orden económico debía basarse en las condiciones y leyes naturales. Es así como la escuela fisiocrática, creada por Francois Quesnay, sostenía, en oposición al mercantilismo impuesto por Colbert, que la tierra y sus productos, y no el dinero y el comercio, constituían la fuente de la riqueza. Debía haber libertad para las personas y la comercialización de bienes materiales. Su máxima fue “laissez faire, laissez aller”, o sea, dejad hacer, dejad pasar.

Adam Smith, el padre de la economía clásica, enseñó en su obra fundamental llamada La Riqueza de las Naciones que la única fuente de la riqueza era el trabajo. En la frase esbozada por Federico el Grande, “el gobernante debe ser el primer servidor del Estado”, se resume la esencia del Absolutismo ilustrado. Esto quería decir que el rey ilustrado gobernaba en forma absoluta, pero sometía sus decisiones a los dictados de la razón y trataba de gobernar en conformidad con las nuevas ideas que la Ilustración había desarrollado con respecto al hombre y la sociedad.

Fin del reinado de Luis XIV

El reinado de Luis XIV terminó como muchos gobiernos, producto de la derrota y la ruina. La última guerra, la de Sucesión en España, fue tan desastrosa que agravó la situación financiera francesa. Así, los ingresos fueron cada vez más inferiores a los gastos, y por lo mismo, la deuda pública se elevó a casi tres millones de libras de la época. Al mismo tiempo, la gran carga impositiva había provocado la miseria de gran parte de la población, con lo que Francia parecía destruida.

Luis XIV tuvo el sentimiento de que toda la ruina se debía a su gobierno y se arrepintió. La víspera de su muerte, después de haber pedido perdón a sus cortesanos por los malos ejemplos que les había dado, se hizo conducir al que sería su sucesor, su bisnieto Luis XV y le dijo: Hijo mío, vais a ser un gran rey, pero no me imitéis en el gusto que he tenido por las construcciones y por la guerra. Procurad aliviar a vuestro pueblo, ya que yo soy tan desgraciado por no haberlo podido hacer a tiempo.

Se dice que cuando fue conocida la noticia de la muerte de Luis XIV (acontecida el 1 de septiembre de 1715), el pueblo dio gracias a Dios por una redención tan esperada.

 

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