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Historia, Geografía y Ciencias Sociales

6° Básico

Chile, país de contrastes

Nuestro país se encuentra en la parte suroeste del continente americano. Su localización es una de las más australes, mientras que su extensión continental alcanza los 4.300 km de longitud, haciendo que exista una amplia variedad de climas y, por ende, de paisajes.

Su condición de tricontinentalidad se traduce en que el Estado chileno ejerce soberanía sobre territorios ubicados en tres continentes. Es así como Chile continental, ubicado en Sudamérica, se emplaza entre los 17º30` y 56º30` de latitud sur y está alineado en torno a los 70º de longitud oeste. Su ancho máximo se halla en los 52º21` de latitud sur, en el estrecho de Magallanes, y alcanza 445 km, mientras que su ancho mínimo lo encontramos a los 31º37` de latitud sur, entre punta Amolanas y paso Casa de Piedra, abarcando sólo 90 km. Ocupando una superficie de 756.626 km² y con una longitud norte-sur de 4.300 km.

Finalmente, tras la firma del tratado Antártico en 1959, Chile ejerce soberanía sobre una porción de la Antártica; esta es la mayor extensión territorial de nuestro país, alcanzando 1.250.000 km², y corresponde a una proyección triangular de Chile continental hacia el Polo Sur. Se ubica exactamente, entre los 53º y 90º de longitud oeste y entre los 60º y 90º de latitud sur.

En total, la superficie de nuestro país, considerando las tres porciones de territorio, americano, insular y antártico, alcanza 2.006.626 km². Si trazamos una línea desde el límite con Perú hasta el Polo Sur, esta supera los 8.000 km.

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Una loca geografía

Nuestro territorio se caracteriza por tener un relieve accidentado y montañoso, con no más de un 20% de superficie plana y por poseer cuatro formas significativas de relieve, que se desarrollan en sentido norte-sur; estas son: las planicies costeras o litorales, la Cordillera de la Costa, la Depresión Intermedia y la Cordillera de los Andes.

Majestuosa es la blanca montaña

La Cordillera de los Andes es la columna vertebral del relieve de Chile. Nace en la Guajira colombo-venezolana y muere en el Cabo de Hornos, para reaparecer en la Antártica. De los 9.000 km de largo que tiene la Cordillera de los Andes, 4.600 corresponden a Chile, los que han sido divididos, según sus variaciones, en cuatro zonas: el norte (desde el límite con el Perú hasta el cerro Tupungato), el centro (desde el Tupungato hasta el monte Tronador), el sur (desde el Tronador al Cabo de Hornos) y por último, los Antartandes.

En el Norte Grande se encuentra la parte más alta y ancha de la cordillera, con alturas que superan los 6.000 metros. En el Norte Chico se desarrollan cordones montañosos que se orientan en sentido este-oeste, originando una serie de valles transversales.

En el centro, el macizo cordillerano comienza a descender desde los 6.000 m frente a Santiago, hasta bordear los 3.000 m cerca de Chillán.

En la zona sur, la actividad volcánica es bastante frecuente y la altitud sigue disminuyendo; no obstante existen algunos puntos que sobrepasan los 3.000 m. Al sur del Cabo de Hornos, los Andes se sumergen en el Océano Pacífico para reaparecer en la Antártica chilena, con el nombre de Antartandes.

El rico valle

Entre la Cordillera de los Andes y la de la Costa se extiende una faja de relieve, más o menos plana, llamada Depresión Intermedia. Es en ella donde se encuentran las más grandes ciudades del país y, por lo tanto, la mayor parte de la población chilena.

Esta depresión se desarrolla a lo largo de casi todo el territorio chileno y sólo se encuentra interrumpida por los cordones montañosos que forman los valles transversales. Estos están ubicados al sur de la Región de Tarapacá (Copiapó, Huasco, Limarí, Elqui y Choapa) y luego al sur del cordón de Chacabuco (Cuenca de Santiago y Rancagua).

La importancia de esta macroforma reside en las funciones que se desarrollan en ella: las actividades agrícolas y ganaderas, el asentamiento urbano y las comunicaciones terrestres.

Cordillera propia

La Cordillera de la Costa es un relieve exclusivo del territorio chileno, que se extiende desde el cerro Camaraca (20 km al sur de Arica) hasta la península de Taitao. Esta cordillera debe su nombre al hecho de desarrollarse casi pegada al litoral chileno.

A lo largo de su extensión, exhibe diversas alturas, aunque siempre menores respecto de la Cordillera de los Andes. En el Norte Grande, la Cordillera de la Costa tiene alturas superiores a los 2.000 m. En el Norte Chico, prácticamente no hay Cordillera de la Costa por la presencia de los valles transversales.

En Chile Central se manifiesta con alturas considerables, lo que dificulta la comunicación entre la costa y las ciudades del interior del país. Al sur del río Rapel, la Cordillera de la Costa se deprime, sin alcanzar siquiera los mil metros. Pero al sur del río Biobío retoma más altura y recibe el nombre de Cordillera de Nahuelbuta. Al sur del río Bueno aparece como Cordillera Pelada, y en la isla de Chiloé se le denomina Cordillera de Piuché y de Pirulil. Luego se manifiesta nuevamente en las islas Guaitecas y en el archipiélago de los Chonos, desapareciendo en el oeste de la península de Taitao.

Hacia la costa

Esta forma de relieve está conformada por una serie de planicies y terrazas que se desarrollan entre la Cordillera de la Costa y el mar, de manera discontinua en la zona norte del país y continua hasta el canal de Chacao.

Las planicies costeras o litorales son el resultado de la erosión marina sobre el borde oeste de la Cordillera de la Costa, especialmente en épocas geológicas pasadas, cuando las aguas alcanzaban mayor nivel que el actual.

Nuestra hidrografía

Debido a lo angosto del territorio chileno, nuestros ríos no alcanzan a recorrer grandes distancias y, por lo general, tienden a escurrir de este a oeste y a no ser aptos para la navegación. Se caracterizan, también, porque en su mayoría son poco caudalosos, aunque no por eso menos torrentosos. Sus aguas son importantes para las labores agrícolas, pues permiten la irrigación del suelo. También poseen gran potencial hidroeléctrico, aunque este no se aproveche en su totalidad.

En la zona norte, específicamente en el altiplano, las cuencas hidrográficas son del tipo endorreicas, es decir, no llegan al mar. Los principales ríos son: Azapa, Vitor, Camarones, Camiña, Tarapacá, Lauca, Isluga y Cariquima.

Entre los ríos Loa y Copiapó (pleno desierto de Atacama) no hay escurrimiento superficial (cuencas arreicas), aunque existen napas subterráneas que proveen de agua. El río Loa es el más importante y el más largo de Chile.

Desde Copiapó al sur, las aguas superficiales desembocan en el mar (cuencas exorreicas). En estas condiciones destacamos los siguientes ríos (de norte a sur): Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí, Choapa, Petorca, Aconcagua, Maipo, Rapel, Mataquito, Maule, Itata, Biobío, Imperial, Valdivia, Bueno, Palena y Baker.

El clima chileno

Como resultado de su extensión de más de 4.000 km y de su distancia respecto del Ecuador, nuestro país presenta una gran variedad climática. Otros factores que favorecen esta diversidad son la disposición en sentido norte-sur de las formas del relieve, la que genera grandes biombos climáticos; la influencia marina, sobre todo la originada por la corriente fría de Humboldt. Finalmente, la localización de los centros de altas y bajas presiones, que otorgan características de gran estabilidad al norte del territorio y de estacionalidad en el resto del país.

En términos generales, se puede señalar que existen tres grandes zonas climáticas. En el norte predominan los climas desérticos y estepáricos, caracterizados principalmente por escasas precipitaciones. En la zona central y sur predomina el clima templado, observándose de manera clara cuatro estaciones en el año, aumentando las precipitaciones y disminuyendo las temperaturas a medida que se avanza hacia el sur. En la zona austral encontramos un clima lluvioso y frío permanente.

La economía

La economía chilena se sustenta en cinco grandes grupos de actividades, que son: la minería, el sector silvoagropecuario, la pesca, el sector industrial y los servicios.

Sector minero: Chile tiene gran cantidad de minerales, por lo que se puede considerar un país minero. El principal recurso minero del país es el cobre, que ha hecho que Chile se encumbre como el mayor productor mundial de este metal. De hecho, la Gran Minería del cobre extrae, funde y refina el mineral en sus propias plantas, logrando una producción anual superior a las 75.000 toneladas métricas.

Otros minerales metálicos de importancia son el oro, la plata, el hierro y el molibdeno. En cuanto a los minerales no metálicos destacan: el salitre, azufre y las calizas.

Con respecto al sector pecuario, se puede señalar que el ganado bovino se concentra en las regiones VIII, IX y X; que el porcino se encuentra en la Región Metropolitana, VI y IX, y el ganado ovino está en más de un 50% en la XII Región.

Sector pesquero: se puede dividir en dos subsectores de acuerdo con su producción, la pesca artesanal y la pesca industrial. La primera destinada al mercado local para el consumo, y la segunda, cuya captura se deriva a las industrias de harina de pescado, conservera y de congelados. La región que muestra el mayor nivel de captura de pescado es la del Biobío, con más del 52% del total. Entre las especies comerciales más abundantes se encuentran la anchoveta, la sardina española, el jurel y la merluza, y entre los mariscos más demandados, el ostión, la cholga, el chorito y las almejas.

Sector industrial: de gran importancia económica para nuestro país, no sólo por los ingresos que genera, sino además, por la importante mano de obra ocupada en esta actividad. Sin embargo, el problema que presenta la industria chilena es que se sigue concentrando en la Región Metropolitana, Quinta y Octava, y no se ha desarrollado lo necesario en el resto del país.

Sector de servicios: incluye a una serie de subsectores de importancia para el país, entre ellos, el comercio, el transporte, las comunicaciones, los servicios públicos y el turismo. Todos ellos importantes colaboradores del crecimiento económico del país, aportando ganancias, generando empleo y asegurando condiciones para que otras actividades económicas se desarrollen.

Nuestro relieve, una particular fisonomía

Chile presenta una accidentada geografía. Hace millones de años, el territorio estaba cubierto completamente por el mar; sin embargo, el desplazamiento de la placa tectónica de Nazca y la resistencia de la Sudamericana provocarían sucesivas modificaciones del relieve, elevándose un gran macizo de considerable altura, que hoy conocemos como cordillera de los Andes.

Posteriormente, fuertes movimientos verticales, unidos al vulcanismo, las glaciaciones y la erosión, originaron nuevas formas. Una gran depresión, otra cordillera de menor tamaño y terrazas litorales serían las más definidas a lo largo del territorio, mientras que otros rasgos, como la formación del altiplano en el norte o la gran cantidad de lagos en el sur, corresponderían a fenómenos particulares.

Actualmente, es posible reconocer, de norte a sur, cuatro formas de relieve, que poseen un desarrollo desigual a lo largo del territorio. Ellas son, en sentido de este a oeste, la cordillera de los Andes, la depresión intermedia, la cordillera de la Costa y las planicies litorales, constituidas con materiales similares y con edades de formación parecidas.

Macizo andino

Sin lugar a dudas, uno de los rasgos más característicos de nuestro territorio es la imponente presencia de la cordillera de los Andes. Esta cadena montañosa es la más importante de Sudamérica, pues nace en la Guajira colombo-venezolana y muere en el cabo de Hornos; más al sur, se sumerge y reaparece en la Antártica, con el nombre de Antartandes. En su recorrido, de más de 9.000 kilómetros, atraviesa los territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina y Chile; sin embargo, cerca de 4.600 km se encuentran en nuestro país.

En su recorrido de norte a sur por el territorio nacional presenta importantes variaciones. En el norte, desde el límite con Perú hasta, aproximadamente, el cerro Tupungato (Región Metropolitana) es alta y maciza. Allí se ubican sus principales alturas, las que superan los 6.000 msnm, y es posible detectar un fuerte vulcanismo. A la altura del Norte Chico, entre las regiones de Atacama y Coquimbo, se desprenden de la cordillera algunos cordones montañosos que cruzan de este a oeste,
formando una serie de valles transversales.

En el centro del país, en tanto, la cordillera andina disminuye paulatinamente de altura, hasta alcanzar, cerca de Chillán, los 3.000 msnm. Ya en el sur, la altura continua decreciendo, a pesar de que es posible encontrar algunos puntos que superan los 3.000 msnm, por lo general, asociados a las cumbres volcánicas. Cerca de Puerto Montt, la cordillera se encuentra afectada por la acción glacial, presentándose altamente erosionada y accidentada.

Al sur del cabo de Hornos, la cordillera se pierde de vista, sumergida en las aguas del Pacífico, reapareciendo en el continente antártico.

Depresión intermedia

La forma del relieve que alberga a la mayoría de la población chilena y donde se desarrollan las más importantes actividades económicas se denomina depresión intermedia. Ubicada entre ambas cordilleras, se presenta como una franja de relieve más o menos plana que va desde el límite norte del país hasta hundirse en el mar bajo el seno de Reloncaví (Región de los Lagos); reaparece en la isla de Chiloé y desaparece definitivamente en el golfo de Penas (Región de Aisén).

En el extremo norte, desde el límite con Perú hasta el río Huasco (Región de Atacama), la depresión intermedia se encuentra a casi 1.400 msnm; se caracteriza por presentar amplias extensiones denominadas pampas, las que se encuentran separadas por quebradas, como las de Lluta, Azapa y Camarones. La más reconocida es la pampa del Tamarugal, al norte del río Loa.

Desde los ríos Copiapó y Aconcagua, la depresión intermedia es interrumpida por los cordones montañosos que se desprenden de la cordillera de los Andes y que forman los valles transversales, como los de Huasco, Limarí, Elqui y Choapa.

A partir del cordón de Chacabuco y hasta Puerto Montt, adquiere características particulares en determinadas zonas. Es así como en la parte central forma dos importantes cuencas, la de Santiago y la de Rancagua; más al sur, se presenta como una extensa llanura y, en su tramo final, a partir de la Región del Biobío, constituye una planicie ondulada que, incluso, se confunde en algunos tramos con las planicies costeras.

Cadena costera

Paralela al litoral, encontramos una forma de relieve exclusiva de nuestro territorio. La cordillera de la Costa nace a 20 km al sur de Arica, en el cerro Camaraca, y se desarrolla continuamente hasta el cerro Tres Montes, en la península de Taitao (Region de Aisén). En comparación a la cordillera de los Andes, posee una altura bastante menor; su principal cumbre es la sierra Vicuña Mackenna, ubicada en la Región de Antofagasta, que alcanza los 3.030 msnm.

En el norte del país alcanza, en promedio, unos 50 km de ancho y cae de manera abrupta al mar, formando lo que se conoce como farallón costero. Ante la presencia de los cordones montañosos andinos, que forman los valles transversales en el Norte Chico, la cordillera de la Costa se vuelve irregular y accidentada.

Entre Valparaíso y Santiago es posible encontrar algunos cerros de importancia, como el Cantillana (2.318 msnm), Vizcachas (2.108 msnm) y La Campana (1.910 msnm). Sin embargo, al sur del río Rapel (Región del Lib. Bdo. O?Higgins), la cordillera se deprime considerablemente y aparece en su último tramo como un cordón continuo y adquiere nombres particulares. En un sector, al sur del Biobío, se denomina cordillera de Nahuelbuta; cerca de Río Bueno (Región de los Ríos) se la llama Pelada y, en la isla de Chiloé, se la conoce como de Piuché y Pirulil.

Extensa costa

La costa de nuestro país está formada por una serie de planicies y terrazas que se desarrollan entre la cordillera de la Costa y el mar. A estas se les denominan planicies litorales y su formación se remonta a épocas geológicas pasadas, cuando las aguas del océano Pacífico alcanzaban una mayor altura y erosionaron continuamente el borde oeste de la cordillera de la Costa.

En la zona norte se presentan de manera discontinua, debido a la presencia del farallón costero; sin embargo, este fenómeno desaparece en las cercanías de Taltal, en la Región de Antofagasta, desde donde se desarrollan verdaderas terrazas de manera ininterrumpida hasta el canal de Chacao.

En ellas se ubican importantes ciudades y puertos, como Arica, Iquique, Coquimbo, La Serena, Valparaíso, San Antonio, y Talcahuano, entre otros; además, es un lugar de importancia económica, ya que posee algunos yacimientos de carbón.

Recursos hídricos de Chile

Nuestro territorio, largo y angosto, también modifica las características de los ríos que lo atraviesan.

Estos cursos suelen ser relativamente cortos, escurren de este a oeste y no son aptos para la navegación. Además, contienen un escaso caudal, pero son torrentosos, lo que posibilita obtener de ellos energía eléctrica.

En el norte del país encontramos ríos cuyo régimen de alimentación es nivoso (de o con nieve), además, gran parte de ellos no logra llegar al mar, por lo que esta zona es denominada endorreica.

Existen algunas excepciones, como el Lluta y el Loa, que alcanzan el litoral en precarias condiciones. El río Loa posee la hoya hidrográfica más extensa de Chile, alcanzando los 33.570 km² y una longitud de su curso de 440 kilómetros.

A partir del río Loa y hasta el río Copiapó (Región de Atacama) no existen cursos de agua superficiales, por lo que corresponde a una zona arreica. Gran parte de las aguas se filtran con facilidad en el suelo, lo que hace casi imposible su canalización; sin embargo, el subsuelo alberga importantes reservas hídricas, alojadas en napas subterráneas.

Finalmente, desde el río Copiapó al sur, encontramos importantes cursos de aguas superficiales que desembocan en el mar.

En la zona exorreica de nuestro país tenemos, de norte a sur, ríos como el Copiapó, Huasco, Elqui, Limarí, Maipo, Rapel, Mataquito, Maule, Itata, Biobío, Imperial, Toltén, Palena, Cisnes, Baker y Pascua, entre otros.

Régimen de alimentación

Según el régimen de alimentación, en Chile podemos distinguir la existencia de cuatro tipos de ríos. Ellos son:

Glacial: corresponden a los que se nutren de los deshielos de nieves o glaciares; por ello, presentan importantes crecidas durante la primavera y/o el verano, producto del derretimiento por efecto de la radiación solar.

Nival: su caudal depende, principalmente, de la cantidad de nieve acumulada durante el invierno. A diferencia de los de régimen glacial, su caudal varía año tras año.

Pluvial: la alimentación de estos ríos proviene, principalmente, de las precipitaciones.

Mixtos: el caudal tiene su origen en la superposición de dos regímenes, por lo que se pueden distinguir los ríos de régimen nivoglacial, nivopluvial, pluvionival y pluvioglacial.

Variedad climática

Chile es un país de contrastes. Nuestra configuración y extensión permiten que, de norte a sur, exista una multiplicidad de colores y formas; innumerables paisajes que van desde las maravillas del altiplano, hasta la exuberante vegetación del archipiélago de Juan Fernández, pasando por la aridez del desierto de Atacama y los glaciares de la zona austral. Cada uno de ellos determinados por las condiciones climáticas existentes.

El solo hecho de contar con una longitud cercana a los 4.300 kilómetros en Chile continental beneficia la riqueza climática de nuestro país.

Otros factores que también influyen es nuestra posición con respecto al Ecuador, que determina la distribución de la luminosidad y de las temperaturas, así como también la disposición de las formas del relieve, en sentido de norte a sur, lo que genera un verdadero biombo climático (barrera natural que protege a una determinada zona de la influencia climática existente en el área contigua).

Debemos sumar, además, la ubicación de los centros de altas y bajas presiones, los que ofrecen gran estabilidad al norte de nuestro país y una marcada estacionalidad al resto del país, y la influencia del océano Pacífico, destacando la presencia de la corriente fría de Humboldt.

El norte del país se caracteriza por presentar escasas precipitaciones y altas temperaturas e insolación durante el día, predominando los climas desérticos y estepáricos. En tanto, la zona centro sur destaca por presentar condiciones climáticas más moderadas, pudiendo, incluso, observar cuatro estaciones durante el año. Está determinada, principalmente, por climas templados, los que registran un descenso de la temperatura y un aumento de las precipitaciones a medida que se avanza hacia el sur. Finalmente, en la zona austral se observa un clima lluvioso y de frío permanente.

Climas de Chile

Según la Dirección Meteorológica de Chile, nuestro país cuenta con 19 variedades climáticas. Si bien cada una de ellas se localiza en un determinado sector, no debemos olvidar que estas ubicaciones no son excluyentes, pudiendo existir rasgos de algún clima más allá de las regiones y límites mencionados. Asimismo, debemos considerar que algunos factores y fenómenos climáticos pueden alterar la configuración de algunas zonas.

A continuación, señalamos algunos rasgos de los principales climas de nuestro país, analizados de norte a sur.

Desértico con nublados abundantes: ubicado en todo el sector costero de las regiones de Arica y Parinacota, Iquique, Antofagasta y Atacama, se caracteriza por su gran estabilidad. La variación entre las temperaturas extremas diarias son mínimas, así como también la existente entre los meses de invierno y verano. Posee escasas precipitaciones y una clara influencia del anticiclón del Pacífico, lo que determina una gran aridez. Su característica principal es la presencia de una gran nubosidad (en forma de niebla, llamada camanchaca) que, usualmente, se presenta en la noche y se va disipando en el transcurso de la mañana.

Desértico normal: por sobre los 1.000 msnm, en el sector de la pampa de las regiones de Arica y Parinacota, de Iquique y de Antofagasta encontramos este tipo climático, cuyo principal rasgo es su extrema aridez (debido a la presencia de una masa de aire muy estable y seca).

Las precipitaciones son casi inexistentes, los cielos están despejados durante todo el año y la oscilación térmica es bastante alta, ya que durante el día las temperaturas son bastante altas (en promedio alcanzan los 18ºC), mientras que durante la noche pueden alcanzar los 0ºC.

Desértico marginal de altura: se localiza desde la Región de Arica y Parinacota hasta la de Coquimbo, entre los 2.000 y 3.000 msnm, en las zonas cercanas a la cordillera de los Andes. Si bien predomina un ambiente desértico, existe un considerable aumento de las precipitaciones, principalmente en verano (producto del invierno Altiplánico). Las temperaturas decrecen en proporción al aumento de la altura, con un promedio no superior a los 10ºC.

Desértico marginal bajo: se desarrolla en gran parte de la Región de Atacama hasta el norte de la Región de Coquimbo, antes del valle del Elqui. Presenta características desérticas modificadas, con una mayor presencia de precipitaciones, las que aumentan de norte a sur y de acuerdo con la altura del sector. En el litoral de la Región de Coquimbo existe un aumento de la humedad, producto de la escasa presencia de la cordillera de la Costa.

Estepa de altura: por sobre los 3.000 msnm de las regiones de Arica y Parinacota, de Iquique y de Antofagasta ubicamos esta variedad climática, caracterizada por contar con temperaturas bastante frías y precipitaciones que disminuyen de norte a sur.

La existencia de masas de aire cargadas de humedad, provenientes de la cuenca amazónica y del Atlántico, explican la presencia de precipitaciones en el sector más septentrional de nuestro país.

Estepa con nubosidad abundante: en toda la franja costera de la Región de Coquimbo se sitúa este clima, cuyos principales rasgos son una nubosidad matinal baja y considerable, amplitud térmica baja y precipitaciones abundantes durante los meses de invierno, las que aumentan de norte a sur y por acción de la altura.

Estepa con gran sequedad atmosférica: al interior de la Región de Coquimbo, donde se localizan los valles transversales, detectamos una mayor presencia de precipitaciones durante el invierno, así como también una escasa humedad. Las condiciones climáticas permiten que, en este sector, durante la mayoría del año, presente cielos despejados, facilitando la observación astronómica.

Templado cálido con estación seca prolongada de 7 a 8 meses: desde el interior del sector sur de la Región de Coquimbo hasta los valles de la Región del Libertador Bdo. O’Higgins se desarrolla esta variedad climática, con precipitaciones considerables durante los meses de invierno. Durante los otros meses, las lluvias, escasamente, superan los 40 milímetros. En los sectores costeros de las regiones de Valparaíso y del Libertador Bdo. O’Higgins se desarrollan condiciones similares, solo que cuentan con una mayor nubosidad.

Templado cálido con estación seca de 4 a 5 meses: comprendiendo los sectores andinos de las regiones de Valparaíso, Metropolitana, del Libertador Bdo. O’Higgins, la totalidad de la superficie de la Región del Maule y la franja norte de la Región del Biobío, este clima se caracteriza por un período de lluvias más extenso y no exclusivo del invierno, muchas de ellas en forma de nieve. Las temperaturas anuales varían entre los 13º y 15ºC y descienden considerablemente en la noche.

A medida que avanzamos hacia el sur, considerando gran parte de la Región del Biobío y la zona norte e intermedia de la Región de la Araucanía, predomina un clima con características similares, pero que posee una estación seca con una duración inferior a los cuatro meses.

Templado lluvioso con influencia mediterránea: en el sector costero sur de la Región del Biobío (provincia de Arauco), así como en la zona de la Araucanía y en las regiones De los Ríos y De los Lagos se localiza este clima, que presenta un incremento de norte a sur de la pluviosidad, distribuida durante todo el año. Presenta unos promedios de temperatura anuales que bajan paulatinamente y una amplitud térmica que se reduce por efecto del mar.

Templado frío de costa occidental con máximo invernal de lluvias: es un clima que comprende el sector sur de la Región de los Lagos y la isla de Chiloé hasta el estrecho de Magallanes. Presenta intensas precipitaciones, siendo el período más lluvioso el que va desde los meses de mayo a agosto. Además, las lluvias están asociadas a fuertes vientos provenientes del noroeste y del norte (sobre todo en verano). La humedad atmosférica es alta (supera el 80%) y si bien las temperaturas disminuyen con la latitud, no son tan extremas por la acción de los vientos y el mar.

De hielo por efecto de la altura: en las altas cumbres andinas y en los campos de hielos patagónicos se ubica este tipo climático, cuyos principales rasgos son la presencia de fuertes vientos y las temperaturas bastante frías, muchas veces bajo 0ºC. En estos sectores, todo tipo de precipitaciones se presenta en forma de nieve.

Estepa fría: se presenta en los sectores trasandinos patagónicos, distribuido, principalmente, en dos zonas: entre los 44º y 48º de latitud sur y en los territorios continentales e insulares que bordean el estrecho de Magallanes. Se caracteriza por presentar temperaturas bajas (con un promedio de 6ºC) y precipitaciones abundantes, que disminuyen hacia el sur. Los registros señalan que las lluvias alcanzan entre los 500 y 1.200 milímetros cúbicos anuales.

Tundra: ubicado en las islas del extremo sur de nuestro país, a partir de los 51º de latitud, al sur del estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego. Cuenta con abundantes precipitaciones (posee los índices más altos del país), las que se presentan como lluvia en verano y como nieve en invierno. Las temperaturas son bastante homogéneas, promediando entre los 5 y 7ºC. Existe, en tanto, una diferencia de tan solo 4ºC entre el mes más cálido y el más frío.

Antártica chilena y territorio insular

Los territorios que Chile tiene tanto en la península Antártica como en el Pacífico Sur (Isla de Pascua y Archipiélago de Juan Fernández) poseen particulares climas.

La Antártica se caracteriza por ser el continente más frío del planeta y por contar con abundantes precipitaciones en forma de nieve. El Territorio Antártico Chileno (que abarca desde los 53º y los 90º de longitud oeste del Polo sur) no escapa a estas extremas condiciones, presentando temperaturas cuyo promedio anual es de -3ºC. La amplitud térmica es bastante baja, alcanzando solo los 4ºC. Es necesario considerar, además, que las condiciones varían entre el extremo de la península y los sectores más interiores, por la influencia del mar de Drake.

La isla de Pascua también posee particulares condiciones climáticas. Su clima es tropical lluvioso, con una temperatura promedio anual de 20ºC y precipitaciones que alcanzan los 1.000 mm3 anuales. Si bien las lluvias se presentan durante todo el año, se concentran, principalmente, durante los meses de abril y junio. Debido a la  influencia del mar, la amplitud térmica es muy baja y la humedad es abundante, llegando hasta un 80%.

Por último, debemos señalar que el clima del archipiélago de Juan Fernández es similar al templado cálido con estación seca de 4 a 5 meses. Sin embargo, posee un carácter más lluvioso, lo que determina las especiales condiciones del sector y el desarrollo de una exuberante y única vegetación.

El Niño y La Niña: alteraciones climáticas

Dos importantes fenómenos naturales alteran, cada cierto tiempo, las normales condiciones climáticas de nuestro país.

El fenómeno del Niño se deriva de la presencia en las aguas del océano Pacífico sur de la corriente del mismo nombre. Esta se desplaza de norte a sur, en forma paralela a la costa sudamericana, llevando aguas anormalmente cálidas que cada cierta tiempo no solo afecta a nuestro país, sino también a las costas sudamericanas y oceánicas.

El elemento climático que sufre mayores trastornos ante la presencia de este fenómeno son las precipitaciones, las que se vuelven más abundantes e intensas.

En Chile se evidencia un incremento de la temperatura del aire en la zona norte y una evidente alteración de la fauna marina, que disminuye considerablemente.

En cuanto al fenómeno de La Niña, este corresponde al proceso contrario al anteriormente descrito, caracterizado por un notable descenso de las temperaturas del océano Pacífico en su sector sur. Estas aguas, al volverse más frías de lo normal, determinan un descenso de la temperatura en la costa norte de nuestro país y una importante escasez de lluvias, principalmente en la zona central del país, lo que en muchas ocasiones genera sequías y graves trastornos en las actividades económicas de las regiones afectadas.

 

Nosotros, los chilenos

Si comparamos los últimos censos realizados en el país, podemos afirmar que la población ha aumentado a un ritmo acelerado.

Según los datos recogidos durante el siglo XIX, Chile solo llegaba a tener 2,7 millones de habitantes, mientras que durante el último censo, realizado en 2002, se contabilizaron 15.116.435 chilenos. De ellos, 7.668.740 habitantes corresponden a mujeres y 7.447.695 a hombres.

Para explicar el sostenido aumento poblacional en las últimas décadas, podemos señalar que existen diversos factores que contribuyeron a mejorar la calidad de vida en el territorio. Entre ellas se cuentan la implementación de efectivas políticas públicas de salud (vacunaciones, introducción de nuevos medicamentos, higiene, etc.), mejoras en la calidad de la alimentación de la población, avances en educación, entre otros factores.

También hay que destacar que las cifras revelan que, a pesar de que la cantidad de habitantes del país ha aumentado, en los últimos años el ritmo de este fenómeno ha decrecido. En 1960, nuestro país presentaba una clara expansión demográfica, con indicadores cercanos a 2,5%. Sin embargo, entre 1982 y 1992 el ritmo de crecimiento medio anual de la población fue de 1,6% mientras que entre 1992 y 2002 sólo alcanzó a 1,2%.

Al mismo tiempo, la baja en la tasa de fecundidad y el aumento en la esperanza de vida explican el envejecimiento demográfico que vive nuestra población. Anualmente, la población más joven disminuye, mientras que los adultos mayores aumentan; de acuerdo al censo 2002, 25,7% de la población es menor de 15 años y casi 11% tiene 60 años o más.

En cuanto a la cantidad de población urbana y rural, el censo 2002 arrojó las siguientes cifras. Mientras que la población residente en zonas urbanas correspondía a 86,6% del total nacional, la rural sólo alcanzaba al 13,4%. En comparación al censo de 1992, este último indicador disminuyó, lo que significó que 181.674 personas se movilizaron para fijar su residencia de una zona rural a otra urbana.

A lo largo del país, en tanto, la población no se distribuye de forma homogénea. Mientras que en las zonas extremas habita una menor cantidad de personas, en el área centro-sur se ubica gran parte de la población.

Razones históricas como la fundación de las primeras ciudades o la implementación de planes colonizadores explican este fenómeno, así como también la disponibilidad de recursos para la subsistencia o las posibilidades de desarrollo económico de cada zona.

Para medir en cifras la distribución de la población se utiliza el concepto de densidad poblacional. Este se refiere a la relación existente entre la cantidad de habitantes y el espacio que estos ocupan. Por ejemplo, la Región de Aisén es la que presenta una menor densidad con tan sólo 0,8 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que la Región Metropolitana presenta la tasa más alta, con 393,5.

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