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Geografía de Chile: Regiones, Historia, Geografía y Ciencias Sociales

Segundo Ciclo

Antártica, continente blanco

Es el lugar más frío e inhóspito de la Tierra. Por ello, la exploración de sus costas no fue posible sino hasta el siglo XIX.

También denominado continente Antártico, se ubica desde los 66°30’ latitud Sur, en el círculo polar Antártico (Polo Sur). Está rodeado por los extremos australes de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico. Los mares que lo circundan se encuentran casi todo el año cubiertos de hielo y son los de Weddell, de Bellingshausen, de Amudsen, de Ross y de Davis.

La Antártica tiene una superficie de 14.200.000 km²; es el cuarto continente más grande del mundo después de Asia, América y África. Sin embargo, durante el invierno, dobla su tamaño a causa de la gran cantidad de hielo marino que se forma en sus alrededores.

No tiene población nativa, pero cada año unas cuatro mil personas, aproximadamente, entre científicos, técnicos, militares y otras distintas disciplinas, ocupan las diversas estaciones de investigación instaladas en esta zona.

La palabra Antártica se remonta a la antigüedad; los griegos suponían la existencia de una tierra austral en contraposición a las tierras del norte, llamada Ártikos (de la osa) y, por tal razón, le dieron el nombre de Antártikos (opuesto a la osa).

Sin embargo, recién cerca del año 1600 algunos exploradores descubrieron la Terra Australis Incognita, como se conocía en ese entonces a este continente.

En 1773, el marino inglés James Cook fue el primero en cruzar el Círculo Polar y circunnavegar los mares de la Antártica. Luego, en 1820, los marinos norteamericanos Nathaniel Palmer, Edward Brandsfield y William Smith avistaron por primera vez la península Antártica. Ese mismo año, el ruso Fabián von Bellingshausen desembarcó en la isla Pedro I. Dos años más tarde, el escocés James Weddell descubrió las islas Orcadas y las Shetland del Sur.

Cementerios en la nieve

En el Territorio Chileno Antártico existe un cementerio que guarda los restos de los marinos de un buque ballenero noruego, quienes perecieron en faenas de pesca. Unas cuantas cruces son el testimonio de sus tumbas, que permanecen bajo el cuidado de la Virgen de los Hielos. Son sepulturas sin vigilia, sin lágrimas, sin flores; solo hay una lápida, con la leyenda: Gracias por todo.