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Época contemporánea, Historia, Geografía y Ciencias Sociales

Segundo Ciclo

A la sombra del hongo nuclear

Profesor Mario Orellana R. Premio Nacional de Historia 1994. Asesor ciclo Historia Universal

La aparición de la bomba atómica, con la capacidad de borrar prácticamente todo tipo de vida sobre el planeta y su acumulación por las grandes potencias durante el siglo pasado, fue la constante amenaza que vivió la humanidad durante el período conocido como Guerra Fría. Con la caída de la ex Unión Soviética, que provocó toda una reestructuración del este europeo, ha habido una distensión en ese aspecto, y, por otra parte, también ha permitido que el mundo entre en una nueva etapa con la Globalización.

Son estos temas, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría, la recomposición de Europa oriental y la Globalización, aparte de la Gran Depresión de 1929, los que te describiremos a continuación.

El período de entreguerras

Tras la Primera Guerra Mundial, Europa sufrió una gran transformación, pues nacieron nuevos estados desde las cenizas de los cuatro grandes imperios que existían hasta ese momento: austro-húngaro, otomano, ruso y alemán. Los nuevos países fueron: Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Yugoslavia.

Junto con la firma del tratado de Versalles, que puso fin al conflicto armado con Alemania, se sentaron las bases de la futura Segunda Guerra Mundial, pues este país se sintió humillado al perder el 13 por ciento de su territorio, vetársele el ingreso a los organismos internacionales y exigirle el pago -al considerársele como el único responsable de la guerra- de 220 millones de marcos, cantidad exagerada, que con los años se fue reduciendo.

El rencor provocado por estos duros requerimientos sería uno de los principales factores que llevarían a los alemanes a provocar la segunda confrontación bélica mundial. Otro punto delicado, que también influiría en la próxima contienda, fue el corredor polaco, que Alemania tuvo que ceder a Polonia y Prusia occidental, separando a la Prusia oriental, que siguió en poder de Alemania, del resto de este país por ese corredor.

Fuera de los resentimientos alemanes, la destrucción de Europa y los cambios políticos sumieron a este continente en una peligrosa inestabilidad social y económica. Este fue el caldo de cultivo para que surgieran movimientos que explotaban el nacionalismo, en contraposición a las tendencias socialistas. De estas posiciones se alimentaron el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán. Ambos defendían el Estado totalitario (ver glosario).

Paralelamente, al comenzar a consolidarse la Unión Soviética, el comunismo inició su avance ideológico por el mundo, causando también una gran agitación social.

El Duce

Al término de la guerra y en medio de los paros, huelgas y el hambre, apareció con fuerza la figura de Benito Mussolini, antiguo militante socialista, maestro de escuela y periodista, quien fundó en 1919, los fasci di combattimento, milicia armada que atacaba tanto a los liberales como a los socialistas y comunistas. Unos años después, en 1921 fundó el Partido Nacional Fascista, y en octubre de 1922 organizó la marcha sobre Roma, liderando a 40.000 fascistas, conocidos como los camisas negras, y exigiendo al rey Víctor Manuel III la entrega del poder.

Convertido en el hombre fuerte de Italia con el nombre de Duce, creó un Estado totalitario y corporativo, consolidado a partir de 1925. Mussolini quería restablecer la grandeza romana y convertir a Italia en un gran imperio.

Su agresiva política exterior lo llevó a invadir Abisinia (Etiopía) en 1935, intervenir en la guerra civil española en favor del franquismo en 1936 y ocupar Albania en 1939. Ese mismo año formó una alianza con Alemania, con la que constituyó el Eje Roma-Berlín.

El Führer

Con la población alemana angustiada por la falta de trabajo (había millones de cesantes), los capitalistas asustados por el avance de los comunistas y el ejército con deseo de venganza por su derrota en la guerra, no fue extraño que aparecieran y florecieran grupos con ideas radicales para terminar con el desorden. Uno de ellos fue el partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (partido nazi), liderado por su fundador Adolf Hitler, quien había combatido en la Primera Guerra Mundial y que propiciaba la superioridad de la raza aria, de la cual derivaba el pueblo alemán.

Hitler aseguraba que había que depurar (purificar) la raza, y para eso era necesario eliminar a las más débiles, como la judía. Además, atribuía las causas de la ruina económica y moral al socialismo marxista, con su espíritu materialista; al parlamentarismo (ver glosario), con su irresponsabilidad, y al capitalismo financiero dominado por los judíos.

Asimismo, el caudillo alemán defendía el Estado totalitario:“tú no eres nada; tu nación lo es todo”, donde el partido nazi, que debía ser el único que asumiera la conducción política, y el Estado, debían ser organizados sobre el principio del Führer, del liderazgo, el cual quedaba en manos de mentes superiores.

En 1933, Hitler fue nombrado Canciller. Los partidos políticos y los sindicatos fueron prohibidos o suspendidos, se abrieron campos de concentración para los presos políticos y se impusieron medidas discriminatorias contra los judíos.

Paralelamente, Alemania inició su recuperación económica. Ya en 1939 alcanzó el segundo puesto en la economía mundial, gracias a su propio esfuerzo y, especialmente, a los créditos que recibía de Estados Unidos.

En 1934 murió el entonces Presidente de Alemania Paul von Hindenburg, y Hitler asumió como Jefe de Estado y Jefe de Gobierno. Así quedó definitivamente instaurado el régimen totalitario del Führer, conocido como el Tercer Reich. Un año más tarde, Alemania repudió el tratado de Versalles e inició su rearme, para así poder reunir, por la fuerza, a todos los hombres y pueblos de habla alemana en la “Gran Alemania”. Por ello Hitler consideraba fundamental conquistar el ‘espacio vital’ en la Europa oriental a costa de los pueblos eslavos y de la Rusia comunista.

La caída de la bolsa en 1929

Mientras en Europa central y oriental se organizaban los poderosos regímenes totalitarios, los países democráticos se vieron sacudidos por graves crisis económicas y profundas agitaciones sociales. Particularmente seria fue la crisis económica iniciada en 1929.

Los antecedentes provenían, curiosamente, del extraordinario desarrollo económico de Estados Unidos. Pero este era algo artificial, sostenido por una especulación (ver glosario) sin límites y sin un real respaldo en las empresas. Los precios de las acciones en la bolsa alcanzaron cifras altísimas, pero alejadas de la realidad.

El pánico se apoderó de los inversionistas a partir del jueves 24 de octubre de 1929, en el llamado jueves negro, cuando la bolsa de Nueva York, en Estados Unidos, colapsó debido a que se corrió el rumor de que la bonanza estaba a punto de terminarse. Los valores de las acciones cayeron dramáticamente. Millares de personas quedaron arruinadas y otras en apuros financieros corrieron a los bancos para sacar sus ahorros, lo que provocó el cierre de miles de ellos. Al caer la demanda por mercancías, pues no había dinero, las fábricas suspendieron sus trabajos y el desempleo aumentó en forma alarmante, calculándose que en 1932 había cerca de 12 millones de cesantes en Estados Unidos.

Este desastre se recuerda como la quiebra de Wall Street y afectó también a Europa y al resto del mundo, pues Estados Unidos ya no podía invertir en el extranjero.

La guerra civil española

En España se desarrollaría lo que sería un feroz anticipo del conflicto armado que afectaría a gran parte del planeta: la Guerra Civil Española.

En julio de 1936 había dos bandos que querían hacerse del poder: la derecha (dándose el nombre de nacionalistas), que dominaba la mayor parte del norte del país, y los republicanos, que controlaban el sur, incluyendo Madrid.

Siguió una lucha durante la cual ambos bandos cometieron terribles atrocidades. Los nacionalistas fueron ayudados por Italia y Alemania en armas y hombres; los republicanos por Rusia, pero débilmente.

La guerra concluyó cuando Madrid cayó en manos de los nacionalistas comandados por el general Francisco Franco, quien, tomando el título de Caudillo, estableció un gobierno fundado en el modelo fascista.

El eje Tokio- Roma- Berlín

En otras partes de Europa también surgieron dictaduras, como en Hungría, Yugoslavia y Turquía. Por su parte, en el extremo Oriente, Japón avanzaba a pasos agigantados hacia el militarismo (en 1931 invadió Manchuria), que culminaría con el general Hideki Tojo asumiendo el poder como Primer Ministro en 1941.

Esto fue reforzado por el pacto anticomunista que firmó en 1936 con Alemania e Italia, con lo que se formaba el eje Tokio-Roma-Berlín, base de uno de los bandos que se involucraría en la Segunda Guerra Mundial.

Glosario

– Estado totalitario: se caracteriza por la concentración absoluta del poder en el Estado, lo que permite controlar completamente todas las actividades humanas.

– Parlamentarismo: régimen político en que los ministros son responsables ante el Parlamento, que ostenta la representación nacional.

– Especulación: hacer operaciones bancarias o comerciales sin un real respaldo económico.

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