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Tras el fin de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera (1930) y la deposición del rey Alfonso XIII (1931), nació la Segunda República Española. Con su establecimiento una oleada de esperanza sacudió a la mayoría de los españoles; algunos la aclamaron con entusiasmo y otros se dispusieron a acatarla. Sólo una minoría, por nostalgia monárquica o en defensa de sus intereses, se mantuvo hostil y al acecho.

Desde aquel momento hasta las elecciones del 16 de febrero de 1936 -donde ganó el Frente Popular (una coalición de liberales e izquierdistas)-, la incertidumbre estuvo presente. La ambigüedad política provocó el estallido de una paz precaria, sostenida por una democracia vacilante y condicionada alternativamente en esos años por los gobiernos de la izquierda (republicanos) y de la derecha (nacionalistas).

Las causas de esta inestabilidad se acrecentaron entre los años 1934 y 1935, ya que el gobierno emprendió un programa de reformas que pronto chocó con los intereses de los sectores sociales más conservadores. Las tendencias políticas se radicalizaron y el gobierno, presionado por las organizaciones populares, adoptó una actitud pasiva ante el deterioro de la convivencia ciudadana. Así, la nación española marchó hacia una guerra civil.

El alzamiento

El 17 de julio de 1936 se produjo el alzamiento militar. Los incidentes comenzaron en el cuartel de Melilla y se expandieron a diversas guarniciones peninsulares. Al otro día, la rebeldía del Ejército se extendió por todo el país. Pero en la mayoría de las ciudades, capitales de provincia y en las regiones industriales, el golpe fracasó, y lo que pretendía ser un golpe de Estado se conviertió en una guerra civil. España quedó, rápidamente, dividida en dos bandos, el leal a la república y el sublevado.

En el bando leal (que recibió la ayuda de la ex Unión Soviética y de las Brigadas Internacionales (formadas por miles de voluntarios de toda Europa y de los Estados Unidos) se desencadenó un proceso revolucionario. Aparecieron dos sectores: uno que pretendía acabar con la república, dominado por la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), y otro que pretendía mantener la república, liderado por el PCE (Partido Comunista de España) y el PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Estas fuerzas consiguieron sofocar el alzamiento en algunas áreas, como Sevilla, Granada y Córdoba.

Los sublevados, que recibieron la colaboración de la Italia fascista y de la Alemania nazi, también desencadenaron una revolución, pero en favor de la instauración de una dictadura en España. Crearon una Junta de Defensa Nacional y buscaron a un nuevo líder, debido a la muerte, en un accidente de aviación, del general José Sanjurjo(20 de julio de 1936). Los dos generales que tenían más posibilidades eran el general Francisco Franco -que el 1 de octubre de 1936 se proclamó «Caudillo de España»- y el general Emilio Mola; pero este, al igual que Sanjurjo, murió en un accidente de aviación, dejando el camino libre a Franco.

Así, el 21 de julio los rebeldes adquirieron el control de la zona de Marruecos bajo protectorado español, las islas Canarias, las islas Baleares (excepto Menorca) y parte de la España peninsular situada al norte de la sierra de Guadarrama y del río Ebro.


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