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Además de la europeización del mundo, se agregó la necesidad de buscar nuevas rutas a Asia. Fue así como navegaron por las costas del continente africano y los mares que lo bordeaban, llegaron a Asia y establecieron relaciones comerciales con aquellos remotos países.

Además, América -un continente desconocido y aislado hasta entonces- fue incorporado a la historia universal.

Navegantes españoles y portugueses

Portugal inició la expansión europea. En 1415, ocupó Ceuta en Marruecos (Africa) y luego comenzó la expansión al sur. Impulsados por la escuela náutica fundada por Enrique El Navegante (1398-1460), asistidos por la brújula y el astrolabio, y empleando nuevos barcos como las carabelas, los portugueses se adentraron en el océano.

Así, a lo largo del siglo hicieron valiosos descubrimientos en el Atlántico. En 1488, el navegante Bartolomé Díaz dobló el Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de Africa, dejando abierta la ruta a la India.

Por su parte, los españoles navegaron hacia el oeste. A principios de siglo habían descubierto Las Canarias. En 1492, los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón reconquistaron Granada, expulsando a los árabes. Libres de esa gran preocupación, los soberanos pudieron apoyar el proyecto del marino genovés Cristóbal Colón, quien pretendía encontrar un camino a la India, navegando por el Atlántico en dirección a occidente.

Carabela

Es una embarcación pequeña de forma larga y angosta que se caracteriza por tener un casco resistente para la agresividad con que la golpeaban las olas del océano. Medían no más de treinta metros y alcanzaban 10 km/h de velocidad. Las primeras carabelas se diseñaron a principios del siglo XV en la Escuela de Navegación de Sagres (Portugal) a cargo del príncipe Enrique el Navegante. Fueron utilizadas por los marinos españoles y portugueses en sus expediciones hacia nuevas tierras, ya que eran en ese entonces los barcos más modernos y podían cargar hasta 100 toneladas.

La redondez de la Tierra

«En tiempos de Colón la idea de la redondez de la tierra era compartida por los hombres ilustrados. El matemático renacentista Paulo Toscanelli había calculado que el Japón debía encontrarse a unos 4.500 kilómetros hacia el oeste de España. En sus cálculos había un error, pues a esa distancia se encontraba América. Sin embargo, la mayor parte de los marineros de la expedición de Colón era gente supersticiosa e ignorante que aún creía que el mundo era plano. Es probable que casi todos creyeran que Colón planeaba navegar fuera del mapa, cayendo -literalmente- por la orilla del mundo.»  (Twist, Clint: Cristóbal Colón. El Descubrimiento del Nuevo Mundo)