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La Ilustración es una corriente que adquiere diversas formas de plasmarse en función de las tradiciones filosóficas y culturales de cada país que se desarrolló desde fines del siglo XVII hasta el inicio de la Revolución francesa, aunque en algunos países se prolongó hasta los primeros años del siglo XIX. La cuna de la Ilustración se situó en Francia y es allí donde tendrá la mayor importancia. Agrupó a los grandes pensadores europeos bajo una consigna que Kant resumió con la frase «Atrévete a saber». Se trata de la orden que el hombre se da a sí mismo, a la vez, que refleja la voluntad de expandir el saber que el hombre produce a todas las zonas del conocimiento humano.

Las tres grandes ideas sobre las que se apoya la concepción del hombre, del conocimiento y del mundo ilustrado son la razón, la naturaleza y el progreso. La razón, es el rasgo característico de la condición humana, la facultad que se desarrolla con la experiencia y la educación, permite conocer y dominar la naturaleza y transformar la realidad. La naturaleza, es el conocimiento y la explicación de la realidad natural se pueden sistematizar bajo leyes que dan cuenta de la organización y actividad de la materia, sin tener que tomar en cuenta los principios religiosos agrupados en la teología. Y por último y más importantes es el progreso, que es el motor de la historia y está alentado por la razón, el conocimiento, la aplicación de los avances científicos y tecnológicos.

Para ejemplificar esta corriente, en el caso francés, está marcada por la preocupación sobre los problemas sociales y políticos, desde un carácter progresista, espíritu crítico y pensamiento muy escéptico. Tiene entre sus pensadores a las obras de Voltaire, Montesquieu, Rousseau y Diderot. Su filosofía política está basada en el Derecho Natural (derecho que tienen todos los hombres a la vida, la libertad y la propiedad). Y como misión del Estado será defender los derechos del hombre, garantizar su libertad, su seguridad y su propiedad; por tanto el Estado debe ser representativo y liberal.

Como característica común a la mayoría de los pensadores tanto dentro como fuera de Francia,  hay que señalar una extraordinaria convicción en el progreso y en las posibilidades de los hombres (y en algunos casos las mujeres), para dominar y transformar el mundo. Los ilustrados engrandecieron la capacidad de la razón para declarar las leyes naturales y la tomaron como guía en sus investigaciones científicas. Reprocharon la intransigencia de la religión y al Dios castigador de la Biblia, y rechazaron toda creencia que no estuviera fundamentada en una concepción naturalista de la religión.


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