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Qué entretenido es cuando alguien nos cuenta un cuento y nosotros vamos siguiendo el relato en nuestra mente, construyendo imágenes que en un segundo se diluyen para ser reemplazadas por otras. Esto es porque el ser humano, niño o adulto, hombre o mujer, pobre o rico, siempre, siempre, siempre, ha disfrutado de los relatos realistas o fantásticos.

Contar cuentos es una ocupación tan antigua como la humanidad, lo que quiere decir que siempre ha existido algún cuento que contar. Hoy en día existen miles de millones de cuentos en el mundo, cada país, ciudad, pueblo, calle o familia tiene alguna historia que  contar. Cualquier persona puede transformarse en un cuentacuentos, pero sólo algunos deciden hacer de esta actividad una forma de vivir. Esas personas van por el mundo escuchando muchos cuentos, queriendo conocerlos y aprenderlos. Así es que viajan  con una maleta llena de palabras que luego dan forma a esos relatos. Basta que el nombrado cuentacuentos abra su maleta para que mucha gente se reúna a su alrededor queriendo escuchar sus relatos.

Pero no se trata sólo de encontrar una buena historia para contar, es necesario que el cuentacuentos respire el espíritu del relato para así poder  transmitir a los oyentes un cuento verdadero, un cuento con alma y sentimiento, cosa nada fácil. Un verdadero cuento, y tú podrás decirme si en esto me equivoco, es aquel que mientras es relatado, nos hace sentir cómo si los acontecimientos estuvieran ocurriendo ahí mismo y nosotros fuéramos casi testigos participantes de los hechos.

Un gran cuento no se olvida y pasa a ser conocido por muchos, que a su vez lo cuentan a otros y así el relato se hace universalmente conocido, al punto de que existan versiones de un mismo cuento en distintas partes del mundo. Es el caso de los cuentos tradicionales o clásicos como son: El patito Feo, Caperucita Roja, Hansel y Gretel, La Bella Durmiente, La Cenicienta, Ricitos de Oro, La Blanca nieves, Pulgarcito, entre otros.

Otros cuentos pueden no ser tan conocidos, incluso desconocidos por todos pero si tratan valores universales  y nos dejan un mensaje o una enseñanza importante no sólo para nosotros sino para muchos otros, es importante que lo transmitamos.

Un cuento merece siempre ser conversado para que en conjunto podamos compartir nuestras apreciaciones. Qué fue lo que más nos gustó, cuál habrá sido la intención con que fue escrito, que enseñanza nos dejó, para qué tipo de lectores recomendaríamos dicho relato, etc.

También podemos expresar nuestra apreciación acerca del cuento mediante la expresión plástica, por ejemplo ilustrando sus escenas o secuencias, intentando expresar el sentimiento del que ya hablamos, que es finalmente el alma del cuento.

Hoy elijamos un cuento para contar y alguien a quien contárselo. Mientras estemos narrándolo pongamos todo nuestro cariño en  dicha actividad. Observemos el rostro de quien nos escucha mientras  vamos desplegando pausadamente todos nuestros recursos expresivos de cuerpo y voz para hacer de ese un momento especial.


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¡Que tengas una linda experiencia, ¡seguro no te arrepentirás!