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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Mundo moderno

Segundo Ciclo

El Sacro Imperio Romano y la dieta

El Sacro Imperio Romano fue un organismo político que abrazó la mayor parte de Europa central desde el año 962 hasta 1806. Se le llamaba romano porque pretendía ser la continuación de la Roma imperial: y sacro porque originalmente pretendía una soberanía sobre toda la cristiandad.

La dieta (en alemán: Reichstag) del Sacro Imperio Romano era una asamblea deliberativa o legislativa convocada irregularmente. El emperador Carlos V la organizó en tres cuerpos: electores, príncipes y representantes de las ciudades imperiales.

Teóricamente, el jefe del Sacro Imperio Romano era elegido por los electores. En un comienzo fueron siete, pero con el tiempo su número subió hasta nueve.

Los jóvenes reyes

A comienzos del siglo XVI, Francia, Inglaterra y España eran monarquías rivales, las mayores de Europa, ricas y centralizadas, y las únicas capaces de poner en pie ejércitos poderosos.

En 1516 estos tres grandes reinos estaban bajo el gobierno absoluto de tres muchachos: Enrique VIII, rey de Inglaterra, de 25 años; Francisco I, rey de Francia, de 21 años, y Carlos V, rey de España, 16 años. Las rivalidades de estos tres jóvenes fueron las que decidieron el destino de Europa.

La confesión de Augsburgo

Cuando Lutero salió de Wartburgo, el número de sus partidarios había crecido tanto que se hizo imposible ejecutar la sentencia dictada contra él; muchos señores, y de los más poderosos -como los electores de Sajonia y de Brandenburgo-, habían adoptado sus doctrinas. Por otra parte, la guerra entre Francisco I, rey de Francia, y Carlos V, por problemas territoriales, no dejaba a este último la libertad de obrar.

Pero después de firmada la Paz de Cambrai o Paz de las Damas (negociada por la tía del emperador y la madre de Francisco I), que puso término al conflicto, reunió la dieta en la ciudad alemana de Espira, donde se decidió que se toleraría la nueva doctrina, llamada luteranismo, del nombre de su fundador, donde quiera que estuviese ya establecida, pero que no podría extenderse hacia otras partes (1529).

Cinco príncipes y catorce ciudades protestaron contra esta decisión, y de aquí el nombre de protestantes dado desde entonces a los partidarios de las nuevas doctrinas, separados de la Iglesia católica.

Al año siguiente Carlos V intentó atraer, por conciliación, a los protestantes al catolicismo. Se reunió la dieta en la ciudad de Augsburgo (1530) para buscar un medio de entenderse y, aunque la tentativa fracasó, tuvo dos resultados importantísimos.

En primer lugar, en vista de las discusiones que se iban a producir en la dieta, los luteranos se vieron obligados a precisar y definir mejor su doctrina. Lutero dejó a Melanchton, el más moderado de sus discípulos y partidario determinado de la conciliación, el cuidado de la redacción de la profesión de fe luterana. Esta profesión de fe, en veintiocho artículos, es la Confesión de Augsburgo, o sea el Credo de la primera iglesia reformada.

Por otra parte, como esta dieta renovó las condenaciones pronunciadas en Worms contra Lutero, sus doctrinas y sus adherentes, para defenderse los protestantes se vieron obligados a constituirse en un partido político, y se ligaron en la localidad de Esmalcalda (Turingia, 1531). La formación de la liga de Esmalcalda dividió en imperio en dos partidos: este fue el primero de los grandes resultados políticos de la Reforma luterana. El segundo resultado se produjo diez y seis años después de la formación de la liga: una guerra civil y religiosa. Ocupado otra vez en la guerra contra Francisco I y contra los turcos, Carlos V había tenido que dejar para más tarde la ejecución de las sentencias pronunciadas en la dieta de Augsburgo; así es que no atacó a los coaligados de Esmalcalda sino en 1546, cuando Lutero acababa de morir. El ejército protestante fue destrozado en el pueblo de Mühlbergh (1547), y los principales jefes reformados hechos prisioneros. Pero la liga se reconstituyó, se alió con el rey de Francia Enrique II, la lucha se reinició, y Carlos V estuvo a punto de ser apresado en Innsbruck (1552). Tres años más tarde el Emperador pensó en abdicar, y antes de hacerlo trató de dar la paz religiosa a Alemania. En 1555, en la dieta de Augsburgo, concedió a los príncipes luteranos la libertad de culto, reconociéndoles, además, la propiedad definitiva de las tierras que habían secularizado, es decir, tomado a la Iglesia. Pero las secularizaciones quedaban prohibidas para el futuro.

La paz de Augsburgo no estableció la libertad religiosa en Alemania. Permitió a los príncipes luteranos, tanto como a los príncipes católicos, imponer su religión a sus súbditos.

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