Jorge Montt Álvarez

Presidente de la República.  No representaba a ningún partido político y era extraño por completo a la política. Aceptó el cargo de Presidente en parte por las circunstancias que vivía el país, en que justamente se necesitaba un hombre que estuviera al margen de los conflictos partidarios.

  • Última actualización: 31/05/2010
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Jorge Montt participó en los enfrentamientos navales ocurridos durante la guerra civil de 1891.

Nació en Casablanca el 26 de abril de 1845. Sus padres fueron Antonio Montt y María Álvarez.

Se casó con Leonor Frederick y de este matrimonio nacieron tres hijas: Elisa, Teresa y Leonor.

La trayectoria de Montt describe de manera elocuente una vida dedicada a la Marina. Consagró 55 años de su vida a esta institución: como cadete, tres años; guardiamarina, cuatro años; teniente 2o, tres años; teniente 1o, tres años; capitán de cubierta, cuatro años; capitán de fragata, tres años; capitán de navío, 10 años; y vicealmirante, 21 años.

Ingresó a los 12 años a la Escuela Naval (1858), institución de la Armada creada solo nueve días antes por el gobierno de Manuel Bulnes. Formó parte de la misma promoción de Arturo Prat y Carlos Condell.

En 1861 ingresó al servicio de la Marina y all año siguiente cumplió servicio en la Independencia. Posteriormente se embarcó en el Maipú, con la misión de repatriar a los desterrados políticos en Callao.

Expedicionó Chiloé y las islas Chinchas en la guerra con España, entre 1865 y 1866. Participó en el Combate de Papudo en 1865, ocasión en la que se capturó a la corbeta Covadonga de la Escuadra española.

Le correspondió tomar parte en la Escuadra que repatrió los restos de Bernardo O'Higgins en 1868. En su sobresaliente carrera en la Marina, fue nombrado ayudante de la Dirección General del Departamento de Marina, en el año 1876, y posteriormente comandante de la Esmeralda.

Su aporte en la Guerra del Pacífico

Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879, las primeras operaciones marítimas demostraron la superioridad de la flota peruana, no obstante el mayor poder de fuego y de blindaje de los buques chilenos.

Montt estuvo en la primera campaña de guerra que tras seis meses de un conflicto marcado por la incertidumbre, la captura el 8 de octubre del poderoso Huáscar, en el Combate Naval de Angamos, fue fundamental, en tanto aniquiló la fuerza naval, y por ende sus comunicaciones marítimas.

A cargo de la Escuadra

Jorge Montt también tomó parte en diversos enfrentamientos y acciones de guerra contra tropas peruanas y bolivianas. Entre ellos, el Combate de Angamos, el 8 de octubre de 1879, y el Asalto y Toma de Pisagua, el 2 de noviembre del mismo año.

Además, estuvo presente en el bloqueo de Iquique, entre el 5 de abril y el 17 de mayo de 1879, y más tarde en el bloqueo de Arica, que comenzó el 4 de diciembre de 1879 y se prolongó hasta febrero del año siguiente. Esto neutralizó la artillería de los fuertes costeros. Al término de la guerra, Montt era comandante de la Escuadra.

Protagonista del conflicto constitucional de 1891

En 1884 viajó a Europa, de donde regresó tres años después, tras lo cual fue nombrado gobernador marítimo de Valparaíso.

En el conflicto constitucional de 1891, tuvo una influyente participación. El proceso revolucionario comenzó con la sublevación de la Escuadra, que estaba a su mando. El día 7 de enero de 1891 esta zarpó desde Valparaíso rumbo al Norte. Ocupadas las provincias del Norte en el mes de abril, se organizó una Junta de Gobierno que se instaló primero en Iquique. Quedó formada por Jorge Montt, Ramón Barros Luco y Waldo Silva.

En el desarrollo de la Revolución

La Junta de Gobierno fue la que organizó el Ejército y dirigió a las tropas durante la Guerra Civil hasta que se obtuvo el triunfo en la Batalla de Placilla el 28 de agosto. Montt fue el comandante de la Escuadra en este enfrentamiento y en el de Concón, el 21 de agosto.

Luego del triunfo de las fuerzas revolucionarias en Placilla, Jorge Montt llegó junto a sus tropas a Santiago, y fue recibido con desfiles y honores por los revolucionarios capitalinos.

Posteriormente, esta Junta se trasladó a Santiago y Jorge Montt quedó como Presidente de la República en forma provisoria, hasta que el nuevo Mandatario asumiera el cargo.

El candidato del consenso

Después del triunfo de los sectores constitucionalistas, el país entró en un clima de tranquilidad y, sin el fantasma de la intervención electoral, el parlamentarismo empezó a practicarse sin trabas. Los partidos políticos que se agrupaban en la Alianza Liberal, obtuvieron los dos tercios en el Congreso, mientras que el tercio restante quedó en manos de los conservadores.

Una conversión liberal-radical determinó nombrar a Jorge Montt como su candidato, a pesar -se dice- de su negativa inicial. Montt pensaba que sería una resolución poco acertada su nombramiento, porque daba una imagen negativa en el exterior, como en aquellos países donde el caudillo vencedor de una revolución, era después Presidente.

Lo que quería evitar era perder la imagen que Europa tenía de Chile: la de país un civilizado. A pesar de ello aceptó y salió vencedor, ya que ambos bloques acordaron apoyar la candidatura presidencial del almirante Jorge Montt, quien resultó electo el 26 de diciembre de 1891.

Un gobernante acorde a su tiempo

Montt no representaba a ningún partido político y era extraño por completo a la política. Aceptó el cargo de Presidente en parte por las circunstancias que vivía el país, en que justamente se necesitaba un hombre que estuviera al margen de los conflictos partidarios. Se había distinguido por su prudencia y buen criterio como jefe de la Revolución.

La actitud tolerante del Primer Mandatario permitió que las odiosas enemistades provocadas por la Guerra Civil no amenazaran las paz pública.

No se mezcló en las luchas de las agrupaciones partidarias y siempre aceptó respetuoso las resoluciones del Parlamento, demostrando que el propósito de su gobierno era realizar con total lealtad los principios del sistema parlamentario.

Sus ministros

Su primer gabinete fue el mismo que tuvo durante su mandato como jefe de la Junta de Gobierno. A lo largo de su administración se produjeron nueve cambios ministeriales.

Montt empezó gobernando con todos los partidos que habían derrotado a Balmaceda y cuando se restablecieron las combinaciones tradicionales de la Alianza y la Coalición el año 1892, el Presidente respetó la mayoría aliancista. De acuerdo con esta, organizó sucesivos gabinetes ministeriales, terminando su mandato con un gabinete de administración.

La organización de los balmacedistas como partido político y su regreso a las luchas cívicas dos años después de la Revolución, fueron una muestra elocuente de su franco compromiso con las libertades públicas.

La reforma electoral de 1893

En septiembre de 1893, el Presidente Montt promulgó una reforma a la ley electoral, en la cual se suprimió la base municipal que se había dado al sistema electoral, entregando esta a la junta de mayores contribuyentes. De esta forma la clase dirigente no hizo sino consolidar el predominio político que había conquistado en la Revolución de 1891.

Una vez realizadas esta reforma, que afianzaba el poder de la oligarquía, los partidos políticos tuvieron grandes expectativas en las elecciones del año siguiente. Todas las corrientes de opinión estuvieron de acuerdo en que la libertad electoral debía confirmarse en los comicios de 1894. Esta libertad era sentida como la "más trascendental conquista política alcanzada por el país después de la independencia de la Corona española".

Estos anhelos de la oligarquía fueron plenamente compartidos por el Primer Mandatario. Esto permitió que la renovación del Congreso se llevara adelante con entusiasmo, absoluta corrección y entera libertad electoral.

En el mismo sentido de lo anterior, se puede señalar las dos leyes de amnistía promulgadas bajo su mandato: una en 1893 y otra en 1894; ambas permitieron cicatrizar heridas del pasado.

En otro ámbito, se creó el Consejo de Defensa Fiscal.

Modificaciones constitucionales

Durante el gobierno de Jorge Montt también se sancionaron y ratificaron importantes reformas constitucionales, las que establecían mayores atribuciones al Poder Legislativo. Entre las más importantes se pueden señalar: la ampliación de las incompatibilidades parlamentarias y la aprobación de una reforma sobre veto presidencial de las dos cámaras. Además, se estableció que se requería el acuerdo del Senado para los nombramientos de ministros diplomáticos y la facultad de convocar al Congreso a sesiones extraordinarias, cuando lo estimara conveniente o cuando la mayoría de ambas cámaras lo pidiera por escrito.

La Marina fue objeto de especial atención del Presidente; se creó la Dirección General de la Armada y se aumentó la fuerza naval con dos embarcaciones adquiridas en astilleros ingleses.

La economía

Bajo su gobierno se reabrieron las puertas a los capitales extranjeros -alemanes y estadounidenses-, rematándose las salitreras para, junto a la contratación de nuevos empréstitos extranjeros, poder obtener nuevos recursos financieros. Al término del período de Jorge Montt se decretó la ley de conversión metálica, no obstante, no se logró detener el déficit fiscal y la deuda externa continuó aumentando.

En esas condiciones entregó el país a Federico Errázuriz, el Presidente que lo sucedió en 1896.

Regresa a la Armada: hombre intachable

Después de su período presidencial, Jorge Montt regresó al servicio de la Armada con el grado de vicealmirante. En 1897 viajó a Europa y a su regreso al año siguiente fue nombrado director general de la Armada, recibiendo condecoraciones por sus acciones navales.

Pasó a retiro en 1913 y fue elegido alcalde de Valparaíso en 1915, cumpliendo una satisfactoria labor. Al término de su mandato en 1918 y a modo de reconocimiento, el inspector de la Tesorería Municipal, Luis Alberto Canales, escribió un libro que relataba la forma intachable en que Montt había cumplido con su quehacer.

Murió en Santiago el año 1922, dejando como herencia sus bienes, que incluían una casa que le habían regalado sus partidarios al término de su mandato.

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