Sistema locomotor

Para que nos movamos libremente, requerimos de la puesta en marcha de un complejo sistema conocido como locomotor, en el que, además de los músculos voluntarios o estriados -los adosados a nuestro esqueleto- y el sistema nervioso, intervienen los huesos, los tendones, el tejido conectivo y el sistema circulatorio.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 11/06/2010
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Componentes y funciones

Los músculos torácicos y abdominales facilitan el proceso de respiración.

Los músculos torácicos y abdominales facilitan el proceso de respiración.

El sistema nervioso envía la orden, que llega a través de las terminaciones nerviosas a los músculos involucrados en el movimiento deseado. El músculo, unido a los huesos por los tendones y el tejido conectivo, ejerce la fuerza, al convertir la reacción química en movimiento. Los huesos actúan como palancas, mientras que las articulaciones -lugar donde se juntan los huesos- funcionan como puntos de apoyo.

Por otra parte, como la contracción sólo permite tirar y no empujar, los músculos están dispuestos en oposición los unos a los otros, generalmente ligados a un mismo hueso o a uno muy cercano. Esto permite que siempre se pueda invertir el sentido del movimiento.

La energía y el combustible necesarios para el trabajo eficiente de los músculos (glucosa y oxígeno) son entregados por el sistema circulatorio, por medio de las arterias. De esta combustión surge anhídrido carbónico, gas que es transportado por las venas hacia los pulmones, donde es expulsado a través de la respiración.

Se pueden hacer algunas distinciones respecto a la función que ejercen los músculos esqueléticos cuando realizamos movimientos voluntarios.

En primer lugar, están los músculos denominados motores principales, los iniciadores de la fuerza y que son de dos tipos: los agonistas, cuya contracción se convierte en movimiento al doblar o flexionar un hueso, y los antagonistas, que ejercen la acción opuesta, es decir permiten la extensión de un miembro.

La complementariedad de agonistas y antagonistas permite un esfuerzo muscular suave y eficiente, ya que cuando un motor principal se contrae, la tensión en su antagonista se reduce y estabiliza el movimiento.

También están los llamados motores auxiliares, que son los músculos que contribuyen a un movimiento específico ayudando al motor principal. Esto se debe a que en cada zona del cuerpo existen varios músculos que deben intervenir al mismo tiempo para que nos podamos mover o mantener una posición determinada. Las expresiones faciales son un excelente ejemplo de esta complejidad, ya que cualquier gesto involucra a una serie de músculos, debido a su cercanía a la piel.

Además, contamos con los músculos estabilizadores o fijadores, cuya función es sostener un hueso u otra parte del cuerpo, proporcionando la firmeza sobre la que los músculos activos pueden actuar. Por ejemplo, en el levantamiento de pesas, los músculos abdominales se contraen para prevenir que se hundan las caderas y el tronco, permitiendo que la inercia se transfiera desde el cuerpo al peso, manteniéndolo fijo.

Esfuerzo de muchos

Sólo en el rostro hay más de 100 músculos. Al reír se ocupan 17 de ellos, mientras que al gesticular con la frente para expresar sorpresa, molestia, confusión, etc., se utilizan 43.

El control de los músculos

El control de los músculos necesario para lograr la posición erguida y el movimiento no es algo con lo que se nace. Gradualmente, durante los primeros meses de vida, los bebés aprenden la coordinación y el control que, excepto en los accidentes, la enfermedad y los estragos de la ancianidad, les acompañarán durante toda la vida.

Los bebés comienzan por el control de los músculos para sostener la cabeza: el cuello, seguido de los hombros y los brazos, y luego el resto del cuerpo. Solo con el dominio de los músculos de la pelvis y las piernas pueden ponerse de pie y caminar.

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