El arte en Mesopotamia

Las manifestaciones artísticas respondían a los intereses del Estado y el culto religioso, lo que no limitó su originalidad y valor artístico.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 20/04/2010
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Arte mesopotámico

El zigurat de Ur, una de las obras arquitectónicas más destacadas de los mesopotámicos.

El zigurat de Ur, una de las obras arquitectónicas más destacadas de los mesopotámicos.

Como esta civilización estaba fundamentada sobre un sistema político teocrático -dependiente de los sacerdotes- y absoluto, las manifestaciones artísticas respondían a los intereses del Estado y el culto religioso, lo que no limitó su originalidad y valor artístico.

Para clasificar el arte mesopotámico se han considerado tres factores:

-La guerra fue una preocupación constante, lo que determinó que gran parte del arte se dedicase a la glorificación de las victorias militares.

-El rol destacado de la religión en los asuntos del Estado, por lo que se dio primordial importancia a los edificios religiosos. Gran parte de las esculturas eran con fines espirituales.

-La influencia del entorno natural. Como no habían piedras ni madera en el valle, a excepción de lo que se importaba, debieron utilizar en sus construcciones ladrillo y adobe -mezcla hecha en base a lodo arcilloso-, que son materiales de menor duración. Por eso han quedado tan pocos vestigios de esta cultura.

Arquitectura

Todos los pueblos que poblaron Mesopotamia construyeron, a orillas de los ríos Tigris y Éufrates, grandes ciudades que eran centros políticos y religiosos. Las principales fueron Ur, Babilonia, Assur y Nínive.

Los templos y edificios se hacían de miles de ladrillos y adobes. Para recubrir las paredes empleaban azulejos que les daban un gran colorido. También eran comunes las figuras de toros alados.

Los templos tenían base cuadrangular, sobre la que se construían torres escalonadas, como pirámides, llamadas zigurat, cuyo objetivo era invitar a las divinidades a descender y residir entre ellos. Por ello, en la cima se encontraba el santuario del dios, que por lo general se dividía en dos cámaras. En una estaba el altar, y en otra, la mesa de sacrificios. A estas instalaciones solo podían acceder los sacerdotes, para llevar diariamente las ofrendas. Los zigurats o torres más importantes son los de las ciudades de Babilonia, Ur, Eridú, Kish y Uruk.

Las paredes internas de los templos solían adornarse con mosaicos pintados en colores vivos, a manera de murales.

Los palacios caracterizados por relieves esculpidos en las paredes de las habitaciones, como el de Tell al-Asmar, fueron mayoritariamente construidos por los acadios, al igual que las fortalezas, como la de Tell Brak.

En el tiempo de los asirios, grandes palacios como los de las ciudades de Nimrud, Khorsabad y Nínive reflejaban el nuevo interés en edificios laicos y la grandeza del imperio. Elevados sobre una plataforma, en sus puertas había inmensas esculturas de piedra.

Durante el período neo-babilónico, se amplió la ciudad de Babilonia. Los edificios públicos se dispusieron a lo largo de un amplio camino que conducía al centro de la ciudad, al templo y zigurat de su dios Marduk.

Escultura

El culto religioso estimuló el desarrollo de la escultura sumeria. Las figuras de piedra, principalmente masculinas, suelen estar de pie o sentadas, con las manos cruzadas en actitud de oración. Desnudos de la cintura para arriba, llevan una falda con adornos en forma de pétalos superpuestos. De cabello largo y barbas muy pobladas, fácilmente reconocibles porque terminan en un corte recto.

Las esculturas más conocidas son la treintena del gobernador de Lagash, Gudea, y de un patesi o príncipe sacerdote de la ciudad (de alrededor del 2200 a.C.). Son de piedra labrada y dan una impresión de serena autoridad.

Los relieves en piedra -presentes en los palacios- fueron un medio de expresión muy extendido entre los sumerios. Se han encontrado fragmentos de estelas conmemorativas. Por ejemplo, la estela de los buitres, que conmemora una victoria militar pero tiene un contenido religioso.

Otra importante forma de expresión fueron los sellos cilíndricos, delicadamente grabados en piedra. La mayor perfección en esta técnica la habrían alcanzado los acadios.

Con posterioridad se empezaron a hacer esculturas en metal, caracterizadas por un mayor refinamiento y cuidado de los detalles. Mesopotamia pasó desde la Edad del Bronce a la del Hierro en alrededor de tres milenios.

Grandes epopeyas

Mesopotamia nos ha legado una treintena de leyendas y epopeyas y unos 300 proverbios y fábulas. Una de sus obras más importantes es la Epopeya de Gilgamesh, poema del 2500 a.C., protagonizado por Enkidu y Gilgamesh. El primero representa el tránsito del estado natural al civilizado, y el segundo, al héroe que busca la inmortalidad.

El diluvio universal también aparece en este poema, cuando Gilgamesh se encuentra con Ut-Napishtim, el Noé babilónico, que le describe la fabricación de la nave que Ea le ha encargado para salvarse del diluvio.

Otro de los poemas épicos conocidos es el Enuma elish, que trata sobre la creación del mundo por el dios Marduk, algo parecido al Génesis bíblico, pero anterior.

El evento funarario

Las tumbas eran bóvedas construidas de ladrillos y piedras. En el caso de las tumbas de los reyes de Ur -una de las ciudades más importantes de los sumerios-, los arqueólogos encontraron, además de muchas joyas de oro y plata, armas y armaduras de cobre y los restos de reyes y reinas, a todo su séquito: los guardias reales, las damas de la corte, carros revestidos de plata, los esqueletos de bueyes y asnos, los peones, y hasta una arpista.

La muerte del rey significaba el fin de todos aquellos que le habían servido.