La seda

La seda es un producto natural que reúne características únicas, y el hombre, inútilmente, ha intentado obtenerla a través de métodos artificiales e industriales.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 30/05/2012
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Material natural que el hombre ha tratado de imitar

Este material proviene de la fibra de la cual se conforma el capullo que cubre la crisálida del gusano de la seda (bombyx mori). Se trata de una oruga y no un gusano propiamente tal. En una de las etapas del proceso de metamorfosis de la mariposa y otras pocas especies próximas que se emplean en la industria de la seda, nacen orugas que se alimentan únicamente con hojas de morera, (moráceas). Posteriormente estas pasan a un estado de crisálida cuyo cuerpo se aloja dentro de una cubierta ovoide de fibras de seda. La oruga previo a su cambio de estado produce la fibra y se envuelve en ella.

Descubrimiento

El descubrimiento de los hilos de seda se remonta al año 2.600 a.C. Xi Linghsi o Sihing-Chi , emperatriz China, observó que existían larvas que devoraban las hojas del árbol de morera que tenía en sus jardines de palacio. Se trataba de orugas, que producían capullos de mucha suavidad. Cuidadosamente, los Chinos desenredaban estos capullos de seda en forma manual, consiguiendo hebras que podían alcanzar hasta más de un kilómetro de largo por cada capullo.

Fabricación

Para la fabricación de seda primero se separan las fibras del capullo con aplicaciones de vapor. Luego se tuercen entre si para formar el hilo denominado seda cruda. Para recolectar la seda de los capullos, se hierben los capullos intactos en agua por cinco minutos, volteándolos cuidadosamente. Se sacan del agua y usando una aguja de disección o alguna herramienta parecida, se comienza a juntar hebras. Cuando se encuentra una hebra que se despega fácilmente, se envuelve la hebra de seda en un lápiz. Varias hebras se combinan para hacer un hilo.

La sericultura

La sericicultura es la combinación de los cuidados del hombre y el trabajo de una oruga poseedora de la invaluable capacidad para producir, con sus glándulas salivosas, miles de metros del fínisimo hilo. Con él confecciona su capullo y se guarnece durante el proceso de metamorfosis que lo lleva a convertirse en una bella mariposa.

La sericultura implica la incubación artificial de los diminutos huevos de la mariposa de la seda hasta que se transforma en oruga. Cuando salen del huevo se ponen bajo una capa de gasa. Durante seis semanas las orugas comen hojas y moreras picadas, y al final de este periodo están listas para elaborar su capullo y se introducen en ramas de árboles y arbustos en los criaderos.

La cantidad utilizable de seda en cada capullo es pequeña, por lo que son necesarias cerca de 5.500 orugas para producir un Kg. de seda pura.

El primer paso de la fabricación de la seda es eliminar los insectos que hay en su interior por lo que los capullos se hierven. La fibra de seda se obtiene de los capullos mediante un delicado proceso llamado hiladura.

La sericultura no necesita de mucha inversión ni fuerza física, pero sí de dedicación y cuidados de temperatura, humedad, tiempo y limpieza de los animalitos y de la morera. Esta planta les proporciona el alimento durante su corta vida y les aporta el almidón que transforman en una hebra, que puede alcanzar los 1.500 metros de longitud en cada capullo. Sin embargo, 500 metros de hebra apenas alcanzan a pesar 130 miligramos de seda; por lo que cada metro, convertido en miligramo, resulta ser sumamente caro en valor monetario y en esfuerzo.

Características

La seda es un producto natural que reúne características únicas, y el hombre, inútilmente, ha intentado obtenerla a través de métodos artificiales e industriales. Los japoneses encontraron la manera de disolverla para rehacer nuevamente la hebra, pero su descubrimiento no sirvió de nada. También se han logrado producir delicadas hebras a base de gelatina, algo resistentes al insolubilizarlas con formol, pero se encontró que al contacto con el agua, se hinchaban y perdían toda forma corporal.

Finalmente, después de tanto buscar, se encontraron hebras de características delgadas y brillantes, a las que se les llamó sedas artificiales, como la artisela, la sedalina y el rayón. Ninguna de ellas ha logrado obtener la resistencia del hilo del gusano de la seda, que es de 8 gramos, peso que puede soportar antes de romperse; tampoco igualan su elasticidad, ya que un metro logra estirarse hasta 10 centímetros más, sin romperse; y, desde luego, no han superado su consistencia, duración ni finura.

La seda tiene, además, la cualidad de conservar el calor natural, mientras que las imitaciones, por ser un producto sintético, son sumamente frías. Entre su larga lista de atributos, hay que agregar la enorme capacidad de absorción para el agua, los gases y los colorantes; y para cerrar con broche de oro, basta decir que es un magnífico material para aislar los alambres de metal.

La seda se sigue empleando en la confección de prendas como trajes ligeros, abrigos y pantalones, chaquetas, camisas, etc.