El feudalismo

La caída de Roma y las invasiones bárbaras provocaron en Europa la sustitución de las relaciones políticas entre Estado y ciudadanía por la vinculación personal entre señores y vasallos, régimen conocido como feudalismo.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 10/06/2010
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Sociedad y economía feudal

Los monjes desarrollaron el oficio de copistas, con lo que preservaron valiosos escritos grecolatinos.

Los monjes desarrollaron el oficio de copistas, con lo que preservaron valiosos escritos grecolatinos.

Cada estamento era independiente y fueron los siguientes:

-La nobleza: estaba formada por el rey, los señores feudales y sus vasallos. Su estado era hereditario. Los nobles constituían una pequeña parte de la población, pero poseían la mayoría de las tierras cultivables y tenían grandes privilegios (no pagaban impuestos).

-El clero: compuesto por el alto clero (hijos de nobles con cargos de cardenales u obispos) y el bajo clero (sacerdotes y religiosos de clase campesina). Este grupo no solo cumplía con sus funciones eclesiásticas, sino también con importantes roles sociales y culturales.

-Campesinos y siervos: conformado por la mayoría de la población de esa época. Los siervos eran los encargados de trabajar las tierras del feudo y no poseían ninguna propiedad ni derecho. Los campesinos, que eran personas libres, podían ser dueños de algunas tierras y realizaban numerosos servicios para el señor. 

En cuanto al ámbito económico, el feudalismo llevó a la práctica una economía de subsistencia, basada en la agricultura y la ganadería. De tipo rural, esta economía tenía una mínima división del trabajo y escasos intercambios comerciales. Su centro era el feudo, que correspondía a grandes y autosuficientes propiedades de nobles o eclesiásticos.

Sin embargo, en el siglo XII, producto de las Cruzadas, aumentó el intercambio comercial entre Europa y Cercano Oriente, lo que se tradujo en la instalación de un nuevo tipo de relación económica muy distinta al feudalismo: era el eje entre el capitalista, el comerciante y el mercader.

El aumento del comercio también implicó un traslado desde las actividades realizadas dentro o al pie del castillo feudal, a las renacidas ciudades. Al mismo tiempo fueron apareciendo nuevos grupos económicos y sociales, como los gremios (asociaciones), que surgieron para reglamentar la labor productiva de los artesanos.

La sociedad en el feudalismo

La Edad Media fue una época donde la sociedad se caracterizó por la gran desigualdad de clases. Solamente había un grupo reducido de personas que eran libres; el resto se encontraba sometido y no podía abandonar la tierra donde había nacido, sistema que se conoció como servidumbre.

Las clases sociales eran tres: la nobleza, el clero y la población campesina

El primer grupo o nobleza lo constituía el rey, el señor y sus vasallos. Estaba constituida en su mayoría por personas de origen franco o germánico.

El segundo grupo, o clero. Además de las funciones religiosas, tuvo un papel trascendental en la sociedad y la cultura, debido a que sus miembros recibían una instrucción superior que les capacitaba para dirigir la sociedad. Un aspecto interesante de la constitución clerical del medioevo es que, si bien a menudo se conformaba con nobles, no excluía que humildes campesinos pudieran también ordenarse sacerdotes.

El tercer grupo, o población campesina, era la base de la pirámide social. Sus integrantes —salvo unos pocos que habían permanecido libres— dependían de algún señor, ya fuera por nacimiento o por herencia. El campesino o siervo no era dueño de su persona, pues formaba parte de la gleba o tierra, y no podía abandonarla sin el consentimiento del señor. Tal vez su mayor ventaja era la de no poder ser arrancado de la hacienda, pues estaba unido a ella prácticamente como arrendatario perpetuo.

Los campesinos libres

Dentro de la clase campesina existía un tipo de siervos que podían mudarse, contraer matrimonio y transmitir los bienes a sus hijos según su propia voluntad. Eran los denominados campesinos libres, personas que a pesar de las ventajas que tenían, de todas maneras debían respetar ciertas obligaciones, como el servicio militar, pago de impuestos en dinero o especies y el cumplimiento del signo de servicio, que consistía en cortar los prados del señor, acarrearle el vino y limpiar los fosos de su castillo.

También era frecuente que no pudieran cosechar, vender o comprar sus productos sin la autorización del señor, y que se les prohibiera moler su trigo, estrujar la uva o cocer pan en un horno que no fuera del señor.

Homenaje, juramento e investidura

El acto mediante el cual una persona se convertía en vasallo y recibía un feudo tenía varias etapas. La primera, conocida como homenaje, era una ceremonia muy solemne en la que el vasallo se arrodillaba con la cabeza descubierta y sin armas ante su señor, y colocaba sus manos juntas entre las de este, diciendo: “Señor, yo seré vuestro hombre”.

Al homenaje seguía el juramento de fidelidad, que el vasallo hacía poniendo sus manos sobre la Biblia.

Luego venía la investidura, en la que el señor investía al vasallo del feudo, entregándole un objeto simbólico, como una rama o un puñado de la tierra enfeudada.

Mediante el homenaje y la investidura se establecía un contrato que imponía diversas obligaciones recíprocas entre vasallo y señor.

La negra muerte

A mediados del siglo XIV, una plaga conocida como la peste negra (una variedad de peste bubónica) asoló a Europa, con un efecto devastador.

Se extendió desde Asia Central hacia Occidente, desde el sudoeste hacia el Mediterráneo y rodeando las costas del Atlántico Norte y el Báltico. Esta enfermedad infecciosa era fulminante; la mayoría moría en un plazo de 48 horas. Según se estima, en esa época murió entre un tercio y la mitad de la población de Europa, Oriente Medio, norte de Africa e India.

La peste negra se llamó así debido a uno de sus síntomas: las dolorosas lesiones de color negro que exudaban sangre y pus.

¿Sabías que?

Entre el siglo XI y el XIII las tierras feudales aumentaron su rendimiento agrícola debido a progresos en las herramientas y aperos, tales como: la introducción del arado con ruedas y la mejor sujeción de los yugos en los animales de tiro.

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