Revolución Francesa (1789-1794)

La Revolución Francesa (1789-1794) es una etapa clave en la historia de la humanidad, ya que derriba el sistema absolutista e impone los derechos de los ciudadanos: igualdad, libertad y fraternidad.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 14/06/2010
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Etapa clave en la historia

En Francia el poder del rey era dado por derecho divino y estaba centralizado en su persona, debido al sistema político de gobierno de monarquía absoluta que regía.

La sociedad se distribuía en tres clases: el clero, la nobleza y el estado llano. Las dos primeras eran privilegiadas y la tercera, la mayoría de la nación, incluía a campesinos, artesanos, obreros, burgueses y otros, quienes soportaban casi todas las cargas del Estado, entre ellas, pagar los impuestos, de los cuales estaban exentos el clero y la nobleza. Sólo la burguesía tenía una posición mejor, ya que se había enriquecido mucho durante el siglo XVIII, pero aun así quería cambios radicales.

Sin embargo, el resto del estado llano sufría miseria y hambre. En París, de 650.000 habitantes, 119.000 eran indigentes, un ejército dispuesto a un motín para mejorar su pésima condición.

Por otra parte, el alto clero (obispos y abades) disponía de una enorme fortuna y la gran nobleza de cuantiosas rentas otorgadas por el rey.

¿Sabías que?

Durante el Absolutismo, toda persona mayor de siete años estaba obligada a comprar cerca de 3 kilos de sal al año, aunque estuviera en la miseria. No hacerlo se consideraba un delito.

Corte costosa

El rey residía en el palacio de Versalles, en las afueras de París, junto a una corte compuesta por alrededor de 18 mil personas. Cuatro mil de ellas correspondían a su servicio personal y formaban la casa del rey. La casa militar, integrada por guardias de corps, gendarmes y guardias suizos, abarcaba 9 mil hombres.

Para tener una idea del lujo desenfrenado del lugar, basta decir que el monarca disponía de casi dos mil caballos en sus cuadras para su uso personal. “La corte –decía un gran señor de la época– es la tumba de la nación”.

Nuevo calendario

Durante la revolución se creó un nuevo calendario, en el cual el año I comenzaba el 22 de septiembre de 1792 y terminaba el 21 de septiembre de 1793. Los años se dividieron en 12 meses: nivoso, pluvioso, ventoso, los de invierno; germinal, floreal, pradial, los de primavera; mesidor, termidor, fructidor, los de verano, y vendimiario, brumario y frimario, los de otoño.

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