Monarquías nacionales

La Edad Moderna comienza con la aparición, en ciertos territorios europeos, de las monarquías nacionales. Mientras se imponía esta idea de Estado nacional, el sistema feudal fue dando paso a una administración centralizada y a un sistema estatal de impuestos relacionado con la figura del rey, símbolo del poder absoluto.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 25/05/2010
  • Imprimir

El poder absoluto

El cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis) es considerado el creador del Absolutismo.

El cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis) es considerado el creador del Absolutismo.

Se conoce como absolutismo al sistema de gobierno que reúne en una persona -en este caso el soberano- el ejercicio del poder, sin límites de ninguna naturaleza. Este tipo de régimen ha estado presente en distintos países y épocas, pero mayoritariamente ha definido un momento histórico, donde existió un fuerte predominio de las monarquías absolutas europeas de los siglos XVI al XVIII.

Durante la Edad Media y de acuerdo al derecho divino, el poder se encontraba dividido entre la Iglesia y el monarca. Esto quería decir que la primera, con la figura del Papa a la cabeza, se reservaba la potestad sobre los asuntos espirituales; mientras que el poder real quedaba supeditado a leyes y privilegios de diversa índole. No obstante, cuando finalizó el siglo XVI, las transformaciones experimentadas por la sociedad europea revolucionaron todos los terrenos del pensamiento, incluidos el filosófico y religioso. Por esta época, Francia quedó a merced de violentas guerras civiles en las cuales los nobles se levantaron contra el rey, y los católicos y protestantes se disputaron el poder. Lo anterior tuvo como consecuencia el fortalecimiento del poder real y, paralelamente, el del fenómeno nacional con el cual nació el absolutismo.

El país galo inició su resurgimiento bajo el mandato de Enrique IV, primer rey de la dinastía Borbón, quien restableció el orden mediante la dictación, en el año 1598, del Edicto de Nantes, un documento que reconocía al catolicismo como religión oficial, pero permitía a los protestantes o hugonotes (seguidores de la doctrina de Calvino) la libertad de culto.

Muerto Enrique IV, le sucedió María de Médicis, segunda esposa del monarca, quien actuó como regenta por su hijo Luis XIII, que solo tenía nueve años. Cuando Luis se hizo cargo del trono, al alcanzar la mayoría de edad, tomó a su servicio como ministro principal (presidente del Consejo Real), en 1624, al cardenal Richelieu (Armand Jean du Plessis, duque de Richelieu), quien gobernó como virtual dictador hasta su muerte.

Los esfuerzos de Richelieu se orientaron a disgregar el partido protestante; restar importancia a la nobleza, y restablecer el poder de Francia en el exterior. Para destruir la organización protestante, mandó bloquear el puerto de La Rochelle, centro de operación de los protestantes, a fin de impedir el ingreso de cualquier ayuda proveniente de los ingleses. La escasez de alimentos gatilló la rendición de los protestantes, que fue aprovechada por Richelieu para imponerles en 1629 la Gracia o Paz de Alais, que les quitaba el privilegio por el cual habían podido formar un partido político y celebrar asambleas. Solo les garantizó la libertad de culto y la igualdad con los católicos.

Richelieu restableció el poder exterior de Francia al lograr desplazar a España, que hasta ese entonces era la primera potencia europea.

Los fundamentos del absolutismo

Uno de los primeros teóricos que sostuvo el principio del absolutismo fue el filósofo inglés Thomas Hobbes. Él afirmaba que, si se partía de la igualdad entre los hombres, era lógico que todos aspiraran a poseer las mismas cosas y que esto los hacía vivir en un permanente estado de guerra.

Así, el hombre se transformaba en una especie de lobo para los demás, entorpeciéndose la vida en sociedad. De aquí que Hobbes defendiera la autoridad del Estado como única institución capaz de garantizar la paz y la seguridad, tesis desarrollada en su obra más emblemática, Leviatán. Por su parte, el filósofo francés Jacques Bénigne Bossuet, en concordancia con las ideas de Hobbes, sostenía que, como al rey la autoridad le era concedida por Dios, este no era responsable de sus actos ante ninguna persona ni institución terrenal.