Figuras literarias o retórica

En el lenguaje figurado utilizamos figuras literarias o retóricas.

  • Segundo Ciclo
  • Última actualización: 28/05/2010
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Las diferentes figuras literarias o retóricas

¿Te has fijado que muchas veces algo que podemos decir directamente lo disfrazamos y lo expresamos de otra forma? 

Por ejemplo, cuando un lugar está lleno de gente, en vez de decir eso mismo, decimos que no cabe ni un alfiler. O que tal persona está en la flor de la vida, queriendo decir que es joven. Bueno, ese es un lenguaje figurado, porque utiliza figuras literarias o retóricas, las cuales son recursos a los que permanentemente recurren los poetas; pero no son exclusivos de ellos o de la literatura en general, porque se emplean mucho en el lenguaje cotidiano, debido a la capacidad que tenemos todas las personas de figurar algo.

Algunas de las figuras literarias o retóricas son las siguientes:

Anáfora

Es una repetición de palabras al principio de un verso o al inicio de frases semejantes.
Que mi dedito lo cogió una almeja
y que la almeja se cayó en la arena
y que la arena se la llevó el mar...
(La Manca, de Gabriela Mistral, chilena).

Antítesis

Es la oposición de términos contrastantes.
Oh, tú, Mississipi,
cargado de puños y de pájaros,
de sueños y metales.
(Elegía a Emmet Till, de Nicolás Guillén, cubano).

Epíteto

Es un adjetivo que destaca una cualidad propia del sustantivo.
Puro, Chile, es tu cielo azulado, o
En el verde follaje de los árboles.

Hipérbole

Consiste en exagerar las cosas, aumentando o disminuyendo la verdad de lo que se dice. 
Mujer, el mundo está amueblado por
tus ojos, se hace más alto el cielo en tu presencia.
(Altazor, Canto II, de Vicente Huidobro, chileno).

Onomatopeya

Consiste en imitar sonidos reales.
Yambambó, yambambé
repica el congo sorongo
congo sorongo del songo
baila yambó sobre un pie.
(El son entero, de Nicolás Guillén). Aquí se trata de reproducir el sonido de los tambores.

Personificación o prosopopeya

Consiste en atribuir cualidades humanas a objetos sin vida o a seres animados.
Hasta las piedras se enternecen con mi llanto.
(Égloga primera, de Garcilaso de la Vega).

Símil o comparación

Expresa la relación de semejanza entre dos ideas utilizando las palabras comparativas: como, tanto como, menos que, más que, igual a (entre otras palabras).
Como los árboles, teje ella misma sus vestidos. 

Se compara a la mujer con los árboles, porque ella misma confecciona sus ropas, tal como el árbol lo hace con su follaje.
 
Retruécano

Repite dos palabras o frases invirtiendo su orden y con distinto sentido.
La hípica es el rey de los deportes y el deporte de los reyes.

Hipérbaton

Invierte el orden gramatical de las palabras.
De salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
(Del salón en el ángulo oscuro, de Gustavo Adolfo Bécker). (Por: El arpa se veía silenciosa y cubierta de polvo, en el ángulo oscuro del salón, tal vez olvidada de su dueño).

Reticencia

Deja incompleta una frase, pero dando a entender con más energía lo que se ha callado.
Por el solio (trono) de Apolo soberano juro... y no digo más. Y ardiendo en ira, se echó a las barbas una y otra mano.
(Viaje del Parnaso, capítulo tercero, de Miguel de Cervantes).

La figura Maestra

La metáfora es la máxima expresión del lenguaje figurado y todos los poetas, y los escritores en general, buscan siempre la forma de utilizarla, tratando de llevarla al más alto nivel posible. Consiste en trasladar el significado de una palabra a otra, gracias a la semejanza que existe entre ellas. En el fondo, es nombrar una cosa por otra.

Coged de vuestra alegre primavera, el dulce fruto antes que el tiempo airado cubra de nieve la hermosa cumbre. (Soneto XXIII de Garcilaso de la Vega). La alegre primavera es la juventud; la nieve, las canas; y la cumbre, la cabeza. O sea, lo que se quiere decir es que con el paso del tiempo las personas envejecen. Guarda de estos jazmines de abejas era un escuadrón volante ronco, sí, de clarines, mas de puntas armado de diamante; púselas en huida, y cada flor me cuesta una herida. (El jardín, de fray Luis de Góngora) El escuadrón volante es un enjambre; ronco, y los clarines, el zumbido; y las puntas y el diamante, los aguijones.