Tras la conquista del territorio hasta el Biobío, los españoles emprendieron la tarea de organizarlo administrativamente. Fue así como, de manera paulatina, la sociedad en su conjunto asumió la tarea de establecer las bases de lo que a futuro sería una nueva nación.
Al sur de la frontera de Arauco, los enfrentamientos continuaban. Tras el desastre de Curalaba (1598), se buscó la mejor alternativa de pacificación para dominar a los indígenas rebeldes y así incorporar sus territorios al dominio español.
La situación económica y productiva también sufrió importantes cambios durante la época colonial. De predominar la actividad minera y la incesante labor desarrollada en los lavaderos de oro, se dio paso a la supremacía de las faenas ganaderas y agrícolas en el territorio nacional.
Durante los primeros años de la Colonia, nuestro país aún se adecuaba al nuevo orden establecido. Diferentes formas de apropiación del territorio, la introducción de normas de convivencia y el encuentro cultural ocurrido más de medio siglo antes regirían no solo las formas de vida, sino que, también, explicarían una serie de costumbres y ritos.
La Ilustración fue una tendencia intelectual que situaba a la razón como ente protagónico y que solo aceptaba como verdadero lo que podía ser racionalmente demostrado, colocando en tela de juicio desde asuntos políticos hasta religiosos y el progreso de la humanidad como una de las principales metas a alcanzar.