Cuando los españoles tropezaron con el continente americano en su camino hacia las Indias, hallaron sociedades sumamente complejas, incluso comparables a las europeas.
Si bien no está claro su origen -se cree que provenían del sur del actual Estados Unidos-, este pueblo consiguió, a través de su historia, avances notables en las matemáticas, astronomía y arquitectura, por nombrar alguna áreas donde destacaron.
En 1519, el imperio se componía, según los documentos indígenas, de 38 "provincias", entidades económicas más que políticas, sometidas a pagar un impuesto o tributo, el cual constituía la base de la riqueza azteca.
Los más de diez millones de aborígenes incas estaban repartidos en los Andes Centrales y a lo largo de la costa del océano Pacífico en América del Sur. Hablamos de un territorio que abarcaba lo que es actualmente Ecuador y Perú, el norte y centro de Chile, el oeste de Bolivia y el noreste de Argentina.
Existían diversas causas que contribuyeron a la realización de los grandes descubrimientos geográficos, entre ellas, las económicas, las ideológicas y las tecnológicas.
El deseo de conocer nuevas rutas marítimas llevó al descubrimiento de dos nuevos continentes: América y Oceanía. Los líderes de esta búsqueda fueron los reinos de Portugal y España; con el tiempo, les seguirían Inglaterra, Holanda y Francia.
Después del descubrimiento de América varios exploradores españoles emprendieron el reconocimiento territorial del nuevo continente en varias expediciones que inauguraron un nuevo período: la conquista.