Muchos de los síntomas que se atribuyen a enfermedades del estómago pueden estar originados por trastornos psicosomáticos, enfermedades sistémicas generales o enfermedades de órganos vecinos, como el corazón, hígado o riñones.
Según estudios científicos, la contaminación produce un efecto nocivo permanente sobre el cuerpo humano, y el sistema más afectado es, precisamente, el respiratorio.
En términos generales, podemos decir que nuestro sistema circulatorio se enferma básicamente según dos tipos de patologías: las congénitas y las adquiridas.
Se encuentra disperso por todo nuestro cuerpo. Mantiene un control permanente de los microorganismos, toxinas, partículas extrañas y células enfermas. De ahí su asombrosa capacidad para reconocer materias ajenas.
Existen dos tipos principales de inmunidad específica: la celular, en la cual el invasor es atacado directamente por linfocitos T; y la humoral, en la que los linfocitos B producen anticuerpos específicos para destruir el patógeno.
Las células que participan en las respuestas inmunitarias se organizan para formar tejidos y órganos. El conjunto de ellos se denomina sistema linfoide,y está compuesto por dos grandes grupos de órganos linfoides, los primarios o centrales y los secundarios o periféricos.
La alergia es una respuesta exagerada del organismo cuando entra en contacto con determinadas sustancias provenientes del exterior. Estas sustancias capaces de provocar una reacción alérgica se conocen como sustancias alergénicas o alérgenos.
La existencia de los anticuerpos de IgE es común en las enfermedades alérgicas. Pero los síntomas físicos difieren, dependiendo del tipo de mediador liberado y dónde actúe.
Las vacunas son preparados antigénicos atenuados, confieren respuesta inmune pero no provocan enfermedad, esta respuesta genera memoria inmunológica produciendo, en la mayoría de los casos, inmunidad permanente frente a la enfermedad.
El daño de músculos y tendones es provocado por un sobreesfuerzo en las actividades cotidianas, y por movimientos de estiramiento o retorcimiento, como los que se efectúan durante una práctica deportiva.
Aunque no lo parezca, los huesos son también susceptibles de sufrir enfermedades como las demás partes de nuestro organismo. Muchas de ellas se deben a problemas nutricionales, hormonales, congénitos (presentes desde el nacimiento) o, simplemente, a la vejez.
Las lesiones de músculos y tendones se pueden producir por un esfuerzo desmedido o por movimientos de estiramiento o retorcimiento mal hechos durante la práctica de algún deporte o ejercicio, y, en menor medida, en forma accidental durante nuestras actividades cotidianas.