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Edad antigua: Egipto, Historia, Geografía y Ciencias Sociales

5° Básico

La religión egipcia

Los egipcios fueron un pueblo tremendamente apegado a los mandatos divinos.

La religión egipcia se desarrolló a lo largo de unos tres mil años, en los que escasamente recibió alguna influencia externa. Para ellos, la concepción del mundo estaba dada por la idea primigenia de un caos que amenazaba con volver a ocurrir, siendo la voluntad de los dioses la única forma de mantener un equilibrio, y la razón por la cual la religión -de características rituales- buscaba asegurar el favor divino y la vida después de la muerte.

Antes de que se produjera la unificación de Egipto (3100 a. C.), en el valle del Nilo existían numerosos cultos y dioses locales, que por lo general se representaban bajo la figura de un animal o mezclando esta con la de un ser humano. Sin embargo, al quedar todo bajo un mismo imperio, los faraones se presentaron como la encarnación del dios Horus, hijo de Osiris y de la diosa Isis, pero no se suprimieron los cultos locales. Así, el dios Ptah era el creador de la mitología de Menfis; y Atón, relacionado con Ra, el dios Sol, en la de la Heliópolis.

La predominancia de uno u otro dependía más que nada de cuestiones políticas. Así, los faraones tebanos de la XVIII dinastía impusieron a Amón en todo Egipto y lo identificaron con el dios solar Ra, venerándolo como Amón-Ra, único creador de la vida. Amenofis IV cambió a Amón por Atón y excluyó las divinidades locales. Después de su muerte se repuso nuevamente a Amón y volvió el politeísmo oficial. Tras la conquista de Alejandro Magno, la religión egipcia adoptó algunas formas griegas.

Durante el imperio antiguo, solo el faraón era iniciado para la vida futura. Al morir se convertía en Osiris, y su hijo encarnaba al nuevo Horus como administrador del orden establecido por los dioses.

La vida después de la muerte era considerada como parecida a la existencia terrena. Por esta razón, a los difuntos se les enterraba con elementos de uso cotidiano y alimentos. Las pinturas dibujadas dejaban constancia de cómo habían sido sus costumbres.

Asimismo, amuletos y conjuros eran depositados para proteger al muerto de los peligros que lo acecharían en su próxima vida.

Culto a los muertos y la construcción de pirámides

Para los egipcios, la preocupación religiosa se extendía después de la muerte. De aquí el culto sumamente especial y fervoroso que rendían a los difuntos. Este pueblo creía firmemente que, después de morir, el alma del hombre viviría feliz solo si se daba un tratamiento especial al cadáver para preservarlo de la corrupción. De esta manera, perfeccionaron el proceso de conversión llamado embalsamamiento, por el cual convertían los cadáveres en momias que colocaban en sarcófagos. Estos se decoraban con mayor o menor suntuosidad, dependiendo de la jerarquía social del muerto.

En la tumba se depositaban diversos objetos que, se creía, el difunto podría necesitar o echar de menos en la otra vida. Aves y gatos, entre otros animales, eran también embalsamados para servir de compañía a los hombres en su viaje al otro mundo. No podía faltar la inclusión de un papiro en el que se enumeraban las virtudes y buenas obras del difunto, con la finalidad de que fuera juzgado indulgentemente por Osiris, el dios de la otra vida, en el tribunal de los muertos.

Las pirámides constituían las tumbas más fastuosas e imponentes, pues en ellas se daba sepultura a los faraones. Las más importantes son las de Keops, Kefrén y Micerinos. Participar en la construcción de estos monumentos y de los templos era para los egipcios un acto de profundo significado. Toda la tierra de Egipto y su pueblo pertenecían a los dioses, y en particular a Horus, a quien, según se creía, el faraón representaba sobre la tierra en el transcurso de su vida. Las funciones de Horus consistían en mantener el orden total del universo, establecido en el momento de la creación, y que abarcaba no solamente la estructura social y política de Egipto, sino también las leyes de la naturaleza, el movimiento de los cuerpos celestes, la sucesión de las estaciones y la inundación y estiaje (nivel mínimo de un río) anuales del Nilo.

La edificación de las pirámides ha sido objeto de admiración para todas las generaciones posteriores. Consideradas como una de las siete maravillas del mundo antiguo, representan una obra de ingeniería que aún hoy constituiría un reto tratar de igualar.

Una escalinata hacia el Sol

No se sabe bien el significado que entrañaba la forma de pirámide; tal vez la pirámide escalonada representase una escalera gigantesca por la cual el faraón subiría hacia el Sol, y los lados inclinados de las últimas pirámides sugirieran los rayos del Sol hacía el cual ascendía el faraón.

En el Antiguo Egipto se creía que el faraón estaba dotado de cualidades divinas que le situaban aparte del común de los mortales. Así como se suponía que en vida era la reencarnación de Horus, el dios del cielo, en la muerte se unía al dios del Sol, Ra, y navegaba por el firmamento en su embarcación celestial.

Principales divinidades

Al principio todo en el mundo era agua y caos, hasta que apareció Amón-Ra, que ordenó todo y creó al resto de dioses. Primero creó a sus hijos, Shu (dios del aire) y Tefnut (diosa del agua), que a su vez engendraron a Nut y Geb. Sin embargo, Nut (diosa del cielo) y Geb (dios de la tierra) se casaron en secreto, y cuando Amón- Ra se enteró decidió separarlos y condenar a Nut a que no pudiera tener hijos. Thot (el creador del calendario) tuvo piedad de ella, y sobre el año oficial de 360 días creó cinco más no oficiales para Nut. Así, Nut pudo tener a Osiris, Isis, Nephtys y Set.

Osiris y Set

Osiris era el dios de la agricultura, y enseñó a los egipcios el arte de la siembra. Era un dios muy querido, salvo por su hermano, Set, dios del desierto y de las cosas malas. La envidia le hizo matar a Osiris y tirar su cadáver al Nilo. Isis, hermana y esposa de Osiris, fue en busca de los restos para darle vida nuevamente. Con la ayuda de Anubis y de Thot, Osiris volvió a la vida.

Isis

Isis era la hermana y esposa de Osiris, y se la representaba con un trono sobre la cabeza. Tenía poderes de curación.

Horus

Horus era el hijo de Isis y Osiris, y tenía cabeza de halcón. Era el dios del sol, de la medicina y de muchas cosas buenas. Cuando vengó a su padre expulsando a Set, él tomó su sitio preferente en el panteón.

Anubis

Anubis tenía cabeza de chacal, y era el encargado de embalsamar a los muertos. Al nacer fue abandonado e Isis lo adoptó como suyo.

La leyenda de Osiris

Numerosos mitos unen a los dioses entre sí, pero el más conocido es el de Osiris. Este gobernaba en Egipto como un rey sabio y justo, enseñando a sus súbditos a labrar la tierra y obedecer las leyes. Su hermano Set, envidioso por el éxito de su hermano, le tendió una trampa, invitándolo a un festín en el cual preparó un cofre que prometió obsequiar a quien entrara exactamente en él.

Curiosamente, ninguno de los invitados logró realizar tal proeza, salvo su hermano Osiris, que sí lo consiguió. Al instante de introducirse al cofre, Set, junto con algunos cómplices, lanzó la caja donde iba Osiris al río Nilo. Cuando Isis supo del complot cometido, se marchó rápidamente al río. Gracias a sus poderes, logró encontrar a su esposo y ocultarlo en el pantano. No obstante, Set encontró el escondite, y lleno de ira descuartizó el cadáver de Osiris y nuevamente lo arrojo al río. Isis, al no saber nada de su esposo, comenzó a buscarlo en el pantano, pero lo único que consiguió fueron pedazos, por lo que enterró cada uno de ellos en el sitio donde lo había encontrado.

Posteriormente Horus, hijo póstumo de Osiris, se enfrentó a Set para vengar a su padre, subir al trono de Egipto y poder seguir con la labor desempeñada por su progenitor.