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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Orígenes del hombre

Segundo Ciclo

Grecia: nuestras raíces

Profesor Mario Orellana R.
Premio Nacional de Historia 1994.
Asesor ciclo Historia Universal

Seguramente, los griegos jamás imaginaron en sus comienzos como civilización que serían un modelo para toda la cultura occidental, con la cual nosotros nos identificamos en la actualidad. El arte, la historia, la filosofía, la literatura, las matemáticas, la geometría y la medicina, principalmente, fueron su legado.

¿Has escuchado hablar del teorema de Pitágoras, de las tragedias griegas en teatro o del juramento de Hipócrates? Bueno, solo son muestras escogidas de la tremenda herencia que nos dejaron.

Sin embargo, para llegar a esa situación de privilegio, los griegos tuvieron mucho camino que recorrer, elementos de la naturaleza que superar, guerras que combatir y personajes que contribuyeran a aumentar y difundir su conocimiento, conocimiento que sigue brillando hasta nuestros días. En las siguientes líneas te contaremos entonces los aspectos más importantes de la historia de la civilización griega.

En tierra hostil

La impresión que deben haber tenido los primeros habitantes de la Grecia antigua, cuando llegaron a la parte sur de la Península de los Balcanes (Europa), no debe haber sido de las mejores: sus ojos vieron un territorio montañoso, pobre y árido, con unos pocos valles, en los cuales decidieron instalarse.

Estas comunidades se dedicaron al comercio, a la guerra y, fundamentalmente, a la navegación -porque en ningún lugar del territorio estaban muy alejados de las costas-, gracias a la cual obtuvieron muchos conocimientos útiles para su desarrollo. Además, por su ubicación geográfica llegaron a ser una especie de puente entre Oriente y Occidente.

Los primeros habitantes que serían protagonistas de la historia de Grecia se repartieron por varias regiones geográficas de la Península de los Balcanes, las cuales es importante mencionar, pues ayudan a entender mejor las características de esta civilización y el por qué de su diversidad y adaptabilidad, a pesar de pertenecer a la misma cultura.

En Grecia del Norte se encontraban las regiones de Epiro y Tesalia; en Grecia Central se ubicaban Beocia y su capital Tebas, y Ática con la ciudad de Atenas; el Peloponeso, una península de la zona sur, tenía como región principal Laconia y su capital, Esparta.

Un pueblo tras otro

El primer lugar en la zona del Mar Egeo que conoció a los precursores de los griegos fue la isla de Creta, donde, hacia el año 3000 a.C., los pueblos que venían de Asia Menor se establecieron. Este lugar fue testigo del paso de estos pueblos, que organizaron la civilización cretense o minoica, palabra derivada de Minos, el rey mitológico que tuvo la isla de Creta. Durante esta época en Egipto los faraones alcanzaban su mayor poderío.

Alrededor del 1900 a.C., los aqueos, un pueblo indoeuropeo proveniente de las llanuras del Danubio (río que nace en la actual Alemania y desembarca en el mar Negro), llegaron a la península de los Balcanes y avanzaron hacia el sur hasta el Peloponeso, donde dominaron a los habitantes primitivos de la región los pelasgos.

Sin embargo, la civilización minoica fue prácticamente aniquilada por los aqueos, quienes invadieron Grecia entre los siglos XIV y XIII a.C. A pesar de su extremismo, este pueblo, proveniente de la Europa Central, adoptó las costumbres minoicas superiores, fundando aldeas y ciudades, convirtiéndose Micenas en la ciudad más importante y dando origen a la civilización micénica.

Ya consolidados en el Peloponeso, los aqueos extendieron su dominio sobre el mar Egeo. Hacia el 1400 a.C., invadieron Creta, asimilando su civilización. Posteriormente, se expandieron hasta el Asia Menor (península de Anatolia), donde el rey Agamenón de mecenas habría encabezado la expedición que logró derrotar a Troya alrededor del 1260 a.C.

Los aqueos eran buenos guerreros y navegantes. Además, desarrollaron la agricultura y el pastoreo, al igual que la artesanía.

Hubo otros invasores posteriores en Grecia, como los jonios, que habitaron Atenas, y los eolios, que ocuparon la ciudad de Tebas. Pero la incursión más significativa fue la del pueblo dorio, ocurrida hacia el siglo XI a.C. Esta tribu, procedente de las regiones de Macedonia, Tracia y Epiro, conquistó casi toda la península. Sin embargo, solo se establecieron en la Dóride, Argólida y Laconia.

La importancia de la invasión doria es que con ella termina la cultura micénica y Grecia cae en una fase de decadencia, que se extiende hasta el año 776 a.C., período que se conoce como el Medievo helénico. Es aquí donde estos tres pueblos invasores se unen, surgiendo el pueblo helénico.

Los cretences

La sociedad y la organización política de la isla de Creta giraban en torno al palacio. Este era dirigido por un rey que no se sabe si tenía un carácter divino o solo era un servidor de la divinidad, pero sí que al mismo tiempo que ejercía su poder como monarca lo hacía como jefe religioso. La monarquía era burocrática y centralista, aunque no absolutista.

Los palacios estaban organizados en diferentes secciones: pública, privada, militar, laboral, etcétera, pero establecidas en torno a un patio central. En ellos también se guardaban los alimentos y los excedentes de la producción agrícola, además de efectuarse ceremonias religiosas e impartirse justicia. Servía como residencia al rey y a los funcionarios y de taller para los artesanos, entre otras muchas finalidades.

Algunos palacios, como el de Cnosos y Festo, disponían de calles pavimentadas y, en el primero, había agua caliente repartida por tuberías y con sistemas de desagües, así como de alcantarillado. La intrincada distribución de los palacios los asemejaba a verdaderos laberintos, lo que habría dado origen a la leyenda del Minotauro.

De los reyes minoicos, cuyo símbolo era la doble hacha, el más conocido es el rey Minos, aunque su figura se confunde con la leyenda, ya que se creía que era hijo de Zeus y Europa. Se estima que gobernó tres generaciones antes de la guerra de Troya.

Además, que habría sido el creador de la constitución cretense y el principal impulsor del poderío naval de Creta. Sin embargo, los autores no se han puesto de acuerdo si Minos es el nombre del rey, de una dinastía o de algún cargo.

En la sociedad minoica la mujer tenía gran libertad, de hecho, podía participar en los juegos que se practicaban en la isla, al igual que los hombres, o en representaciones teatrales, mientras que en otras culturas del mismo período y también de influencia asiática o indoeuropea su rol era de absoluto sometimiento al hombre.

Si bien se sabe que existían sacerdotes y nobles, y que su número era grande, no se conoce mucho sobre el resto de las clases sociales que, se supone, eran variadas.

Los restos arqueológicos encontrados muestran a una sociedad que disfrutaba de la vida, donde eran frecuentes las celebraciones de carácter festivo, y que contaba con lujos que estaban vedados para otras comunidades contemporáneas de la época.

Religión feminista

La religión de Creta estaba dedicada fundamentalmente a la fecundidad y fertilidad, la cual era representada por figuras femeninas cuyas formas simbolizaban la generosidad de la tierra. La gran deidad, Potnia, proveniente de los ritos del periodo neolítico, era una diosa de la naturaleza, a la que se le vinculaban diferentes objetos y animales. La influencia oriental en la religión cretense queda de manifiesto en las figuras con cuerpo de hombre o mujer, pero con cabeza de animal, como el Minotauro o las esfinges con alas. Este culto a la gran madre de Asia Menor es representado de diversas maneras, ya sea acompañada por animales como serpientes, leones y palomas o vestida como guerrera o sobre una barca para proteger la navegación. También tenía poder sobre el mundo subterráneo o infernal.

Los ritos de la religión minoica se realizaban en santuarios naturales, fundamentalmente cuevas, grutas o cimas montañosas, donde a los dioses se les ofrendaba vino, miel o aceite de oliva. Los templos eran escasos.

Famosos son los mitos que tienen a Creta como protagonista. Es el caso de la leyenda del Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Minos había recibido del dios Poseidón un magnífico toro blanco como regalo. Como el rey, admirado por la belleza del animal, se negara a matarlo en honor al dios, Poseidón hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorara perdidamente del toro. De este amor nació el Minotauro. Entonces Minos ordenó al arquitecto e inventor Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro.

Otra leyenda relacionada con el laberinto es la que se refiere a Dédalo, y su hijo, Ícaro, a quienes Minos encerró en ese complejo edificio. Sin embargo, Dédalo fabricó unas alas de cera para él y su hijo, luego de lo cual salieron volando del laberinto, pero Ícaro se acercó demasiado al Sol, derritiéndose la cera de sus alas, y cayó al mar, ahogándose.

Arte minoico

Las principales muestras del arte de la isla de Creta se encuentran en los palacios. La pintura es esencialmente decorativa y las formas son muy estilizadas y con colores que, generalmente, no corresponden a la realidad. Los frescos presentan influencia egipcia por sus dibujos donde no existe perspectiva. Los temas habituales son la fauna marina (por ejemplo, los delfines) y el ambiente cortesano, junto con las escenas de tauromaquia. Los pintores minoicos también se destacaron por los relieves policromos.

La cerámica fue otro tipo de arte en que los cretenses se distinguieron al fabricar piezas muy finas e inventar nuevas formas, como los ritones o vasos de libación (en honor a los dioses) y las cráteras (vasijas antiguas).

Asimismo, ensayaron una clase de decoración especial, particularmente en los jarrones de Camares, donde el color se asoció a la figura de pulpos, que dan la sensación de un movimiento continuo.

Los artesanos minoicos también practicaron la orfebrería, elaborando hermosas joyas y otros objetos similares, aprovechando el gran conocimiento que poseían de la técnica de la metalurgia.

Un rasgo particular del arte cretense en general, es la ausencia de motivos bélicos en sus obras, lo que reafirma la tesis de que era un pueblo pacífico.

Creta

La civilización cretense dominó las vías marítimas, controlando todo el comercio del Mediterráneo. Famosas fueron sus ciudades de Cnosos y Faistos, con sus grandes palacios, pinturas y cerámica. También conocieron la escritura.

Sin defensas

Los palacios y todas las construcciones de los habitantes de la isla de Creta carecían completamente de murallas defensivas y no estaban fortificadas, siendo esto una excepción entre las culturas de la época.

Las grandes invasiones

A finales del tercer milenio a.C. Grecia fue invadida por una serie de pueblos del norte, provenientes de la cuenca del río Danubio (sureste de Europa). El primero y más destacado fue el de los aqueos, obligado a su vez a emigrar por la presión de otros pueblos; invadió el sur de Grecia y se estableció en el Peloponeso. Un segundo pueblo, los jonios, se asentó sobre todo en Ática, la zona central del este de Grecia, y en las islas Cicladas, en el mar Egeo. Un tercer pueblo, los eolios, se asentó en principio en Tesalia, región del norte de Grecia.

Las pequeñas ciudades-estado helénicas eran autónomas, pero experimentaron una evolución política similar. En el periodo pre-helénico, los jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados. Entre el 800 y el 650 a.C. estas monarquías fueron reemplazadas por oligarquías aristocráticas, ya que las familias nobles compraban las tierras, base de todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a.C., muchas de estas oligarquías helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desvinculados de su clase, llamados tiranos.

Las tiranías surgieron sobre todo por factores económicos. A raíz del aumento de la esclavitud de los campesinos sin tierras, el descontento popular frente a las aristocracias se había convertido en un importante factor político; en los siglos VIII y VII a.C. la colonización y comercio aceleraron el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que aprovechó el descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las ciudades-estado.

La era de los tiranos griegos (650-500 a.C.) destaca por los avances de la civilización helénica. El título de tirano implicaba el acceso ilegal al poder, no el abuso del mismo. En general, fueron gobernantes sabios y populares.

Factores de unidad

Con el nacimiento de la fuerza política y económica llegó el florecimiento de la cultura helénica, de un modo especial en Jonia (Asia Menor), donde empezaba a surgir la filosofía griega con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. La comunidad de objetivos culturales de todas las ciudades helénicas fue uno de los factores que dio cohesión a la antigua Grecia a pesar de su división política. También contribuyó la lengua griega, entendible en cualquier parte del país o en cualquier colonia. El tercer aspecto fue la religión griega que todos los helenos compartían. En torno a ella los griegos tenían cuatro festivales nacionales llamados juegos (los olímpicos, los ístmicos, los pitios y nemeos).