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Copesa

Educación Artística, Música: Escuchar y apreciar

6° Básico

Música nacionalista

En este artículo, dedicado a la música, veremos cómo fueron surgiendo nuevos estilos y formas que la transformaron, convirtiéndola lentamente en un arte cada vez más complejo. Esto se debió a la constante búsqueda de los músicos por innovar en los sonidos, interrelacionar la música con la literatura, y utilizar la tecnología, entre otras iniciativas.

Todo aquello permitió no solo crear diferentes tendencias, sino que también sirvió para propagarla, incorporándose, entonces, nuevos tipos de músicos, que comenzaron a seguir líneas distintas, fuera del ámbito clásico. Así, fue inevitable que apareciera la música popular en contraste con la clásica.

Música nacionalista

Los compositores pertenecientes al movimiento conocido como nacionalismo incorporaron en sus obras elementos rítmicos y melódicos del folclor.

El primer paso fue dado en Rusia, donde Mijail Glinka abrió esta tendencia con la ópera “Una vida por el zar” (1836), modelo a seguir por sus sucesores, de especial manera Modest Musorgski, un maestro de novedosos conceptos armónicos y gran habilidad descriptiva. Su mayor creación fue la ópera “Boris Godunov”.

Junto con los anteriores figura Nikolai Rimski-Korsakov, quien formó con ellos, con excepción de Glinka, parte del llamado “Grupo de los Cinco”. Su legado más notorio está en los arreglos orquestales, como “Capricho español” y “Scherezade”.

El nacionalismo en España fue representado más que nada por dos maestros del piano: Isaac Albéniz y Enrique Granados. El primero es autor, entre otras obras, de la Suite Iberia. Granados, más refinado y cercano a lo clásico, aportó con las Goyescas y las Escenas poéticas.

En la zona escandinava fue el noruego Edvard Grieg el primer compositor propiamente nacionalista. Su maestría le impulsó a escribir obras como las dos suites de Peer Gynt.

En el caso de la República Checa, sus dos autores más notables fueron: Bedrich Smetana y Anton Dvorák. El primero obtuvo su fama con una serie de seis poemas sinfónicos que se titularon Ma vlast (Mi patria).

Anton Dvorák fue heredero de Smetana y un símbolo musical de la tradición eslava.

Como sinfonista, sus creaciones son consideradas un modelo y una muestra de la trascendencia y fluidez que había alcanzado la música orquestal al final del siglo XIX. Un ejemplo es su “Sinfonía núm. 9, Del nuevo mundo, op. 95”.