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8 de abril de 2008

Nacional

Jack en Navidad, un montaje inexperto

La Compañía Teatrofilia lleva a escena el célebre filme de Tim Burton. Pese a su colorido despliegue, el grupo no logra convencer con su adaptación.

Agenda Urbana


18/12/2005 00:00

Jack. La obra narra la historia del rey de Halloweeland, el reino del miedo, que por casualidad llega a un poblado desconocido donde celebran Navidad.

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El panorama del teatro infantil (o familiar si se quiere), en la actualidad, no es muy diferente al de épocas pasadas. ¡Desolador! Esto, al margen de producciones que han sido exitosas y que, por lo visto, han acaparado el posible público asistente a estas representaciones. Entonces, frente a esta realidad, caben múltiples reflexiones, sobre todo teniendo en cuenta que el interés por el teatro en la gente joven cada vez es mayor y que, por modificaciones curriculares, las actividades teatrales en los colegios han ido en aumento. Sin querer profundizar en el asunto, pues éste no es el espacio para ello, encontramos que aquí se hace mucho más evidente la escasez dramatúrgica (no han surgido buenos textos de teatro infantil) y el poco interés por los jóvenes actores por acercarse a esta modalidad.

Es que hacer teatro infantil no es tarea fácil. Nos referimos al de calidad, al creativo, al que propone cosas nuevas y, más importante aún, al que involucra con imaginación al joven auditorio. En todo caso, sin querer ser injustos, hemos presenciado en el último tiempo algunos trabajos interesantes y llamativos, provenientes de egresados recientemente e incluso de alumnos de escuelas de teatro (entre ellos, Las Abuelas y El Pájaro Azul). Por lo mismo, frente a este verdadero desafío que lleva consigo un espectáculo de esta naturaleza, no es demasiado difícil transitar en la dirección errada de presentar productos de supuesto interés para los niños (por los temas o efectos parafernálicos) y que resultan, por decir lo menos, de una lamentable calidad.

Esto último acontece, a nuestro entender, con la puesta en escena de Jack en Navidad. Así, a partir de la obra cinematográfica El Extraño Mundo de Jack, de Tim Burton, se nos narra la historia de Jack, el rey o maestro del miedo, quien llega a un poblado desconocido en época navideña y se involucra con otros personajes que se mueven con motivaciones muy diferentes a la suya, lo cual lleva implícito -en función del desarrollo de las acciones- un cierto carácter didáctico y moralizador. Esto está bien, sin duda. Pero el problema comienza a suscitarse cuando se materializa la idea escénicamente y el joven elenco transmite, a todas luces, una pavorosa (por decirlo de alguna forma) inexperiencia creativa.

Es que todo parece falso y poco creíble. Desde el comienzo, con la supuesta creación de una atmósfera que tiene por objeto crear la sensación de miedo y tenebrosidad. Así, en este precario nivel de montaje, se hacen presentes abundancia de gritos, acciones predecibles, débiles actuaciones (en un tono de una sorprendente poca naturalidad), cuerpos inexpresivos (no basta con correr y bailar), un apoyo de la imagen (cinta original) que se descontextualiza y, en consecuencia, no posee mayor sentido. A ello se agrega un acercamiento al público que se vincula con la típica fórmula de tratar de hacer participar al niño y que más bien sólo puede resultar un recurso para saber si éste aún se encuentra despierto.

A fin de cuentas, todo el despliegue escenográfico con sus coloridos, vestuarios y maquillajes no tiene ningún sentido si lo medular (texto, actuaciones y dirección) presenta problemas esenciales, con lo cual este esfuerzo se transforma en un desgaste energético más bien innecesario.

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