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8 de abril de 2008

Reportajes

"Prefiero morirme en plena lucidez"

El jueves 19 de junio, el autor de Los Detectives Salvajes conversó con La Tercera desde su casa, en Blanes. Habló de su enfermedad, de la muerte, de sus nuevos libros y del reconocimiento creciente que recibía su obra. Diez días más tarde, mientras esperaba un trasplante de hígado, sufrió un schock hepático que terminaría con su vida.

Andrés Gómez Bravo


20/07/2003 00:00

¿Cómo está el panorama literario chileno?", pregunta Roberto Bolaño, al otro lado del teléfono. Es el jueves 19 de junio y el escritor chileno habla desde Blanes, la localidad española donde vivía y desde donde escribió la mayoría de su obra. La pregunta es frecuente en él, aunque su voz esta vez se oye cansada. Sin embargo, su sentido del humor permanece intacto y hasta lanza una desopilante idea literaria: "Supe que Mariana Callejas espera la extradicción a Argentina escribiendo. Yo creo que con ella y otras más se puede hacer una enciclopedia de las damas negras de la literatura chilena. Y se podrían inventar, como en la Literatura Nazi en América; sería un libro policial y erótico, un seguro best seller, con escenas de sexo y torturas: algo así como todo lo que quiso saber sobre la monstruosidad y no se atrevió a preguntar".

Reconocido por la crítica como el escritor más original de la narrativa actual en castellano, Bolaño no pudo concretar ese juego: falleció el lunes por la noche en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, a los 50 años. Nacido en Santiago en 1953, sufría hace una década de insuficiencia hepática y necesitaba someterse a un trasplante de hígado, intervención que se hacía más difícil debido a la escasez de su grupo sanguíneo, B negativo.

"Es un tipo de sangre que tienen los que han escrito Los Detectives Salvajes", dijo bromeando y citando la novela que lo instaló como único chileno en obtener el Premio Internacional Rómulo Gallegos, galardón que antes obtuvieron Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, entre otros.

Diez días antes de sufrir el shock que terminó con su vida -y que lo tuvo casi dos semanas en agonía-, Bolaño conversó con La Tercera. "Me siento bastante bien, unos días mejor que otros, pero en general bien. Ahora se hace un encuentro de narrativa latinoamericana, en Sevilla, y me han invitado y me gustaría ir".

¿Asistirá?

Si mi médico me autoriza, viajo. El doctor dice que me va a avisar cinco horas antes y en ese tiempo tengo que pedir perdón, hacer mi testamento y poner mi alma en funciones. Estoy tercero en una lista para recibir el trasplante. Pero si subo al primer lugar, en cinco horas no estoy ni a balazos en Barcelona.

¿Existe un plazo para el trasplante?

No, no hay plazo para la operación, eso implicaría que tendrían que tener esclavos con hígados de determinado tipo. No; depende de que alguien se muera y que el hígado no esté muy tocado.

Bolaño finalmente asistió al encuentro y fue reconocido como "el tótem", "el hermano mayor" y "el mejor y más influyente novelista de su generación, por unanimidad", según atestiguaron los escritores Rodrigo Fresán, Jorge Volpi y el editor Jorge Herralde.

El Nobel a los amigos

Cuando recibió el Premio Rómulo Gallegos, en 1999, el autor de Estrella Distante hizo un explosivo discurso, iluminador para comprender su propio trabajo: "En gran medida todo lo que he escrito es una carta de amor o de despedida a mi propia generación, los que nacimos en la década del cincuenta y los que escogimos en un momento dado el ejercicio de la milicia, en este caso sería más correcto decir la militancia, y entregamos lo poco que teníamos, lo mucho que teníamos, que era nuestra juventud, a una causa que creíamos la más generosa de las causas del mundo, pero que en realidad no lo era. De más está decir que luchamos a brazo partido, pero tuvimos jefes corruptos, líderes cobardes, un aparato de propaganda que era peor que una leprosería, luchamos por partidos que de haber vencido nos habrían enviado de inmediato a un campo de trabajos forzados, luchamos y pusimos toda nuestra generosidad en un ideal que hacía más de cincuenta años que estaba muerto, y algunos lo sabíamos, y cómo no lo íbamos a saber si habíamos leído a Trotski o éramos trotskistas, pero igual lo hicimos, porque fuimos estúpidos y generosos, como son los jóvenes, que todo lo entregan y no piden nada a cambio, y ahora de esos jóvenes ya no queda nada, los que no murieron en Bolivia, murieron en Argentina o en Perú, y los que sobrevivieron se fueron a morir a Chile o a México, y a los que no mataron allí los mataron después en Nicaragua, en Colombia, en El Salvador. Toda Latinoamérica está sembrada con los huesos de estos jóvenes olvidados".

¿Qué piensa del apoyo irrestricto que algunos escritores, como Volodia Teitelboim, mantienen hacia Fidel Castro?

Volodia Teitelboim no tiene vuelta. ¿Qué se puede esperar de Volodia? Pero las agonías suelen ser largas y tal vez en la agonía cambie el discurso. O tal vez exista el infierno y lo manden 60 días con Stalin, a pan y agua, para que purgue su alma. Ya verás como sale pidiendo perdón de rodillas

Luis Sepúlveda también sostuvo que no firmaría ninguna declaración contra Cuba.

A Luis Sepúlveda habría que mandarlo a Corea del Norte, unos nueve años, sin que pueda salir, sin dinero y ni un solo billete para viajar a Pekín. Aunque igual Sepúlveda se las arreglaría para aprender coreano y saldría escribiendo haikus o fábulas coreanas.

En una entrevista reciente con Playboy México, usted dijo que nunca ganaría el premio Nobel. ¿Por qué?

Dije que si el Premio Nobel cae en un escritor de mi generación, no seré yo, que sería alguno de mis amigos, a los que veo ganando y que seguro ni me mencionarán en su discurso. Pero eso será dentro de muchos años más.

¿Quiénes de su generación piensa que podrían ganar el Nobel?

Juan Villoro, perfectamente puede ganarlo, o Rodrigo Rey Rosa o los argentinos Alan Pauls y Rodrigo Fresán, que son muy buenos escritores, además de grandes amigos.

¿Y usted por qué no?

No, yo estaré muerto hace un montón de tiempo. Eso es seguro.

¿Lo piensa en serio?

Me van a hacer un trasplante de hígado, no me van a poner una pila atómica. Lo digo en serio. Yo creo que perfectamente podría vivir cinco años como cinco días.

¿Sólo cinco años?

Prefiero morirme en plena lucidez a morirme como Volodia Teitelboim haciendo tonterías. Ya tengo 50 años, joven ya no soy. Cuando de verdad era joven, pensaba que los de 50 años eran unos viejos. Y si hay algo que no tengo es autocompasión. Las cosas son como son y ya está, lo cual no quiere decir que áun podría tener un poco más de tiempo, sobre todo por mis hijos, mi pequeñita que tiene dos años, y Lautaro (14). Pero sé que 20 años es mucho pedir. De cualquier forma, todo puede pasar. Lo único que no haré es la siutiquería de Donoso, que pidió que le leyeran párrafos de Altazor en su lecho de muerte.

El último ataque parriano

Pese a la enfermedad que lo aquejaba -tal vez precisamente por ello-, Roberto Bolaño trabajó hasta el final. Estaba embarcado en una novela titánica, 2666, una obra de más de mil páginas que relataría, en parte, los asesinatos de mujeres en Ciudad de Juárez, México, en la frontera con Estados Unidos.

¿Publicará la novela este año?

No estoy para hacer el trabajo que exige la novela. Son más de mil páginas que tengo que corregir, es un trabajo como de minero del siglo XIX, como de Subsole. Procuro ahora hacer un trabajo más reposado. Voy a corregir la novela sólo después de la operación.

¿Sigue pensando que será superior a Los Detectives Salvajes?

Si no fuera superior, no la habría escrito.

Ha dicho que se basa en los asesinatos de mujeres en México. ¿Es un thriller?

Tiene elementos de thriller, de novela rosa, de iniciación y de épica. Pero lo que la define es la velocidad, virtualmente no hay puntos muertos, no hay descanso. Transcurre en muchos escenarios, en México, en Alemania, hay giros hacia atrás, a la Rusia prerrevolucionaria, la revolucionaria y a la estalinista. Hay un periplo muy grande y después regresa a México. En fin. Termina el 2002, pero hay narraciones del 1890, incluso del 700 antes de Cristo. Es una gran visión del horror. Pero lo que voy a entregar este año es un libro de cuentos.

¿Son relatos nuevos?

Sí, lo acabé hace poco, es un libro bastante bien hecho. Son siete cuentos, dos de ellos muy buenos, y el título es El Gaucho Insufrible, que es el título de uno de ellos, que se trata a su vez de un gaucho insufrible. Y nada, es un libro que se publicará en septiembre.

¿Tiene relación con Llamadas Teléfonicas y Putas Asesinas?

Sí, se relaciona, hay una relación clara. Lo que pasa es que hay dos cuentos que se salen del formato tradicional del cuento. Uno es Literatura más Enfermedad igual Literatura y es una especie de discurso sobre la enfermedad. Y el otro es un texto sobre la literatura en lengua española, la literatura hispanoamericana concebida como cuento o ensayo panfletario.

¿Un cuento polémico?

Sí, creo que va a sacar chispas, porque no queda títere con cabeza. Es un texto que responde a la idea del ataque gratuito parriano y al gusto de joder la paciencia. Ese cuento lo leí en público en Barcelona y gustó mucho, la gente se reía brutalmente, es un cuento muy humorístico.

¿De quiénes habla?

Le doy a Hernán Rivera Letelier, por ingenuo, por tontito. A Skármeta le doy un sopapo para no perder la ocasión, más o menos a la pasada, sin mala intención; no es el objetivo central, pero no pude evitarlo. Sobre todo hablo de García Márquez, de Vargas Llosa, de Bryce Echenique, Isabel Allende, Tomás Eloy Martínez. Y digo que la literatura agónica es la mía y que los ganadores son ellos, los que van a dictar las normas del manicomio.

Pero las traducciones de su obra continúan y con muy buenas críticas.

Me alegro por las buenas críticas, sobre todo por mis editores, que son buena gente y seguro quieren vender mis libros. Pero no me preocupa mayormente, lo que me preocupa es trabajar. Como no puedo pedir becas, no me queda más que trabajar.

¿Por qué no puede pedir becas?

En parte porque no me gusta y en parte porque tengo la certeza de que no me las van a dar. No hay que pensar en becas o premios, lo que el escritor tiene que hacer es trabajar.

El año pasado su nombre sonó entre los candidatos al Premio Nacional.

Habrá aparecido el mío como aparecen los cirros en el cielo primaveral, que se destrozan de un soplo. Para mí el único premio es la disponibilidad diaria para escribir. Además, Jorge Edwards me dijo que a raíz de ganar el Premio Cervantes, el máximo premio de la lengua española, le han crecido los enemigos, se multiplicaron por 100, cosa que me parece terrorífica. Cuando uno gana un premio los enemigos salen armados con cuchillos hasta los dientes.

¿No le interesa recibirlo?

Ni siquiera me he puesto a pensar en ello, nunca pienso en los premios. Los únicos premios que perseguí eran los de provincia, en España, porque si ganaba, comía, y si no ganaba, no comía. Los gané casi todos y esos son los premios que recuerdo con cariño. Ahora no necesito ningún premio; sí necesito el premio de poder escribir cada día. Vivir es algo súper importante, cuando uno está sano es bonito vivir, ver un partido de fútbol, un partido épico Real Madrid- Barcelona, o disfrutar del cariño de tu familia, de tus amigos o simplemente vagabundear. Hay miles de cosas infinitamente más importantes que un premio. Además, Enrique Lihn nunca tuvo el premio. Si me dieran el Premio Nacional, exigiría que se lo dieran a Enrique Lihn.

"Yo no me siento héroe de nada"

Roberto Bolaño se había instalado en Blanes tras un largo periplo. El escritor nacido en Santiago, vivió su infancia y juventud en Los Angeles y en 1968 viajó a México con su familia. Regresó a Chile en 1973 y, tras ser detenido, confundido con un revolucionario mexicano, salió del país y volvió a México. A fines de los años '70 se embarcó hacia España.

Su casa, 100 kilómetros al norte de Barcelona, se había transformado en punto de peregrinación para los nuevos escritores. Su innovadora obra, su vastísima cultura literaria y la valentía de sus polémicos juicios, lo habían transformado en una suerte de héroe o ídolo literario. Pero él no se lo tomaba en serio.

"Yo no soy ídolo de nada. Al contrario, escribir produce una inseguridad de cojones, cada frase es un precipicio, y por más páginas que tengas publicadas, la inseguridad es la misma, es decir, cada cuento, cada página de una novela te plantea unos problemas bestiales. No puedes relajarte, o tal vez sí, pero hay que estar entrenado; sentirse cualquier otra cosa es una soberana tontería. Yo me siento tan novato y tan bueno como el que más, y he visto tantas películas de vaqueros que aprendí que nunca hay que confiar, porque siempre puede aparecer otro con un gatillo más rápido que tú", dijo el jueves 19 de junio.

Apartado de los círculos de poder y de los cenáculos literarios, Bolaño prefería poner atención a otras cosas. "En vez de tanto premio a los escritores, lo que el Estado tiene que hacer es ponerles dinero a las bibliotecas y a los profesores de educación pública, que ganan una miseria".

Su muerte conmocionó al medio literario y fueron numerosas las muestras de pesar. "Sin duda pertenecía a nuestra generación, pero también a muchas otras: su verdadero contemporáneo es Borges", escribió el mexicano Jorge Volpi.

"Bolaño fue un coversador mordaz, un narrador inagotable y un caso de heroísmo ante la adversidad", añadió Juan Villoro.

"Su lazo con Chile era intenso y acaso enfermizo, pero de ese lazo nacieron obras notables. Notables. Sus cuentos me parecen catedrales", sostuvo Alberto Fuguet.

" Dejó tras de sí inconclusa su más extensa novela, pero también una obra brillante, jocosa y completamente inclasificable. Esto lo transformó en uno de los escritores latinoamericanos más admirados de su generación", anotó el diario Le Monde.

"Era un grandísimo autor, una persona melancólica y al mismo tiempo mortalmente divertida", atestiguó el periódico Libération.

EL DÍA