8 de abril de 2008
Los padres deben prestar atención si su hijo presenta una letra que es difícil de entender o si le cuesta más leer que al resto de sus compañeros de curso.
Aída Worthington

LOS NIÑOS CON PROBLEMAS de lectura o escritura no tienen dificultades en su inteligencia como muchos creen.
Son difíciles de detectar, pero son más comunes de lo que pensamos. Se trata de los problemas del aprendizaje de lectura y escritura, que pueden llegar a afectar hasta a un 15% de la población escolar. Esto significa que en un curso de 30 niños, al menos cuatro presentarán estos problemas en algún grado.
El académico Aníbal Puente, de la U. Complutense de Madrid, quien estuvo de visita en Chile invitado por la U. Andrés Bello para dictar el curso llamado Estrategias y Programas de Comprensión de Lectura, explica a La Tercera que "hay un hecho sintomático: a diferencia de lo que la gente cree, el niño con dislexia, por ejemplo, generalmente no tiene problemas de inteligencia. Al contrario, tiene una inteligencia normal o superior a la media". Por ello, advierte, estos niños rinden bien en otras áreas y sus falencias en lecto-escritura pueden pasar inadvertidas para padres y profesores.
"Si son identificadas precozmente y sometidas a un tratamiento sicopedagógico, pueden ser superadas. En el caso contrario, de no ser tratadas adecuadamente por un especialista, aumenta su dificultad volviéndose, en algunos casos, crónicas", advierte la directora de la Escuela de Sicopedagogía de la U. Mayor, Carolina Salamé.
Entre las dificultades en el aprendizaje de la lectura y escritura más comunes, los especialistas identifican las siguientes:
Retraso lector
A juicio de Aníbal Puente, esta es la principal falencia en los niños. "Quizás es el más difícil de diagnosticar", indica el catedrático y explica que "consiste en que el niño no se ajusta al desarrollo del grupo de edad en el que funciona", es decir, sus compañeros de curso. Este problema se puede deber a una falta de madurez neurológica del niño, a dificultades en la metodología de enseñanza o a un déficit en la comprensión lectora, "lo que tiene que ver con la dificultad de interpretar, analizar y sintetizar un texto leído", apunta la sicopedagoga Carolina Salamé. El académico español precisa que lo que sirve como señal de alerta en estos casos es que "estos niños huyen de las actividades que impliquen lectura o evitan hacer las tareas. Buscan siempre vías de escape".
Dislexia
Se caracteriza por las dificultades en el aprendizaje de la lectura. Esta se puede diagnosticar cuando se ha descartado la baja inteligencia, problemas emocionales severos, instrucción poco adecuada o problemas de salud. Hay dos tipos, adquirida y evolutiva: "La primera caracteriza a aquellas personas que eran lectores competentes, pero han perdido esta habilidad por una lesión cerebral. Las evolutivas corresponden a personas que tienen dificultades para la adquisición inicial de la lectura", expresa Carolina Salamé.
Si bien es necesario que un especialista haga el diagnóstico, uno de los signos que pueden alertar a los pares es que estos niños "tienen una letra poco legible, no se entiende lo que quieren escribir. Con frecuencia usan un rasgo desgarbado que parece de niños que no han tenido entrenamiento en caligrafía", indica Aníbal Puente.
Disgrafía
Es una dificultad específica del aprendizaje de la escritura y se caracteriza por problemas en traducir el lenguaje oral al escrito. Estos niños introducen letras que no corresponden en palabras, comienzan a escribir bien, pero omiten el final de las palabras y tienen dificultades con las palabras trabadas, aquellas que en una sílaba juntan tres letras, en especial consonantes
Recién a los ocho años (es decir, en tercero básico), este tipo de dificultades puede empezar a ser identificado. En las etapas anteriores, los menores están adquiriendo las funciones básicas de lenguaje escrito, por lo que los errores son normales. El académico de la U. Complutense de Madrid, en España, Aníbal Puente, advierte que es necesario que cualquier diagnóstico sea hecho por un especialista, pues existe el riesgo de etiquetar al niño con una dificultad que no es seguro que tenga. No obstante, los padres deben estar atentos a la posibilidad de que se presente algún problema. La directora de la Escuela de Sicopedagogía de la U. Mayor, Carolina Salamé, recomienda que los papás se fijen "en actividades que realizan sus hijos en el ámbito escolar. Para ello es fundamental que revisen los cuadernos de sus hijos, que se fijen en la letra que utilizan y el cuidado que ponen en sus tareas".