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El impacto de las grandes guerras

El surrealismo nació en Francia en la década de 1920 y buscaba la expresión del inconsciente, del mundo de los sueños, que oscila entre la serenidad y las fantasías de las pesadillas.


Descubre el arte

Escultura (II parte)

Páginas
  1. Las creaciones en volumen
  2. El regreso a lo clásico
  3. De lo humano a lo racional
  4. El mundo de las sensaciones
  5. El arte figurativo
  6. Distintas perspectivas al mismo tiempo
  7. Las nuevas vanguardias
  8. El mensaje de lo simple
  9. En función de lo masivo
  10. El arte en movimiento
  11. Con la ayuda de la naturaleza

Imágenes

"A la manera de Atene", de Max Ernst

Durante la Primera Guerra Mundial, en Zurich, Suiza, surgió un movimiento rupturista, el dadá, contrario a los convencionalismos estéticos y amante de lo irracional, que los llevó a expresar su visión del mundo de manera destructiva, a través de un sentido del humor imaginativo y crítico.

El surrealismo, continuador natural del dadaísmo, nació en Francia en la década de 1920 y buscaba la expresión del inconsciente, del mundo de los sueños, que oscila entre la serenidad y las fantasías de las pesadillas.

El principal representante del dadaísmo fue el francés Marcel Duchamp (1887-1968), que utilizaba objetos industriales como esculturas, agregándole alguna frase o leyenda, y les daba el nombre de ready-mades. Para ello, utilizó secadores de botellas, palas para quitar la nieve y urinarios.

Otros escultores vinculados al dadá y el surrealismo fueron el francés Jean Hans Arp (1887-1966), que destruyó sus obras anteriores y empezó a producir collages abstractos sugeridos por hojas de árboles e insectos, para los que utilizó papeles rotos y materiales sólidos, como madera; el alemán Max Ernst (1891-1976); y los españoles, Óscar Domínguez y Alberto Sánchez, que realizó figuras erguidas y misteriosas, con una gran cantidad de curvas y extraños cortes.

El existencialismo

Tras la Segunda Guerra Mundial surgió una corriente filosófica en Europa, claramente impactada por la destrucción y los millones de muertos que provocó este conflicto bélico. El existencialismo partía de la convicción de que el hombre se encuentra solo en el mundo, sin ningún sistema moral o religioso que lo pueda apoyar o guiar. Estas ideas se extendieron al desarrollo artístico y literario durante la década de 1950.

El más conocido de los escultores identificados con esta tendencia fue el suizo Alberto Giacometti (1901-1966), que pasó por las tendencias cubista, africana y surrealista, recordado por sus figuras delgadas, carentes de naturalidad, de textura áspera, que pretenden representar la soledad y la separación absoluta entre las personas.

Otros escultores destacados fueron los franceses Jean Fautrier (1898-1964), pintor y escultor que dejó plasmada su terrible experiencia personal en la serie "Rehenes", y Germaine Richier (1904-1959), cuyas obras fueron consideradas tanto esperanzadoras como pesimistas. "Eran un reflejo del horror de la guerra o del poder del hombre para superarlo".

La fuerza vital

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Al igual que Pablo Picasso, el rumano Constantin Brancusi (1876-1957) es considerado uno de los más grandes escultores del siglo XX. (En la imagen: "Mlle Pogany") Sus obras oscilaron de manera anticipada entre el cubismo, el surrealismo y el arte abstracto. Consideraba la belleza como equilibrio absoluto, y a la simplicidad como base del arte. A través de la simplificación de las normas logró una escultura reducida a efectos de ritmo, volumen y masa, de carácter marcadamente abstracto. La sencillez de sus obras evoca una sensación de libertad y fuerza.

El realismo socialista

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Este estilo fue declarado oficial por la Unión Soviética en 1934. Desde esa fecha, todos los artistas debían afiliarse a la Unión de Artistas Soviéticos, de control estatal, y producir obras en el estilo aceptado.

Los tres principios básicos eran: la lealtad al partido (partiinost), la presentación de la ideología correcta (ideinost) y la accesibilidad (narodnost).

Los temas generalmente eran hombres o mujeres trabajando o haciendo deportes, asambleas políticas, líderes políticos o logros de la tecnología soviética. La representación era naturalista e idealizada. La gente aparecía joven y musculosa, “todos felices de ser parte de una sociedad progresista y sin clases”; los líderes eran retratados como héroes.

El mérito artístico se evaluaba de acuerdo al grado en que una obra contribuía a la construcción del socialismo. La obra que no cumpliera con este fin era prohibida.

 

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