Tener un abdomen firme y trabajado no sólo proporciona una buena figura: también ayuda a tener una columna sana, flexible y fuerte.
Los músculos abdominales estabilizan y protegen la columna, además de sostener y cobijar a gran parte de nuestros órganos internos y de permitir muchos movimientos. Si caminamos, nos movemos o estamos de pie manteniendo siempre el ombligo hundido hacia la espalda, cambiaremos nuestra postura y nos veremos más altas y delgadas, como si tuviéramos unos tres kilos menos. Además, esto protege la columna. Así es que ¡a hundir el ombligo!