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Catalina Pulido: "La gente tiene una imagen errónea de mí"

Siempre aparece por alguna parte con su imponente facha y su rostro de mujer dura. Pero está más dulce. Dice que tuvo que vivir momentos complicados para llegar a estar feliz con su familia y su trabajo. Eso sí -advierte-, nada de eso avala la imagen de mujer ruda que le cuelgan. Lo suyo se llama "tener carácter", afirma.

\ Por: Marcelo Saavedra \ Foto: Juan Pablo Sierra \ Producción: Fernanda Zamora \ Maquillaje y pelo: Carola Lazo \ Producción digital: Frank Göldener \ Ropa: Juana Díaz en Maivisto \ Accesorios y zapatos: La Suite .  

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A diferencia de lo dura que se ve en pantalla, Catalina Pulido (33) responde con calidez cuando le preguntan cómo está. Dice que está en una etapa plena de su vida. Coincidencia o no, cuando descalificaba a los concursantes para el casting de Amor Ciego 2, su actitud estaba lejos de parecerse a la mujer que eliminaba a los participantes de El Rival Más Débil.

 

Esa fama, de ruda, se la había hecho antes también, en teleseries como Playa Salvaje (1997), Marparaíso (1998) y Cerro Alegre (1999) de Canal 13 y, después, en Amores de Mercado, Santoladrón y Purasangre de TVN. Y qué decir de la imagen que proyectó cuando tuvo que demandar a TVN por prescindir de sus servicios mientras estaba embarazada. O de la que dejó luego de las bulladas discusiones que sostuvo con su ex marido, Enzo Reyes. Cada una de esas apariciones mediáticas (involuntarias) de la pelirroja, hicieron pensar que Pulido había trasladado los roles televisivos a su vida real. Pero no. Más que malas pulgas, lo que ella tiene es carácter. Uno muy fuerte, según cuenta, heredado de los modelos femeninos familiares.

 

Es cierto que la actriz estuvo un poco más quitada de bulla durante un tiempo, que se dejó ver sólo para hacer la continuidad del reality Granjeras en 2005, y para la temporada de Locos por el Baile en 2007. Es cierto que lo suyo estaba concentrado en la animación de eventos, el modelaje, la campaña de una multitienda y el teatro. Pero eso mismo la hacía estar omnipresente. Por a, b ó c motivos, estaba apareciendo por algo y este año no es la excepción. Hace poco estuvo en Vértigo Versus y en el jurado del casting de Amor Ciego 2.

 

-La gente tenía una imagen de ti: que eras una mujer para salir arrancando. Te ves más tranquila ahora.
-La gente tiene una imagen muy errónea de mí. Yo soy esto, nunca fui lo otro. A mí me violenta muchísimo cuando tocan las cosas que yo quiero, como por ejemplo mi familia, mis hijos, y ahí salto como leona, no transo. Si la gente se arranca o me tiene miedo, realmente me importa muy poco, porque los que me conocen saben que estoy más cerca de ser una persona cálida y dulce. Si estuve en el ojo del huracán, no fue por opción propia. Hoy en día, el periodismo farandulero está como súper sensacionalista, o sea, ojalá te pille en un mal momento, pero al común de la gente le da lo mismo lo que te pase a ti, no es relevante. Si somos todos seres humanos y a todos nos pasan cosas.

 

-¿Nunca te ofrecieron trabajar en un programa de farándula?
-Si, muchas veces. Pero yo lamento muchísimo que a las personas que están involucradas (en farándula), las estén esperando afuera de su casa como cien periodistas. A mí, la Britney Spears me da mucha lástima. O sea, mandarte cagada tras cagada y que todos sepan que eres lo peor... No me interesó (el ofrecimiento), porque no soy quién para sentarme en un panel a decir esto está bien o esto está mal.  

 

-¿Qué enseñanza sacaste de los momentos en los que estuviste en el tapete por temas laborales o de pareja?
-O sea, yo encuentro que todo es perfecto en la vida. Eso me tuvo que pasar para ser lo que soy ahora en la vida. Fue una enseñanza, porque gracias a eso soy la persona que soy en este minuto. Me hace muy feliz ser como soy. Estoy muy contenta con la vida que estoy llevando, resguardando siempre mi privacidad. Ya no transo eso. Cuando uno está casado y feliz, quieres abrir las puertas de tu corazón, chocha. Pero ahora, la verdad es que cuando mi corazoncito esté feliz, no se lo voy a contar a nadie. Y lo voy a guardar para mi solita (ríe).