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Calor con calor se mata al comer en Mexicana, uno de los pocos espacios en Santiago donde perviven menús aztecas a lo mero picoso, de esos que paradójicamente funcionan bastante bien para contrarrestar el ardor veraniego. La intensidad de la sazón equilibra la temperatura entre el cuerpo y el ambiente; lo que sumado a unas cervezas heladas (que en realidad pueden ser varias) reditúa una experiencia diferente, pero refrescante al fin y al cabo. En ocasiones la carta transita bien al pie de la letra respecto a lo que puede consumirse en aquellas lejanas picadas de cualquier ciudad. En otras, no tanto.
Pero antes, el ambiente. Una lograda réplica del típico restaurante mexicano pueblerino: sencillo, colorido, rústico y acogedor en la forma. Es grande, copa toda una gran casona del barrio Condell y por lo general se puebla de grupos o familias. No hay grandes precios -de ahí parte de su atractivo- y las preparaciones se reparten entre platillos tradicionales y una selección tex mex para los temerosos del picante. Nada muy complicado para comer, simpleza extendida a un servicio no demasiado esmerado y bastante demoroso. Si existiera la ruta del "perro muerto", este sería uno de los top ten en eso de irse sin pagar.
Entonces, a la larga, Mexicana se convierte en un snack bar tamaño XL. Uno donde por supuesto hay aciertos, como sus tortillas de maíz: hechas en casa, crocantes y tostaditas, que se llevan el protagonismo del menú. Destacan los Chilaquiles ($ 3.200) o los Nachos Rancheros ($ 2.800), donde un poco más de generosidad en los aderezos ayudaría a resaltar estos platos en los que sopear las masitas es parte de su gracia.
La especialidad de la casa se marca por las costumbres de sus parroquianos; los Tacos de Carne ($ 3.200) llegaron rechonchos de carne y palta fresca, bajo una intensidad lo fi. A menos picor, mejores performances. Porque tradiciones culinarias como la Cochinita Pibil ($ 4.300, en la foto) o las Carnitas al Plato ($ 4.300) llegaron ricas en su salteado de cerdo y ajíes, pero con guarniciones resecas y faltas de sabor.
¿Postres? Lo básico y nada mexicano. En suma, una picada donde los buenos precios y la suavidad son los que mandan.
Por: Carlos Reyes
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