

Durante el primer cuarto del siglo XIX, los dos grandes imperios ibéricos existentes en América, el español y el portugués, se desmoronaron como un castillo de naipes.
Con las excepciones de Cuba y Puerto Rico, antes de 1825 la casi totalidad de las colonias americanas había terminado emancipándose; pero a pesar de que en ambos imperios el proceso independentista coincidió en el tiempo, tuvo características muy diferentes. El derrumbe del imperio español fue más violento y culminó con su fragmentación en el centro y sur del continente; el del segundo fue más pacífico y preservó su unidad, pues de él solo surgió una nación: Brasil.
Portugal gobernaba su colonia desde Río de Janeiro. España lo hacía a través de cuatro virreinatos: de Nueva España (que abarcaba parte de Estados Unidos, México y Centroamérica), de Nueva Granada (que incluía a las hoy repúblicas de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), de Nueva Castilla o Perú (reducido -tras la creación de los virreinatos de Nueva Granada y Río de la Plata-casi al tamaño de este país más la Capitanía General de Chile) y del Río de la Plata, que comprendía las actuales repúblicas de Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia.
¿Sabías que? |
| Poco antes de morir, Simón Bolívar afirmó: “América es ingobernable. Los que hemos servido a la revolución hemos arado en el mar”. |