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Descubrimiento y primeros contactos

Sobre la base de los relatos del filibustero inglés Edward Davis, es probable que éste haya sido el descubridor de Isla de Pascua, ya que indica haber visto una isla en latitud 27 º 20 ‘ Sur y a 2.000 millas marinas desde la costa de Chile en el año 1687, a bordo de su buque «Bachelor’s Delight».

No desembarcó, como tampoco la observó a corta distancia, de modo que en los anales hidrográficos europeos, quedó archivada como la Tierra de Davis.

Isla de Pascua fue descubierta oficialmente el domingo 05 de abril de 1722 por el Almirante Jacob Roggeveen, quien la bautizó con ese nombre, debido a que en ese día se celebraba la festividad de domingo de Pascua de Resurrección. Hasta esa fecha la isla era conocida por los nativos como «Te Pito o te Henúa», y estaba habitada sólo desde 300 años antes, por el inmigrante pueblo que había conducido el colonizador Rey Hotu Matúa.

La recalada de la flotilla de Roggeveen, compuesta por los veleros «De Arend», «Thienhoven» y «Afrikaanische Galeer», fue el primer contacto de los isleños con el mundo exterior, empezando a ser conocidos por el nombre dado a la isla, «Paasch Eyland», que en holandés significa «Isla de Pascua»

Los nativos los recibieron amistosamente, ofreciéndoles plátanos fritos y cocidos, gallinas, camotes, caña de azúcar y calabazas, lo que sorprendió a los europeos. No conocían el hierro ni trabajar los metales.

En 1770, el activo Virrey del Perú, don Manuel de Amat y Junyent, temiendo el establecimiento de franceses o ingleses en la isla, envió a reconocerla y tomar posesión de ella a dos distinguidos marinos españoles, el Capitán de Navío Felipe González de Aedo, al mando del navío de guerra «San Lorenzo», de 70 cañones, y el Capitán de Fragata Antonio Domonte y Ortiz de Zúñiga, con la fragata «Santa Rosalía», de 26 cañones. Fue avistada el 15 de noviembre de 1770 y al desembarcar allí al día siguiente, la bautizaron como «San Carlos» y tomaron posesión de ella en nombre del Rey de España, don Carlos III. Esta fue la toma de posesión oficial sobre la isla, efectuada por el Virreynato de Perú, del cual dependía la Capitanía General de Chile, frente a cuyas costas se encontraba dicha ínsula. En la referida ocasión, se levantó un acta en la cual los jefes aborígenes de la isla reconocieron la soberanía de España. Disgregado el imperio español en Sudamérica, Chile recibió como herencia los títulos de la madre patria, lo que le dió mayores derechos a tomar posesión de la isla, a pesar que nunca más un buque español visitó la isla.

Varios navegantes pasaron por la isla: James Cook el 11 de marzo de 1774, con sus naves «Resolution» y «Adventure», procedente de Nueva Zelandia; Jean François de Galaup, Conde de La Pérouse el 09 de abril de 1786 al mando de los buques «La Boussole» y L’Astrolabe» y el ruso Urey Lisjansky el 16 de abril de 1804, a bordo de su buque «Neva».

Hombre Pascuense en 1777

En 1805, arribó el bergantín norteamericano «Nancy», que llegó a la isla para reclutar mano de obra para la captura de focas. Raptaron 12 hombres y 10 mujeres. Al año siguiente el mismo bergantín regresó a la isla, pero fue rechazado por los isleños.
El mismo año recaló en sus costas el ballenero inglés «Adventure», al mando del capitán Benjamín Page, quien convenció al joven

Ure Hina a Tuke de viajar a Inglaterra, donde fue bautizado como Henry Easter.
También en 1806 recala el bergantín «Kaahou Manou», de bandera de Hawaii, al mando del Capitán norteamericano Alexander Adams, siendo rechazado por los isleños, por identificarlo con los norteamericanos.

En 1808 fondea en la isla, el Capitán lobero Amasa Délano, con matrícula de Boston, Estados Unidos, sin exister mayores antecedentes de su permanencia.

En 1809 se aproxima a la isla, sin recalar en ella, el bergantín » Albatross» al mando del Capitán Winschip, cuya misión era efectuar mediciones batimétricas en el océano.

A fines de marzo de 1816 visita la isla el navío «Rurick», al mando del Capitán Otto von Kötzebue, pero no pudo desembarcar por impedirlo la agresividad de los nativos.

En 1822 a la llegada del ballenero norteamericano «Pindos», se produce el rapto de varias jóvenes pascuenses, que luego de satisfacer los bajos instintos de los tripulantes, fueron lanzadas al agua. Además, muere a un isleño asesinado por el patrón de la embarcación, de apellido Waden.

Entre los años 1828, 1830 y 1834 visita la isla Jacques Antoine Moerenhaut, belga de origen, residente en Tahiti y casado con la chilena Petronila García de la Huerta. Este personaje se convirtió en el Rey de las Perlas y el Nácar de la Polinesia. Mantuvo una flota de veleros que efectuaba el comercio con Valparaíso, puerto en el que conoció a su esposa. Es muy posible que sus buques recalaran en la isla en sus viajes a Chile, no quedando registrados en la historia.

En 1837 la goleta chilena «Colo Colo», al mando del Teniente Leoncio Señoret Montagne, recala en sus costas para reaprovisionarse en su viaje a Port Jackson, cerca de Sydney, Australia. Conducía al destierro a varios confinados políticos por intentar derrocar al gobierno del General Joaquín Prieto Bulnes, con ayuda del Mariscal Andrés de Santa Cruz, a la sazón gobernante de la Confederación Perú-boliviana. Este fue uno de los motivos que inició la Guerra contra la Confederación Perú-boliviana. Uno de los prisioneros era el General Ramón Freire Serrano quien encabezó este intento.

El 25 de febrero de 1838 recaló en la isla el Capitán de Navío Abel Aubert Dupetit-Thouars, al mando de la fragata «Venus», pero no desembarcó.

En 1842 recala a la isla el bergantín goleta chileno «Janequeo», al mando del Capitán de Corbeta Buenaventura Martínez Díaz.
En 1843 naufraga cerca de Anakena, una barca con varios religiosos a bordo, entre los cuales habría estado el primer vicario apostólico de la Polinesia, Monseñor E. Rouchouze, los que fueron capturados y comidos por los aborígenes, que en ese tiempo era antropófagos.

En 1852 fondea en la isla el buque inglés, HMS «Portland» en breve visita. En 1862 se aproxina a la isla el buque francés «Cassini» en ruta de Tahiti a Valparaíso, al mando del Capitan Lejeune. Suben a bordo varios pascuenses y efectúan intercambio de mercaderías, teniendo una amigable acogida. Una vez que el buque recaló en Valparaíso, el Capitán Lejeune entabló conversaciones con los RR.PP. de los Sagrados Corazones, cuya congregación tenía la responsabiilidad de la «Obra Pontificia de la Propagación de la Fe en la Oceanía». Luego de esta reunión, los religiosos iniciaron a los años siguientes su labor misionera en la isla.


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