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Con la reciente aparición de los resultados del Simce han vuelto a aparecer los ya tradicionales debates respecto de los temas educativos. Distintos actores de la opinión pública hablan de la «crisis educacional«, basándose en el supuesto estancamiento de los resultados y las brechas entre los grupos socioeconómicos. Consideramos que este diagnóstico es apresurado, ya que el análisis de los resultados debe hacerse con algo más de sofisticación técnica y no con conclusiones tan alarmantes. Sin embargo, un tema sobre el cual sí creemos que existe una real crisis es en las propuestas para afrontar los problemas en educación.

La mayoría de los planteamientos al respecto se enmarcan dentro de uno de los dos ejes antagónicos. Por una parte, hay quienes sostienen que el único camino para mejorar el sistema es eliminando la subvención entregada a los establecimientos privados y focalizando todos los recursos públicos en las escuelas municipales. A nuestro parecer esta propuesta no es viable, ya que más del 40% de nuestros niños y jóvenes -muchos de ellos de familias modestas- asisten a colegios particulares subvencionados. Además, los estudios muestran que las familias valoran la posibilidad de enviar a sus hijos a colegios que ofrecen un proyecto educativo distinto, muchas veces religioso, y no sería bueno quitarles la oportunidad de elegir lo que consideran mejor para sus hijos.

Por el contrario, otros sectores plantean que la única manera de mejorar la calidad del sistema y cerrar las brechas entre los distintos grupos socioeconómicos es entregando mayor libertad de enseñanza a las escuelas, traspasando las municipales a la categoría de particulares subvencionadas, derogando el Estatuto Docente y disminuyendo el rol que actualmente asume el Estado. Tampoco esta alternativa es la más adecuada. Si bien debemos darles a las escuelas más autonomía en sus decisiones -por ejemplo, sobre el contrato y despido de docentes– ésta no es la receta mágica para mejorar los rendimientos. Si así lo fuera, los colegios particulares subvencionados, que actualmente gozan de mayor autonomía que los municipales, obtendrían resultados académicos muy superiores a los que efectivamente logran. Sin embargo, si se compara el Simce de alumnos con características sociales similares en ambos tipos de establecimientos, los resultados son pocos concluyentes.

Hasta ahora la mayoría de las propuestas realizadas se alinean hacia uno de estos dos extremos: más Estado y menos recursos públicos para la educación privada, o más mercado, libertad de enseñanza y menos Estado.

Existe un tercer camino, más viable y que conjuga de manera equilibrada lo mejor de ambos extremos. Consiste en mejorar el actual sistema -público y privado- entregando más libertad y autonomía a los colegios y las familias, pero entendiendo el derecho que tiene el Estado de exigir a los colegios subvencionados el cumplimiento de resultados y compromisos.

La experiencia internacional muestra que, para el buen funcionamiento de un sistema educativo como el chileno, es indispensable fortalecer aspectos del diseño organizacional y la fiscalización de las escuelas. En esta línea, el proyecto de ley Subvención Preferencial, enviado al Congreso hace unos meses, busca diferenciar la subvención por nivel socioeconómico, responsabilizar a los colegios por sus resultados y mejorar la calidad y acceso a la información para las familias. Pero también hay otras medidas necesarias. Como plantea el libro Hacia un sistema descentralizado sólido y fuerte (recién publicado por el ministerio de Educación), es necesario aumentar los requisitos para abrir nuevas escuelas y así frenar el aumento de colegios de mala calidad. Además, para asegurar que las escuelas compitan y se esfuercen por mejorar su desempeño, es indispensable que los padres tengan pleno acceso a las escuelas subvencionadas, con procesos de admisión transparentes y prohibiendo la selección de alumnos por razones socioeconómicas o según el estado civil de sus padres.

Este enfoque invita a abrir un debate educativo serio y responsable, sin caer en extremos, mejorar el actual sistema de mercado mediante una intervención sólida del Estado y con una comunidad demandante de mejores rendimientos y calidad. No se puede hacer lo uno sin lo otro. Ahí donde se encuentra el mayor desafío.

Artículo publicado en página de Opinión, en LaTercera 20-03-2006.
Por Gregory Elacqua, Magister en Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia. BA de la Universidad de Boston.