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Historia, Geografía y Ciencias Sociales, Orígenes del hombre

Segundo Ciclo

Los cretences

Al parecer, gran parte de la sociedad minoica tenía acceso al lujo. Su arte, refinado, reflejó su ánimo tranquilo y su adoración a divinidades mayormente femeninas.

La sociedad y la organización política de la isla de Creta giraban en torno al palacio. Este era dirigido por un rey que no se sabe si tenía un carácter divino o solo era un servidor de la divinidad, pero sí que al mismo tiempo que ejercía su poder como monarca lo hacía como jefe religioso. La monarquía era burocrática y centralista, aunque no absolutista.

Los palacios estaban organizados en diferentes secciones: pública, privada, militar, laboral, etcétera, pero establecidas en torno a un patio central. En ellos también se guardaban los alimentos y los excedentes de la producción agrícola, además de efectuarse ceremonias religiosas e impartirse justicia. Servía como residencia al rey y a los funcionarios y de taller para los artesanos, entre otras muchas finalidades.

Algunos palacios, como el de Cnosos y Festo, disponían de calles pavimentadas y, en el primero, había agua caliente repartida por tuberías y con sistemas de desagües, así como de alcantarillado. La intrincada distribución de los palacios los asemejaba a verdaderos laberintos, lo que habría dado origen a la leyenda del Minotauro.

De los reyes minoicos, cuyo símbolo era la doble hacha, el más conocido es el rey Minos, aunque su figura se confunde con la leyenda, ya que se creía que era hijo de Zeus y Europa. Se estima que gobernó tres generaciones antes de la guerra de Troya.

Además, que habría sido el creador de la constitución cretense y el principal impulsor del poderío naval de Creta. Sin embargo, los autores no se han puesto de acuerdo si Minos es el nombre del rey, de una dinastía o de algún cargo.

En la sociedad minoica la mujer tenía gran libertad, de hecho, podía participar en los juegos que se practicaban en la isla, al igual que los hombres, o en representaciones teatrales, mientras que en otras culturas del mismo período y también de influencia asiática o indoeuropea su rol era de absoluto sometimiento al hombre.

Si bien se sabe que existían sacerdotes y nobles, y que su número era grande, no se conoce mucho sobre el resto de las clases sociales que, se supone, eran variadas.

Los restos arqueológicos encontrados muestran a una sociedad que disfrutaba de la vida, donde eran frecuentes las celebraciones de carácter festivo, y que contaba con lujos que estaban vedados para otras comunidades contemporáneas de la época.

Religión feminista

La religión de Creta estaba dedicada fundamentalmente a la fecundidad y fertilidad, la cual era representada por figuras femeninas cuyas formas simbolizaban la generosidad de la tierra. La gran deidad, Potnia, proveniente de los ritos del periodo neolítico, era una diosa de la naturaleza, a la que se le vinculaban diferentes objetos y animales. La influencia oriental en la religión cretense queda de manifiesto en las figuras con cuerpo de hombre o mujer, pero con cabeza de animal, como el Minotauro o las esfinges con alas. Este culto a la gran madre de Asia Menor es representado de diversas maneras, ya sea acompañada por animales como serpientes, leones y palomas o vestida como guerrera o sobre una barca para proteger la navegación. También tenía poder sobre el mundo subterráneo o infernal.

Los ritos de la religión minoica se realizaban en santuarios naturales, fundamentalmente cuevas, grutas o cimas montañosas, donde a los dioses se les ofrendaba vino, miel o aceite de oliva. Los templos eran escasos.

Famosos son los mitos que tienen a Creta como protagonista. Es el caso de la leyenda del Minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre. Minos había recibido del dios Poseidón un magnífico toro blanco como regalo. Como el rey, admirado por la belleza del animal, se negara a matarlo en honor al dios, Poseidón hizo que la esposa de Minos, Pasifae, se enamorara perdidamente del toro. De este amor nació el Minotauro. Entonces Minos ordenó al arquitecto e inventor Dédalo que construyera un laberinto tan intrincado que fuera imposible salir de él sin ayuda. Allí fue encerrado el Minotauro.

Otra leyenda relacionada con el laberinto es la que se refiere a Dédalo, y su hijo, Ícaro, a quienes Minos encerró en ese complejo edificio. Sin embargo, Dédalo fabricó unas alas de cera para él y su hijo, luego de lo cual salieron volando del laberinto, pero Ícaro se acercó demasiado al Sol, derritiéndose la cera de sus alas, y cayó al mar, ahogándose.

Arte minoico

Las principales muestras del arte de la isla de Creta se encuentran en los palacios. La pintura es esencialmente decorativa y las formas son muy estilizadas y con colores que, generalmente, no corresponden a la realidad. Los frescos presentan influencia egipcia por sus dibujos donde no existe perspectiva. Los temas habituales son la fauna marina (por ejemplo, los delfines) y el ambiente cortesano, junto con las escenas de tauromaquia. Los pintores minoicos también se destacaron por los relieves policromos.

La cerámica fue otro tipo de arte en que los cretenses se distinguieron al fabricar piezas muy finas e inventar nuevas formas, como los ritones o vasos de libación (en honor a los dioses) y las cráteras (vasijas antiguas).

Asimismo, ensayaron una clase de decoración especial, particularmente en los jarrones de Camares, donde el color se asoció a la figura de pulpos, que dan la sensación de un movimiento continuo.

Los artesanos minoicos también practicaron la orfebrería, elaborando hermosas joyas y otros objetos similares, aprovechando el gran conocimiento que poseían de la técnica de la metalurgia.

Un rasgo particular del arte cretense en general, es la ausencia de motivos bélicos en sus obras, lo que reafirma la tesis de que era un pueblo pacífico.

Creta

La civilización cretense dominó las vías marítimas, controlando todo el comercio del Mediterráneo. Famosas fueron sus ciudades de Cnosos y Faistos, con sus grandes palacios, pinturas y cerámica. También conocieron la escritura.

Sin defensas

Los palacios y todas las construcciones de los habitantes de la isla de Creta carecían completamente de murallas defensivas y no estaban fortificadas, siendo esto una excepción entre las culturas de la época.

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