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Jesús o Jesucristo

Jesús de Nazaret fue un predicador judío que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea y fue crucificado en Jerusalén en torno al año 30.

Lo que se conoce de Jesús depende casi absolutamente de la tradición cristiana, especialmente de la utilizada para la composición de los evangelios, redactados, según opinión mayoritaria, unos 30 ó 40 años, como mínimo, después de su muerte.

La mayoría de los estudiosos considera que mediante el estudio de los evangelios es posible reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse. Existe una minoría que niega la existencia histórica de Jesús de Nazaret.

Nacimiento e infancia

Los relatos referentes al nacimiento e infancia de Jesús proceden exclusivamente de los evangelios de Mateo y de Lucas, si bien presentan diferencias entre sí. No hay relatos de este tipo en los evangelios de Marcos y Juan.

Jesús nació en una familia pobre de Nazaret, hijo de José y de María. Aunque la civilización cristiana ha impuesto la cuenta de los años a partir del supuesto momento de su nacimiento (con el que daría comienzo el año primero de nuestra era), se sabe que en realidad nació un poco antes, pues fue en tiempos del rey Herodes, que murió en el año 4 a.C.

Según Mateo, María y su esposo, José, viven (según parece, pues no se relata ningún viaje) en Belén. María queda inesperadamente embarazada y José resuelve repudiarla, pero un ángel le anuncia en sueños que el embarazo de María es obra del Espíritu Santo y profetiza, con palabras del profeta Isaías, que su hijo será el Mesías que esperan los judíos.

Unos magos de Oriente llegan a Jerusalén preguntando por el “rey de los judíos que acaba de nacer” con la intención de adorarlo, lo que alerta al rey de Judea, Herodes el Grande, que decide acabar con el posible rival. Los magos, guiados por una estrella, llegan a Belén y adoran al niño. De nuevo, el ángel visita a José y le advierte de la inminente persecución de Herodes, por lo que la familia huye a Egipto y permanece allí hasta la muerte del monarca.

En el evangelio de Lucas, María y José viven en la ciudad galilea de Nazaret. La historia de la concepción de Jesús se entrelaza aquí con la de Juan el Bautista -ya que en este evangelio María e Isabel, madre del Bautista, son parientes- y el nacimiento de Jesús es notificado a María por el ángel Gabriel (lo que se conoce como Anunciación).

El emperador Augusto ordena un censo en el cual cada uno debe empadronarse en su lugar de nacimiento y José debe viajar a Belén, por ser originario de este lugar. Jesús nace en Belén mientras se encuentran de viaje y es adorado por pastores. Lucas añade además breves relatos sobre la circuncisión de Jesús, sobre su presentación en el Templo y una anécdota que le ocurrió en un viaje a Jerusalén con motivo de la Pascua, cuando tenía doce años.

En los evangelios de Mateo y de Lucas aparecen genealogías de Jesús. La de Mateo se remonta al patriarca Abraham, y la de Lucas a Adán, el primer hombre según el Génesis. Estas dos genealogías son idénticas entre Abrahán y David, pero difieren a partir de este último, ya que la de Mateo hace a Jesús descendiente de Salomón, mientras que, según Lucas, su linaje procedería de Natam, otro de los hijos de David. En ambos casos, lo que se muestra es la ascendencia de José, a pesar de que, según los relatos de la infancia, éste solo habría sido el padre putativo de Jesús.

Bautismo y tentaciones

Su llegada fue profetizada por Juan el Bautista (su primo), quien lo bautizó en el río Jordán y, durante el mismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, descendió sobre Él, y se escuchó la voz de Dios.

Según los sinópticos, el Espíritu condujo a Jesús al desierto, donde ayunó durante 40 días y superó las tentaciones a las que fue sometido por el demonio. Después marchó a Galilea, se estableció en Cafarnaún, y comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios.

Vida pública

Acompañado por sus seguidores, recorrió Galilea y Judea predicando el evangelio y realizando milagros. El orden de los hechos y dichos varía según los relatos.
Tampoco se indica cuánto tiempo duró su vida pública, aunque San Juan menciona que celebró la fiesta anual de la Pascua judía (Pésaj) en Jerusalén en 3 ocasiones. Los sinópticos se refieren sólo a una fiesta de Pascua, durante la cual fue crucificado.

Gran parte de los hechos tiene como escenario a Galilea, en las cercanías del mar de Tiberíades, o lago de Genesaret, especialmente en Cafarnaúm, pero también otras, como Corozaín o Betsaida.

También visitó Caná o Naín, y la aldea en que se crió, Nazaret. Su predica se extendió a Judea, Jericó y Betania.

Escogió a sus principales seguidores -Apóstoles, en griego: “enviados”- en número de 12, del pueblo de Galilea.

Predicó en sinagogas y al aire libre, y las muchedumbres se congregaban para escucharlo. Entre sus discursos, destaca el Sermón de la Montaña.

Utilizó a menudo parábolas para explicar a sus seguidores el Reino de Dios y, entre las más conocidas están: la del sembrador, del grano de mostaza, de la cizaña, de la oveja perdida, entre otras, en las que utiliza imágenes de la vida campesina.

Mantuvo controversias con miembros de las sectas religiosas del Judaísmo, especialmente con los fariseos, a quienes acusó de hipocresía y de no cuidar lo más importante de la Torá: la justicia, la compasión y la lealtad.

Transfiguración

Los evangelios sinópticos relatan que subió a un monte a orar con algunos de los apóstoles y, mientras oraba, se transformó el aspecto de su rostro, y su vestido se volvió blanco y resplandeciente. Aparecieron -junto a Él- Moisés y Elías.

Los apóstoles dormían mientras tanto, pero, al despertar, Pedro sugirió que hicieran 3 tiendas para cada uno. Entonces apareció una nube y se oyó una voz celestial que dijo: Éste es mi Hijo elegido, escuchadle.

Sea como fuere, lo cierto es que su aparecimiento marcó un antes y un después en la historia de la humanidad.

Pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo

Si quieres saber más sobre la pasión, muerte y Resurrección de Jesucristo, revisa los artículos sobre la Semana Santa (Ver artículo completo).

La condición política de Jesús

Jesús fue acusado ante la autoridad romana de promover una revuelta política. Mientras deliberaba, el procurador Pilato recibió presiones para que lo condenase a muerte por ese motivo: “¡Si sueltas a ése no eres amigo del César! ¡Todo el que se hace rey va contra el César!”.

Por eso, en el titulus crucis donde se indicaba el motivo de la condena estaba escrito: “Jesús Nazareno, rey de los judíos”. Sus acusadores tomaron como pretexto la predicación que Jesús había realizado acerca del Reino de Dios, un reino de justicia, amor y paz, para presentarlo como un adversario político que podría acabar planteando problemas a Roma.

Pero Jesús no participó directamente en la política ni tomó partido por ninguno de los bandos o tendencias en los que se alineaban las opiniones y la acción política de las gentes que entonces vivían en Galilea o Judea. Esto no quiere decir que Jesús se desentendiera de las cuestiones relevantes en la vida social de su tiempo. De hecho su atención hacia los enfermos, los pobres y los necesitados no pasaron inadvertidos. Predicó la justicia y, por encima de todo, el amor al prójimo sin distinciones.