Francisco de la Lastra y Sotta
Su prestigio contribuyó a su nombramiento como Director Supremo a inicios de 1814. La suerte de la guerra era adversa y por momentos parecía perderse. A cargo del gobierno, inició las negociaciones con las tropas realistas comandadas por Gabino Gaínza y que condujeron a la firma del Tratado de Lircay.
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